La Rosa Roja, Águila de la revolución

Rosa Luxemburgo, la Rosa Roja, «el Águila de la Revolución» según Lenin, murió asesinada en Berlín junto a Carlos Liebknecht el 15 de enero de 1919, hace 101 años. Su partido, el Espartaquista, había participado de un golpe que fracasó,  en que ella no confiaba por insuficiencia de las condiciones políticas.

Rosa concibió al socialismo como  una pasión  que todo arrollaba.

El asesinato fue perpetrado  por un grupo de los Freikorps alemanes al mando del oficial Waldmar Pabst, que todavía respondían al gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert, que entonces gobernaba el país que se conoció como la República de Weimar.

Rosa  no era  nacionalista; pero por haber nacido en Polonia,   un país que en ese momento era vasallo de Rusia, entendía el significado histórico de las injusticias imperiales.

Rosa era pequeña de estatura;  pero su figura se agigantaba porque su tamaño era intelectual y moral más que físico. Había nacido en una familia judía  y cuando fue detenida con Liebknecht tras el fracaso de la revolución los Freikorps se lo hicieron notar.

El antisemitismo era endémico en la vida cotidiana, y lo sintió a diario como niña de colegio en la actitud de sus compañeros de clase.

Para cuando la familia se mudó a Varsovia, Rosa tenía 15 años y ya estaba involucrada en actividades clandestinas.

Una pasión  arrolladora

Rosa concibió al socialismo como  una pasión  que todo arrollaba; una pasión del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear.

Con solo 18 años, Rosa tuvo que huir a Suiza, donde conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches.

Jogiches, también conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, se convirtió en uno de los grandes amores e influencias de su vida, como se evidencia en esta carta que le digirió desde Ginebra: «Dyodyo, mi dorado, acabo de recibir tu carta y la tarjeta. ¡Dos días más de espera!

«Hoy ha estado gris desde la mañana,  pero ni una gota de lluvia. El lago brilla con una superficie lisa del color del acero. Me gusta tanto el clima tranquilo y melancólico como éste; lo único malo es que me invita a soñar, no a trabajar. «¡Oh, Dyodyo, apúrate!». Esta es parte de una de las casi 1000 cartas dirigidas a   Leo Jogiches desde 1893.

Sin embargo, hubo desavenencias y se separó de Jogiches en 1907 En Berlín, donde se radicó desde  1898,  se casó con el hijo de una amiga.

En 1906 escribió  desde Varsovia al teórico marxista Karl Kautsky y su esposa Lulu sobre el efecto que habían tenido los levantamientos rusos del año anterior que precedieron  la revolución  de 1917.

Dudas confirmadas

Celebró que en agosto de 1914 los socialdemócratas alemanes ganaran más escaños en el Parlamento que nunca, a pesar de que siempre le inquietó ese deseo que tenían de ser parte del sistema político, señala uno de sus biógrafos.

Pero cuando el partido socialdemócrata, que ya no tenía su simpatía,  votó el presupuesto para municiones de guerra ese mismo mes, quedó devastada.

Su  amiga Clara Zedkin, dice en una de sus cartas que ambas contemplaron la posibilidad de suicidarse ante lo que era a  ojos vistas una traición socialdemócrata a a las ideas revolucionarias.

Pero después de abandonar las ideas suicidas, ambas amigas hicieron campaña contra la guerra imperialista, que tenían por inevitable.

Junto con Carlos Liebknecht fundaron en  1916 la  Liga de los Espartaquistas, que fue el germen del  Partido Comunista Alemán.

Libertad para el gobierno

Después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, Luxemburg reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y la supresión de los partidos rivales.

«La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es libertad en absoluto».

Del 5 al 12 de enero de 1919, hubo en Berlín  una huelga general, el  levantamiento Espartaquista,  con la que los tres soñaban repetir la experiencia rusa tomando el gobierno.

Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al gobierno. Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar.

El fin

El presidente socialdemócrata Ebert respondió ordenando a los Freikorps,  una  banda  de irregulares armados que anticipaban la conducta de los nazis,   que aplastaran la rebelión. El propio Pabst reconoció la orden del ministro Gustav Noske, que necesitaba el visto bueno de Ebert.

Uno de los paramilitares, en el hotel Edén de Berlín, le rompió al cráneo con la culata del fusil y luego, manando sangre, la introdujo en un auto donde fue asesinada de un balazo en la sien y el cuerpo tirado al canal Landwehr de  Berlín. Allí apareció cuatro meses después.

Semanas más tarde, mientras investigaba la muerte de Rosa Luxemburgo, la mujer a la que había amado, Leo Jogiches fue asesinado en Berlín.

El cuerpo de  Rosa fue reconocido gracias a sus guantes y lo que quedaba de su vestido, aunque  todavía no es seguro que fueran sus restos. Noventa años después apareció un torso sin cabeza ni miembros, con las deformaciones de la cadera que explican el andar de Rosa. Es posible que la autopsia realizada en 1919 fuera practicada en otro cadáver o q que los forenses, presionados por el gobierno socialdemócrata, se sacaran de encima el problema entregando rápidamente el cuerpo para  que sea enterrado.

Según el historiador  Isaac Deutscher, el asesinato de Rosa fue el último triunfo de la dinastía alemana de los Hohenzollern y el primero del nacionalsocialismo.

De la Redacción de AIM.