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Política
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Balbo: “Hay que dar vuelta la ecuación”

Balbo en la capital entrerriana, junto al secretario adjunto de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos seccional Paraná, Claudio Puntel. // AIM
Balbo en la capital entrerriana, junto al secretario adjunto de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos seccional Paraná, Claudio Puntel. // AIM

La escuela moderna “está crujiendo”, aseguró a AIM el docente Orlando ‘Nano’ Balbo, quien indicó que se deben repensar las premisas de la institución y de la educación. Además, cuestionó la mercantilización del conocimiento y rescató la resistencia docente al neoliberalismo.   Para el militante social, pedagogo y erudito, se deben promover políticas donde el Estado nacional centralice lo administrativo y descentralice lo pedagógico, se fomente la democracia en el aula y se forje el espíritu crítico de las generaciones futuras.

El debate hoy “es generar un nuevo reglamento para que se comprenda la importancia del docente en la constitución de la sociedad,  ya que con su afán de lucro, el capitalismo todo lo que toca lo convierte en mercancía y tocó la escuela para convertirla en mercancía”, indicó el docente a esta Agencia.

En ese sentido, apuntó que “la escuela está, básicamente, -por mandato de la Organización Mundial de Comercio (OIT)-, trabajando sobre ‘destrezas’ con la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (Stem), promoviendo competencias reiterativas y repetitivas y se dejó de formar un sujeto crítico ante un mundo que está lleno de imponderables, lo que es un suicidio, porque se forma a alguien para realizar tareas reiterativas –autómatas-, cuando el mundo cambia de la noche a la mañana”.

El fracaso del programa de la ilustración traza un escenario que parece distópico, ya que “por la reforma educativa, -que considera a la escuela como una empresa (deficiente), al conocimiento como una mercancía y al alumno un como un consumidor- la escuela tiene como objetivo formar consumidores, porque este capitalismo se basa en el consumo excesivo de bienes, por lo que se arrojan objetos antes de que termine su vida útil, porque sino no tienen margen de ganancia”.

Ante ese escenario se torna imprescindible que la educación forme sujetos “con capacidad de respuesta ante la emergencia, donde, más que nunca, se forme por medio de la música, el arte, el teatro y la literatura”.

 

“La escuela y educación, no son sinónimos”

La escuela “no es lo mismo que la educación, no son sinónimos. La escuela es un dispositivo muy importante de la educación, comprendida por la educación. Sino el que nunca fue  a  la escuela no tendría saberes y no podría vivir en el mundo”.  Precisamente, la escuela “es una institución muy reciente en la historia del hombre: tiene cuatro siglos”.

“Hasta la reforma protestante no existía escuela. Cuando el capitalismo vio que el cristianismo no le era funcional al modo de producción generó la Reforma Protestante (una religión que tiene un dios pero es compatible con el dinero)  y con ella inventó una institución (la escuela) para que la ‘gente’ pueda leer las sagradas escrituras;   luego, con la Contrareforma Católica, el papa le pidió a La Salle que invente una escuela para que el ‘pueblo’ aprenda a leer las sagradas escrituras; ya con la Revolución Francesa la Asamblea Nacional comprendió que había que preparar a la sociedad para la modernidad, para un mundo donde los gobiernos no iban a ser más monárquicos por lo que había que hacer una educación doble que prepare a los nuevos gobernantes por un lado (para que no se crean que son herederos de los Reyes, sino que tienen un poder delegado que se le podía quitar) y, por el otro, al conjunto de la población para aceptar ese gobierno, que no es impuesto por mandato divino sino que es decisión del pueblo y la Asamblea”, repasó. Fue Nicolás Condorcet  “quien encaró el proyecto de la Asamblea y tomó lo mejor de la escuela protestante (la ética del trabajo y el esfuerzo), lo mejor de la católica (la solidaridad, ‘todo hombre es mi hermano’) y planteó una superación dialéctica de esas instituciones con una proyecto de escuela libre, laica, gratuita y obligatoria que nosotros  todavía repetimos y creemos esas consignas que deberíamos actualizarlas un poquito”.

La escuela “es una institución del siglo XVIII, que trabaja con saberes del siglo XIX, con sujetos del siglo XX y tecnología del siglo XXI, por eso la crisis de la escuela es desde hace larga data y viene manifestando y no se consigue dar respuesta porque no existe la voluntad política por parte del Estado de ser una política Estatal”, dijo el profesor.

“No quiero políticas de gobierno sino de Estado, es decir, que el Estado se haga responsable a través de los gobiernos”, remarcó Balbo, quien cuestionó el actual modelo argentino: “Históricamente el Ministerio de Educación concentraba todo lo administrativo contable en el Presupuesto y descentralizaba lo pedagógico, porque cada escuela tenía un punto de partida distinto, una realidad distinta y no se podía repartir lo mismo entre desiguales sino que se tenía que plantear un punto de llegada igual pero desde lugares distintos, por ejemplo: No puedo explicar el mismo currículum en Paraná que en la Cordillera, porque las condiciones del sujeto que aprende son el punto de partida y llegada del proceso de aprendizaje”.

“La dictadura comenzó a provincializar la educación y construyó un Ministerio sin escuelas y ahí comenzó el juego y  hoy hay que dar vuelta la ecuación; el Ministerio debe concentrar lo administrativo contable y lo pedagógico descentralizarlo.  El docente no debería estar haciendo malabares con dos mangos para que funcionen mínimamente las cosas, cubriendo el vidrio que se rompió o la garrafa para el comedor y pasa lo de Moreno”, aseguró.

“Hoy vivimos lo que (luís) Bonilla llama ‘el apagón pedagógico’  y los docentes estamos con el desafío de pelear contra el apagón pedagógico, que no es volver a la pedagogía tradicional, sino que se debe aggiornar a los nuevos tiempos contemplando el rol de las Tecnologías de la Comunicación y la Información (Tics)”,  remarcó.

En ese marco, el docente “ocupa un lugar fundamental en la formación del sentido común para generar conocimiento. De ahí el docente se jerarquiza en la constitución de la sociedad, pero ¿cómo hacemos para aprovechar eso? El desafío está en cómo salimos a plantear una propuesta que trascienda la coyuntura, hoy somos reactivos porque nos pegan por todos lados y estamos defendiéndonos pero a la resistencia hay que agregarle una propuesta porque sino nos volvemos reaccionarios”.

Precisamente, para el pensador, la propuesta está emergiendo desde la docencia con discusiones pedagógicas y bióticas, donde se privilegie el aprendizaje como un hecho social y humano.

Además, a esos debates se suma la resistencia al capitalismo y sus oscuros ensayos de reconfiguración de las relaciones sociales que, para Balbo fracasarán, ya que representarían “un suicidio”.

Es así que no sólo se resiste al vaciamiento de las aulas, sino que también “hay una resistencia en nuestro pueblo que está fragmentada y débil pero no deja de manifestarse y la escuela acompaña los procesos que resisten; acompaña el ‘Famatina no se toca’, la defensa de quienes quieren volver a que el campesino deje de producir  commodities y produzca alimentos o lucha contra el fracking, entre otras, es decir, en la escuela está la resistencia, a veces el docente no dimensiona bien por qué pero resiste, porque es un buen tipo y porque no se puede entender un proceso educativo si no es un proceso social”.

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