El patrón de cooperación es diferente en hombres y mujeres tras mirarse a los ojos

Durante la celebración del mercado internacional de las artes escénicas FiraTàrrega 2017, investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) (Catalunya, España) analizaron, mediante el juego del prisionero (un problema clásico de teoría de juegos), la disposición para cooperar de 374 personas emparejadas al azar. Los resultados, publicados ahora en la revista Scientific Reports, muestran que cada género mantiene un patrón de cooperación diferente después de mantener contacto visual.

El artículo, publicado en la revista Scientific Reports, demuestra que cada género mantiene un patrón de cooperación distinto después de mantener contacto visual. (Foto: UB)

FiraTàrrega 2017 fue una acción artística y de ciencia ciudadana singular que implicaba el despliegue, durante cuarenta horas en la plaza Mayor de Tàrrega (Lleida), de un dispositivo basado en la participación comunitaria. De hecho, la iniciativa forma parte del proyecto urGenTestimar de la artista Ada Vilaró y del físico Josep Perelló, investigador del Instituto de Sistemas Complejos de la UB y jefe del Grupo de Investigación OpenSystems, centrado en la ciencia ciudadana.

El objetivo del estudio era medir la disposición a la cooperación de tantas personas como fuera posible, emparejadas al azar para participar en el juego del dilema del prisionero. Este es un juego paradigmático obliga a decidir entre cooperar o traicionar la confianza de la pareja con la que se interactúa.

La acción en FiraTàrrega 2017 buscaba resaltar la importancia de la presencia y de la necesidad de establecer relaciones en el espacio público.Por esta razón se propusieron dos modalidades diferentes del dilema: en la primera, los participantes se miraban a los ojos durante treinta segundos antes de decidir si cooperar o no; en la segunda, se invitaba a resolver el dilema sin haber mantenido ningún contacto previo, ni visual ni auditivo, con la otra persona y, por tanto, sin conocerla lo más mínimo.

Antes de jugar, se preguntaba a los participantes si se identificaban como hombres, mujeres o género no binario, información que fue el punto de partida del estudio. Del total de los 374 participantes, 290 jugaron después de mirarse previamente a los ojos.

El hecho de mirarse a los ojos afecta a los patrones de cooperación de hombres y mujeres de diferente manera, y se observa también que la identidad de género de la persona con quien nos relacionamos es un factor relevante en dichas diferencias. Por regla general, las mujeres muestran confianza en la actitud cooperativa de la otra persona, un siete por ciento más que los hombres.

Por otro lado, los hombres son más impulsivos en sus acciones y destinan menos tiempo a tomar la decisión de traicionar al compañero que las mujeres. Si su pareja de juego es otro hombre, el contacto visual influye negativamente en su cooperación, un 11 por ciento inferior a la del caso sin interacción visual previa y, por lo tanto, sin haber conocido previamente el género de la pareja. Asimismo, la confianza de los hombres en que su compañero también hombre coopere es un 20 por ciento inferior a la confianza que muestran las mujeres ante los hombres.

Se observan también diferencias entre hombres y mujeres respecto a la capacidad de acertar que hará la pareja de juego. En efecto, las mujeres demuestran mayor capacidad de inferir las intenciones de los compañeros de juego, especialmente cuando interaccionan con hombres (llegando hasta un 91 por ciento de acierto). Este resultado contrasta con el caso de los hombres que interactúan con otros hombres, donde el acierto es solo del 68 por ciento.

«Los resultados sugieren que, en entornos sociales efímeros, las señales no verbales influyen en mujeres y hombres de forma muy diferente», apunta Perelló, » y las conclusiones invitan a tener muy en cuenta no solo nuestra propia identidad de género sino también la identidad de género de las personas con las que nos relacionamos cuando queremos aumentar y promover las condiciones de equidad y respeto en el espacio público.

«Para hacerlo –añade–, hay que poner especial atención en el papel de las mujeres, dado su comportamiento prosocial: con unos altos niveles de cooperación, confianza y capacidad de acertar la decisión de la otra persona».

El despliegue de urGenTestimar fue una experiencia compartida e integrada por diferentes rituales: observar, comer, dormir, caminar, correr… Se invitaba a los ciudadanos a detener la actividad cotidiana y poner en práctica diversos momentos de comunión que les permitían establecer relaciones entre ellos. Un proceso de transformación compartida de la gente, del espacio y del tiempo.

La investigación científica se dio a conocer antes, durante y después de la acción inaugural de FiraTàrrega, mediante tres acciones: el trabajo previo con asociaciones y colectivos de Tàrrega, el lanzamiento de un grupo de conversación a través de un bot en Telegram y la experiencia relacional en la propia plaza durante 40 horas.

La intervención en la plaza Mayor de Tàrrega incluía varias estaciones experimentales, en cada una de las cuales había dos tabletas interconectadas y separadas por una pared móvil. Después de leer las instrucciones del juego y responder a un breve cuestionario sociodemográfico, los participantes eran emplazados a jugar al dilema del prisionero.

Este marco experimental contrasta con la aproximación estándar para el estudio del comportamiento humano a través de dilemas sociales. Dentro del ámbito de las ciencias sociales, los espacios experimentales habituales son laboratorios controlados o bien, ya más recientemente, plataformas en línea que aspiran a neutralizar la influencia del entorno.

Tal y como apunta Julian Vicens, coautor del artículo, «la plataforma digital desarrollada por el grupo OpenSystems de la Universidad de Barcelona permitió recoger una cantidad importante de datos en un espacio natural de relación y fuera del laboratorio».

«FiraTàrrega ha resultado, por tanto, el entorno idóneo para mostrar que es justamente en estos contextos masivos donde los aspectos de género merecen una atención especial. La combinación de las artes de calle y de una ciencia ciudadana centrada en temáticas sociales puede ofrecer una experiencia compartida y una reflexión colectiva a las personas participantes que permita finalmente proporcionar resultados científicos inéditos en materia de comportamiento humano válidos e interesantes para todos», concluye Anna Cigarini, la tercera autora del artículo.

En teoría del juego, el dilema del prisionero es un juego en el que dos participantes pueden cooperar o traicionarse, aunque cada jugador tiene mayor incentivo a traicionar que a cooperar. Como los participantes no saben con quién están interactuando, ni pueden hablar entre ellos, el análisis de sus acciones en el juego permite cuantificar su comportamiento cooperativo, su adhesión a normas sociales de cooperación, justicia y equidad, y sus expectativas frente al comportamiento de la pareja.

En este caso, recuerda Cigarini, «hemos querido estudiar el efecto de la comunicación no verbal, es decir, el contacto visual, en las expectativas y los patrones de interacción entre mujeres y hombres para entender mejor sus conductas y expectativas de comportamiento cuando interactúan en entornos sociales efímeros».

Fuente: UB.-