Fin del juego

De tanto en tanto, los gobernantes de los Estados  Unidos advierten  que  no podrán pagar sueldos militares si el congreso no permite subir el «techo» de la deuda, vale decir, si no puede seguir endeudándose como hasta ahora.

El Fondo Monetario Internacional, que tan científico, circunspecto, frío y analítico se muestra en el tercer mundo, se ve algo desorientado y confuso ante la crisis metropolitana.

La deuda creció en los Estados  Unidos porque desde el repudio de los acuerdos de Bretton Woods, la  jubilación del patrón oro y  la  creación del petrodólar en 1972,    el país vio que podía seguir emitiendo dólares a costa del resto del mundo, porque seguían demandados y sostenían su valor,  pero  el   juego parece estar por terminar.

Sería curioso el espectáculo de una enorme maquinaria militar,  presentada como invencible en miles de películas de Hollywood, abandonada como chatarra por falta de pago.

Sería el final menos glorioso para  para máquinas  de destrucción que debían ser la custodia de un imperio que se arrogaba la misión de llevar la libertad al resto del mundo  y darle lecciones de humanidad y  civilización.

La crisis muestra su aspecto menos grato dentro del propio país con la proliferación de pobres, gente sin techo que vive en  sus autos  -lo que queda de su antiguo bienestar-   en estacionamientos gratuitos, cocinando  e higienizándose como pueden, o en carpas en las calles, lidiando con los excrementos  y en peligro de contraer enfermedades infecciosas que se creían confinadas a un pasado remoto.

Los ciudadanos  norteamericanos de clase media que pagan sus impuestos, han sido adoctrinados en la idea de su dinero «ayuda» a mantener haraganes en el extranjero, y no entiende que haya techos para la deuda de su país.

Ese techo parece elevarse a voluntad de los políticos. Cada vez que  levantan los brazos el «techo» sube según su voluntad. Pero si alguna vez los levantan y el techo no se mueve, habrá llegado el momento de la verdad.

De la periferia al centro

El Fondo Monetario Internacional, que tan científico, circunspecto, frío y analítico se muestra en el tercer mundo, se ve algo desorientado y confuso ante la crisis metropolitana, sobre todo desde que la pitanza de sus directivos y gerentes depende de la economía norteamericana.

Ellos mismos produjeron gravísimos «shocks» en los países del Tercer Mundo, como el que enfrenta ahora la Argentina,  pero eran cuestiones de la periferia que no debían afectar al centro como parece ser el caso ahora.

El Fondo enrostraba al exceso de endeudamiento, que él mismo había favorecido antes, los problemas que enfrentaban las republiquetas del mundo. Ahora su lenguaje es este otro: «El techo de la deuda federal (el grado de endeudamiento) debería aumentarse rápidamente para evitar un grave impacto en la economía estadounidense y los mercados mundiales».

Los que jugaban con la calificación de la deuda argentina, griega, turca, rusa, mexicana, brasileña o de donde sea, advierten ahora que «una potencial rebaja de la calificación de la deuda estadounidense sería muy negativa tanto dentro como fuera del país». «Hay mucha incertidumbre. Nadie sabe realmente cuáles serían las verdaderas consecuencias», sobre todo para los propios directivos del Fondo, que están contratados para prever las consecuencias.

De la Redacción de AIM.