Como continuidad del ciclo de Socialización de saberes de la Cámara de Diputados, en el marco del debate de la Ley de Agroquímicos, este lunes expusieron el ingeniero químico Marcos Tomasoni y el biólogo y comunicador Sergio Federoviski. El primero aseguró que es imposible controlar la deriva de las fumigaciones mediante las llamadas buenas prácticas agrícolas, explicando las diferentes variables, ambientales y tecnológicas que intervienen en el movimiento de las moléculas. Por su parte, Federoviski contó su experiencia en la campaña Mala Sangre, que le encontró glifosato en su orina pese a que, afirmó, vive “como mínimo a 150 kilómetros del campo más de soja más próximo” y sostuvo la necesidad de “medidas políticas y legislativas que propendan a otro modelo de producción de alimentos”, registró AIM.

Este lunes se realizó la segunda jornada de disertaciones y debates organizada por la Cámara de Diputados en torno al modelo de producción de alimentos ante la encrucijada que plantean las consecuencias sanitarias y ambientales del uso de agroquímicos.

El ingeniero químico cordobés Marcos Tomasoni, analizó el movimiento de los agroquímicos en el aire en el marco para llegar a responder a la pregunta sobre cuántos metros serían los adecuados para establecer distancias mínimas de fumigación.

Tras explicar que se considera deriva a la salida del producto del lugar de donde se fumigó y que si una molécula sale de esa parcela se está frente a la deriva, advirtió que desde los sectores interesados en el negocio propusieron “una idea rara de que ciertos agroquímicos llegan al suelo y se desactivan” y sostuvo que “en realidad eso en el suelo no pasa nunca”.

El químico brindó una extensa, compleja y detallada explicación técnica pero se detuvo especialmente en la denominada deriva secundaria, que sería aquella que se produce por factores ambientales y sus variaciones en el tiempo (temperatura, humedad, vientos, presión atmosférica) sobre los que el aplicador no puede incidir.

“La deriva secundaria es lo que pasa cuando se va el aplicador. Terminó de  aplicar, se fue, cambió el viento o aplicó bien de madrugada, se fue, levantó el sol, hubo un día de mucha radiación, bajó la humedad relativa ambiente y toda esa aplicación vuelve a fase gaseosa o, lo que es peor, lo que más va a fase gaseosa es el agroquímico, no tanto los coadyuvantes, sulfatantes o el agua. Toda esa nube gaseosa queda sobrenadando en la parcela, esperando que un viento la arrastre”, graficó.

El profesional, que fue testigo técnico del Juicio del barrio Ituzaingó, en la ciudad de Córdoba, dijo que “la deriva secundaria puede tener un efecto mucho más nocivo que la primaria, porque no se sabe cuánto se volatilizó y, segundo, el movimiento con una mínima brisa lleva lo que yo apliqué en mi parcela a 10 kilómetros en un ratito. No lo puedo controlar yo, no depende de nosotros, de las buenas prácticas agrícolas, que no nos van a librar de esto”.

 

De Paraná a Australia en dos semanas

Cerrando su exposición, dejó en claro que hasta un año después de la fumigación puede iniciarse la deriva terciaria, porque las moléculas “quedan adheridas al suelo, pegadas a la planta o al rastrojo y en función de muchas variables en un momento dado se despegan y pasan al aire, suben con el movimiento de las capas verticales de la atmósfera y pueden llegar de Paraná a Australia en dos semanas según estudios de un especialista en ciencias de la atmósfera de Estados Unidos”.

Por otro lado, señaló que en Estados Unidos se encontraron agroquímicos en el polvillo de las aspiradoras de casas a 800 metros de campos fumigados y en techos de viviendas a 3.000 metros. Análisis en pingüinos de la Antártida también han detectado presencia de glifosato.

 

Distancias atenuantes

A partir de su experiencia de trabajo, Tomasoni señaló que “siempre la propuesta ronda en empezar a diseñar nuestros pueblos nuevamente, a legislar y pensar distancias y acercarnos por lo menos a una barrera de prohibición de 5.000 metros para que estas posibilidades de deriva primaria y secundaria no lleguen a tocar a nuestros hijos y, en el medio, todas las actividades de las producciones alternativas que las hay infinitas y que son por demás prometedoras”.

 

Fedoroviski: “Argentina tiene que apuntar a un modelo sustentable de producción de alimentos”

El biólogo y comunicador, Sergio Federoviski, arrancó con algunas conclusiones a partir de su experiencia personal, por haber detectado glifosato en su orina, pero también desde su labor profesional de biólogo y comunicador.

“En mi orina apareció glifosato como mínimo a 150 kilómetros del campo más de soja más próximo”, alertó y consideró que “lo que está en juego cuando se pone en juego la salud de las personas y el ambiente son las políticas públicas”.

En ese sentido, consideró que el hecho de que en 10 años se haya multiplicado por 10 el volumen de agroquímicos sobre el 70 por ciento de la superficie cultivable de la Argentina “muestra que el modelo es insustentable” (porque) “es un modelo cuyo combustible es el agrotóxico, funciona cuanto más agrotóxico se le agregue”.

“Cuando vamos de prohibición en prohibición lo único que hacemos es correr detrás de quienes inventan las moléculas. Está claro de que cualquiera va a poder contradecir cualquier modelo que impida el uso de agroquímicos. Yo no hablo de prohibir, sino de que cualquier medida legislativa y política que se adopte tiene que propender a un modelo de producción de alimento del que hoy impera, que no es precisamente un modelo deseable, porque es insustentable, porque atenta contra la salud pública, porque expulsa a la gente del campo y porque como dijo el ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica, a la naturaleza nunca se le ocurrió hacer un bosque de una sola especie por lo tanto no debe ser recomendable”, dijo el biólogo.

En cuanto a los debates políticos opinó que cuando se legisla “a veces se corre el riesgo de quedarse en la letra chica, porque por supuesto tiene que tener especificidades” pero sostuvo que “lo que determina la buena dirección no es el detalle sino el horizonte hacia el que apunta y el horizonte al cual tiene que apuntar la Argentina en su conjunto en producción de alimentos es hacia un modelo sustentable, diversificado y que crecientemente use menor cantidad de agroquímicos, por lo tanto cualquier que vaya en esa dirección es bienvenida y cualquier normativa que simplemente establezxca cada vez prohibiciones mayores lo único que va a hacer es postergar la discusión sobre el modelo de producción que necesita la Argentina y, creo yo, no es el que está vigente”.