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Estudio demuestra la brutal contaminación del fracking

La práctica de la fractura hidráulica, que consiste en inyectar un fluido, compuesto principalmente por agua, a alta presión para abrir fisuras y que escape el gas o el petróleo del subsuelo, deja un peligroso rastro de químicos

El fracking es una tecnología de perforación probada que se utiliza para extraer petróleo, gas natural, energía geotérmica o agua de las profundidades subterráneas. El proceso tarda de tres a cinco días, en promedio, en completarse de principio a fin y comienza mediante la inyección de agua tratada en el subsuelo que porta varios aditivos no revelados públicamente que ayudan en este proceso de perforación. Una vez finalizada la operación de fracturamiento, el pozo se considera "completado" y listo para producir de manera segura petróleo o gas natural durante los siguientes años.

Firmas químicas que indican contaminación del agua

Sin embargo, un equipo de científicos del Laboratorio Nina McClelland de Química del Agua y Análisis Ambiental de Utoledo (EE.UU.), en colaboración con la Universidad de Texas Arlington, han conseguido una caracterización integral de la composición química de las muestras de agua de zona de fracking en Texas, indicando la presencia de contaminantes tóxicos y cancerígenos en muestras no tratadas que pueden representar una amenaza para la vida silvestre y la salud humana.

Para ello, los químicos utilizaron un enfoque desarrollado por el equipo de investigación de Gionfriddo en 2020 para extraer solubles orgánicos de ocho muestras de agua producidas en la formación Permian Basin y Eagle Ford en Texas, Estados Unidos.

Compuestos peligrosos

Su análisis reveló un total de 266 compuestos orgánicos disueltos diferentes, incluido un pesticida llamado atrazina (un herbicida artificial ampliamente utilizado); 1,4-dioxano, un compuesto orgánico que irrita los ojos y las vías respiratorias (y es completamente miscible es normales se trata de un líquido volátil e incoloro. Es completamente miscible con agua, etanol y éter, es decir, que es indistinguible en la disolución); piridina, una sustancia química incolora y de olor desagradable que puede dañar el hígado; e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), un grupo de más de 100 sustancias químicas distintas que se han relacionado con cánceres de piel, pulmón, vejiga, hígado y estómago.

"El descubrimiento de estos químicos en el agua sugiere que se necesitan mayores esfuerzos de monitoreo, ya que muchos de ellos están catalogados como peligrosos para la salud humana por la Organización Mundial de la Salud", aclara Emanuela Gionfriddo, profesora asistente de química analítica en la Departamento de Química y Bioquímica de la Universidad de Toledo y coautora del estudio. "Nuestra caracterización integral arroja información sobre los procesos que tienen lugar durante la fracturación hidráulica y la naturaleza de la formación geológica de cada pozo".

“La cantidad de productos químicos en el fluido de fracking suele ser muy pequeña, 1 por ciento o menos del fluido, pero algunos de estos químicos pueden ser tan tóxicos que incluso cantidades muy pequeñas podrían hacer enfermar a las personas si estuvieran expuestas”, expone también Dusty Horwitt, autor de "Fracking con 'Forever Chemicals' en Colorado".

Por si esto fuera poco, los investigadores confirmaron, asimismo, la presencia de 29 elementos, incluidos elementos de tierras raras, selenio y metales peligrosos como cromo, cadmio, plomo y uranio en las mismas muestras, gracias al empleo de un nuevo polímero desarrollado en 2021 en la misma universidad estadounidense.

"Encontramos una manera de usar instrumentación más accesible en el análisis de muestras tan complejas en comparación con flujos de trabajo más costosos que involucran espectrometría de masas de alta resolución", dice Jon Kirchhoff, profesor universitario distinguido y presidente del Departamento de Química y Bioquímica de UToledo.

Una gran preocupación

La Agencia de Protección Ambiental ha recomendado que los niveles de Pfas (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) en el agua potable no excedan las 70 partes por billón, pero existen pocas restricciones en su uso.

Los expertos, que publican sus resultados en la revista Environmental Science and Technology, ofrecen, en esta investigación, datos críticos que pueden ayudar a las agencias reguladoras a ajustar las pautas propuestas relacionadas con el tratamiento y la eliminación de las aguas residuales del fracking para proteger las fuentes de agua potable, así como un refuerzo de la recomendación de muchos expertos de que los legisladores deben tomar medidas para prohibir el fracking y exigir una mayor transparencia de la industria del petróleo y el gas.

Fuente: El Confidencial (España)

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