Para salvar la biodiversidad, los científicos proponen una “mega-conservación”

Si bien la preservación de criaturas carismáticas como pandas, elefantes o ciertos leopardos es importante en sus propios términos, podría no haber un mejor destino de nuestros esfuerzos que la protección de sistemas mucho más generalizados e importantes. Los álamos, por ejemplo, podrían ser un comienzo perfecto para ello.

Un pájaro carpintero de la especie Leuconotopicus villosus en un bosque de álamos. (Foto: Paul C. Rogers, Western Aspen Alliance)

Unos investigadores han llegado a la conclusión de que la mega-conservación, es decir, la conservación de especies comunes y generalizadas, podría tener una ventaja estratégica frente a la conservación tradicional de especies individuales. En el caso del álamo, según Paul Rogers, de la universidad estatal de Utah (EE.UU.), este árbol sostiene una gran cantidad de especies dependientes, lo que le convierte en una especie clave. Existen seis especies de álamos que se extienden por buena parte del hemisferio norte y las similitudes de sus ecosistemas nos permitirían emplear prácticas continentales de preservación con enormes beneficios para la biodiversidad mundial.

Los bosques de álamos se han visto afectados directa e indirectamente por las acciones humanas, como la gestión forestal que favorece a los árboles de madera de alto valor, la minería, las sequías relacionadas con el calentamiento climático, los incendios, etc. Una enorme cantidad de especies dependen de que los bosques de álamos continúen intactos. A medida que los álamos prosperan o entran en declive, lo mismo ocurre con las especies que dependen de su estado. Se han reducido así poblaciones de pájaros, insectos, líquenes y pequeños mamíferos cuando se han desnudado bosques de álamos. Un bosque sano, por otro lado, puede sostener miles de especies, formando una especie de “burbuja protectora”, alrededor de muchas especies en peligro o vulnerables, protegiéndolas a un tiempo.

Por tanto, la mega-conservación de una especie como el álamo tiene efectos sobre incontables más. Las investigaciones indican que unos álamos sanos propician una mejora de la biodiversidad, facilitan una rápida recolonización en ubicaciones naturales y también dañadas, como minas abandonadas, y proporcionan adaptabilidad en entornos cambiantes.

Dado que los álamos están extendidos por varios continentes, la ciencia que permite su conservación beneficiará no solo a ecosistemas locales, sino globales. La mega-conservación de los álamos podrá ser además un banco de pruebas para la aplicación del método a otras especies de similar alcance. Sería el caso de las tierras esteparias en Europa y Norteamérica, la enorme taiga en Eurasia, o los bosques de eucaliptos en toda Australia.

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