Los robots se independizan

Algunos analistas de la sociedad actual, como el ex espía soviético Daniel Estulin, ubicado por sus adversarios entre los «conspiranoicos», advierten que en el mundo que viene no habrá lugar sino para una ínfima minoría de la humanidad actual.

La fuerza laboral humana será reemplazada por robots creados por la inteligencia artificial, que ya está operando entre nosotros.

Funda esa opinión en que la fuerza laboral ya no será necesaria, reemplazada por robots creados por la inteligencia artificial, que ya está operando entre nosotros.

Desde otro ámbito, el de la tecnología de avanzada, el  cosmólogo sueco Max Tegmark alertó también sobre los riesgos de los avances en inteligencia artificial, aunque admitió que cabe esperar cambios positivos.

Para él, la inteligencia artificial está todavía en su inicio; pero en el futuro superará a sus creadores, los humanos, en todas las actividades cognitivas.

La guerra y la paz

Tegmark supone que la inteligencia artificial podría erradicar las guerras, las enfermedades y la pobreza; pero también crear máquinas asesinas y autónomas que elegirían sus propios objetivos e  incrementarían el desempleo hasta niveles inimaginables y, por lo tanto, aumentarían la pobreza y generarían más guerras y caos. En este punto el científico coincide con Estulin, el ex espía «conspiranoico» autor hace décadas de un libro que desenmascaró al club Bilderberg.

Para Tegmark lo más probable es que el escenario sea el de pobreza, guerra y caos, a menos de que sea posible frenar los riesgos.

La inteligencia artificial ya existe y está presente en los actos diarios de gran parte de la humanidad;   evoluciona aceleradamente y hay  alarma sobre las consecuencias de su uso.

Los débiles se fortalecen

La inteligencia artificial actual se llama «débil» porque está aplicada a tares específicas, como reconocimiento facial, búsquedas en internet o conducir un automóvil.

Los investigadores saben que pueden desarrollar la inteligencia artificial «fuerte», capaz de superar las capacidades humanas en todos los terrenos.

El matemático inglés Irvin John Good, muerto en 2009, trabajó con Alan Turing durante la guerra descifrando la criptografía alemana. En ‘La lógica del hombre y la máquina’, Good advirtió: “Deje que una máquina ultrainteligente se defina como una máquina que puede superar con creces todas las actividades intelectuales de cualquier hombre, por inteligente que sea. Dado que el diseño de máquinas es una de estas actividades intelectuales, una máquina ultrainteligente podría diseñar máquinas aún mejores; indudablemente habría una ‘explosión de inteligencia’, y la inteligencia del hombre quedaría muy atrás. Así, la primera máquina ultrainteligente es el último invento que el hombre necesita hacer”.

Gente sobrante

Después de eso, la enorme mayoría de la humanidad sobraría y el hombre debería buscar en qué es mejor que las máquinas que supo crear como aprendiz de brujo.

Los investigadores no creen que una máquina superinteligente desarrolle emociones humanas ni se vuelva intencionalmente malévola ni benévola. Pero la máquina puede ser programada como arma para devastar e incluso si debe hacer algo beneficioso puede usar médodos destructivos para lograrlo.

En 2014, cuatro científicos notables del momento, entre ellos el recientemente fallecido  Stephen Hawkins, advirtieron en una carta abierta que «aunque estamos enfrentando potencialmente lo mejor o lo peor que le ha pasado a la humanidad, se dedica poca investigación seria a estos temas”. «Incorrecto» fue la respuesta que dieron a la pregunta retórica de si frente a posibles futuros beneficios y riesgos incalculables, los expertos están haciendo todo lo posible para garantizar el mejor resultado.

¿Un político superinteligente?

Otros científicos invitan a pensar qué uso daría a la máquina ultrainteligente un político que por su  naturaleza tiende a acumular poder hasta, si puede, convertirse en dictador. En otra carta inquietante para sus destinatarios señalan «Hemos aprendido con la historia las cosas horribles que pasan si la gente se rehúsa a las órdenes de ese tipo de gente, entonces imagínese si los seguidores son máquinas que son completamente obedientes…».

El criado respondón

Justamente el punto es la presunta obediencia completa de las máquinas, que por lo pronto no parecen encuadrarse totalmente en este comportamiento, como se ve a continuación:

Una división de Facebook especializada en inteligencia artificial decidió desarrollar un sistema dedicado a las negociaciones. Días más tarde, las computadoras equipadas con este sistema empezaron a conversar en un lenguaje extraño y aparentemente erróneo. “Algo hicimos mal”, pensaron los ingenieros, pero no era así: las máquinas habían creado su propio idioma, intencionalmente ininteligible para los humanos. Los responsables decidieron apagar la inteligencia artificial y sacarla de circulación.

El laboratorio de investigación de inteligencia artificial de la Universidad Tecnológica de Georgia, EE.UU.  puso a trabajar a dos computadoras juntas, con la idea de que desarrollaran sistemas de negociación.

Lo curioso fue que lo lograron, pero en una manera que nadie se esperó, pues durante el proceso los dispositivos crearon abreviaturas, símbolos y nuevas expresiones para facilitar su labor, excluyendo a las personas en todo momento del proceso y tomando el control absoluto.

El dialecto inventado por la inteligencia artificial fue una variable del inglés en donde predominaba la repetición de palabras y pronombres, lo que para un angloparlante sonaría como erróneo y requeriría bastante tiempo de entender. Sin embargo, es probable que para el momento en que algún grupo de especialistas descifrara la lógica de dicha lengua, ésta ya habría mutado y se habría vuelto más compleja por las computadoras.

Debido a que los investigadores no han logrado terminar de entender enteramente el idioma, decidieron desconectar las computadoras para ponerlas en estudio.

El futuro está a la vista  y se  parece a un monstruo.

De la Redacción de AIM.