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La situación en el Delta sigue siendo crítica y el peligro seguirá

Las condiciones para que haya nuevos focos aumentan. La Justicia no halla responsables. Y la ley de protección de los ecosistemas brilla por su ausencia.

El miércoles pasado el intendente de Rosario, Pablo Javkin, atendió por teléfono a Clarín. Fue un llamado breve. Estaba cruzando el puente que une la ciudad santafecina con la localidad de Victoria, en la provincia de Entre Ríos. Iba acompañado por otros jefes comunales de la región para entrevistarse con funcionarios judiciales por los incendios que no cesan y el humo que no se disipa. Lo inmediato es detener el avance de las llamas en el Delta del Paraná, esa vasta zona que toma parte de Santa Fe, de Entre Ríos y el norte de Buenos Aires. Pero nadie ofrece por ahora soluciones concretas. Sólo las lluvias.

Se habla de focos intencionales, pero no aparecen los responsables. Desde que la seguidilla comenzó, hace ya más de dos meses, sólo hubo tres detenidos, que fueron liberados. Se defendieron diciendo que no estaban prendiendo fuego, sino creando cortafuegos para frenar el desastre. Aun así, de haber sido culpables, hubieran sido demasiado pocos para tanta quema: una superficie arrasada equivalente hasta ahora a 112 veces la Ciudad de Buenos Aires, según estimaciones de la Justicia.

Han aparecido denuncias contra el ministro de Medio Ambiente, Juan Cabandié, por la crisis ecológica. Cabandié ha señalado por las llamas a los productores. El humo ha llegado al centro porteño. El Ejército se metió en las tareas de lucha contra la catástrofe, por pedido de los gobernadores. Hay brigadistas provenientes del sur del país trabajando ahora mismo en terreno. Pero la amenaza no cede, el suelo está caliente, la humedad es cero y el campo científico viene vaticinando que todo va a empeorar.

En la última semana se conocieron dos informes que señalan que el aire de Rosario, la ciudad más densamente poblada frente a las columnas de humo es seis veces más tóxico que el de otras grandes urbes. Hablan de niveles alarmantes para la salud de la población.

De acuerdo a los relevamientos del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) el aire presenta entre seis y nueve veces mayor concentración de material particulado de alto volumen capaz de provocar enfermedades respiratorias, cardíacas y cáncer.

Pero más allá de las consecuencias y los posibles responsables (algo que está por verse en una causa federal que tiene a varios actores como querellantes), los fuegos del Delta no están desanclados de la crisis climática. Están alentados por una de las sequías más grandes de los últimos años.

“La sequía del año 2019 extendida al 2022, el nivel más bajo del río que amenaza el abastecimiento hídrico para consumo y el uso del fuego para eliminar los pastos nativos están provocando cifras récord de incendios en el Delta del Paraná”, afirman los expertos de la Universidad de Rosario.

La aseveración se ve respaldada por otros datos del sector agropecuario. En el corazón agrícola de la Argentina, en lo que va del año apenas cayeron 196 mm de lluvias. A igual fecha del año pasado, habían caído 564 mm. Esa “seca”, como la llaman los productores, no sólo genera un tremendo problema económico, sino que adquiere la forma de combustible en la zona de humedales. La tragedia es completa si se confirman las sospechas de operaciones inmobiliarias detrás del fuego, algo que el kirchnerismo suele denunciar a menudo pero que hasta ahora no se ha podido demostrar.

Lo que sí es concreto es que, debido a las actividades humanas, los niveles de CO2 en la atmósfera son ya un 50 por ciento más altos que en la época preindustrial, a pesar de una reducción momentánea en las emisiones de gases de efecto invernadero durante la pandemia. Como resultado, el mundo ya se ha calentado 1,1 centígrados en promedio, y estudios recientes indican que estamos en camino hacia los 2,7 centígrados de calentamiento para finales de este siglo.

Los últimos informes del Ipcc (el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU), señalan que a medida que el clima se calienta, los episodios de sequía, altas temperaturas y baja humedad se volverán más frecuentes y extremos. Además de tener importantes impactos en la sociedad, la producción de alimentos y la economía, estos fenómenos meteorológicos también elevan el riesgo de incendios forestales. “Eso se está advirtiendo en Sudamérica y Australia, del mismo o peor que lo que se ve que ocurre por estos días en Europa”.

Sin ley de humedales, una norma prometida que debería existir para alentar el cuidado de la vegetación, el enemigo intangible del calentamiento seguirá ejerciendo su oficio sobre el paisaje: hubo 20 proyectos de ley y los 20 se cayeron, sin siquiera llegar a discutirse.

Y las cuentas en Rosario, dicen que se trata del noveno mega incendio que se desata frente a la ciudad en los últimos dos años. Los funcionarios del equipo del Intendente Javkin lo afirman: “A este ritmo y sin soluciones ni jurídicas ni parlamentarias, el desastre podrá apagarse por un tiempo, pero sabemos que más temprano que tarde, el fuego volverá”.

Fuente: Clarín

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