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Política, moral y conciencia

Sesha es el pseudónimo de Iván Oliveros,  un ingeniero colombiano nacido en Bogotá en 1960. Trabajó como gerente de una empresa hasta los 26 años, pero manteniendo siempre viva la pregunta que lo inquietó en la infancia: ¿Qué es el ser?

Sesha es el pseudónimo de Iván Oliveros,  un ingeniero colombiano nacido en Bogotá en 1960.
Sesha es el pseudónimo de Iván Oliveros,  un ingeniero colombiano nacido en Bogotá en 1960.

No encontró respuesta en la filosofía ni en la ciencia occidental. La buscó  el vedanta advaita,   la  doctrina no dual  de Gaudapada  y de Shankara, basada en los Upanishads,  el fundamento de las conferencias  que viene dando por el mundo.

En una charla en Madrid sobre "La naturaleza del Ser", no reniega del concepto de naturaleza, puesto en entredicho por las doctrinas posmodernas  sostenidas por algunas feministas, sobre todo las más intelectuales.

A continuación, un resumen de esa charla, en que Sesha expone el núcleo de la no dualidad vedántica.

Oriente y Occidente

En Oriente no hay fronteras tan delimitadas entre las diferentes disciplinas como en Occidente. Los científicos occidentales no salen de las marcas a las que se han restringido de antemano.   Los físicos cuánticos hablan de misticismo o metafísica -que suelen confundir- cuando se les pregunta por las consecuencias de sus indagaciones. Tratan  de  mantenerse en el terreno donde manejan muy bien sus conceptos.

Qué es el ser

Una aproximación al ser es considerarlo aquello que es en sí mismo o por sí mismo; pero su  esencia  no se puede alcanzar mediante los recursos intelectivos que usa la filosofía.

Las tradiciones religiosas han abordado el ser -dios para ellas- desde el punto de vista moral. En el caso del  cristianismo mediante el dogma y el ritual, convertidos en una búsqueda moral.

Si las tradiciones se vuelcan a la moral empiezan a morir, a descender, a diluirse, a desaparecer. El vedanta no es moral, es intelectivo. La moral implica la ley y las costumbres, que cambian con el tiempo, con el entorno cultural.   Por este camino el ser se pierde en proyecciones o falacias, porque la moral o linda con el poder que decide, o lo expresa netamente.

La compulsión a actuar

Hay países que guiados por su moral, que es la que justifica la acción, invaden a otros países con el argumento de que tenían armas químicas aunque no las tuvieran. Si la búsqueda de la virtud, que es manipulable y no universal, se vuelve esencial, la tradición empieza a morir porque  pierde su centro. La esencialidad del ser no es moral sino cognitiva.

La pérdida del carácter esencial de una tradición convierte a la moral en elemento fundamental, y lo esencial empieza a perderse. Pasó con la mayoría de las tradiciones, donde las costumbres son consideradas lo más valioso. La búsqueda de un ser "bueno" no es una búsqueda universal, sino relativa, que justifica hechos y circunstancias.

Política y terror

La política es el reino predilecto de la moralidad práctica, aplicada, relativa. Esa moralidad se esconde en la ley y termina haciendo terrorismo real cuando  quitan a la gente lo que necesita para vivir.

Para los políticos la mejor política es el ataque. Han formado un conglomerado moral que busca de tanto en tanto un ser providencial, virtuoso, excepcional, conseguible por elección, que rápidamente se derrumba. Lo que plantean como universal no lo es.

Kant minó la metafísica occidental

Kant concluyó muy lógicamente que el ser no se puede atrapar por la razón. Desde él la filosofía cambió mucho. Pasó al análisis del lenguaje, de la historia, de la comunicación y de la sociedad. Abandonó la búsqueda del ser, porque el ser es inaprensible con los medios a que se restringe la filosofía. Ahora se llama fenomenalismo: podemos conocer el fenómeno pero no la esencia del ser.

La búsqueda del ser está ahora solo en las tradiciones antiguas, pero muchas han tomado el camino de la moral. Parece entonces que alcanzaremos el ser mediante cierta postura al meditar o comiendo algo especial o siguiendo al pie de la letra cierta legalidad.

Se puede cantar devocionalmente a todos los dioses durante horas, meses y años creyendo que el camino es  la devoción. Se puede practicar el control  de la respiración. Al final, aquietar la mente parece imposible para un ser humano. Sesha dice que mientras practicaba estos caminos enseñaba, "porque en el país de los ciegos el tuerto es rey". Sin querer, aplicaba el dicho: "si no puedes convencerlos, por lo menos confúndelos".

Vivir sin fantasear

Pero a los 26 años tuvo una experiencia profunda, de cambio de naturaleza de la mente.  De su mundo se extirpó la capacidad fantasiosa, la capacidad de armar cualquier tipo de culebrón. La fantasía gobierna la atención. El primer cambio es estar atentos en el presente, sin fantasía.

La experiencia de vivir sin fantasear es maravillosa. Al observar una flor, por ejemplo, la atención es tan intensa como cuando alguien quiere encender el gas con un fósforo o quiere con un cuchillo pelar una papa o camina por los bordes de una roca escarpada. Y eso siempre, no unos instantes solamente.

La atención habitual es tan pobre que no puede escuchar y seguir escuchando, ni conducir un vehículo sin distracciones, ni reflexionar y seguir reflexionando.

La atención se vuelve estable al extirpar la fantasía;  pero sin relación con la inteligencia, la intelectualidad versada, la juventud, la etnia,  la belleza o la cultura. La atención habitual no es suficiente; pero se vuelve suficiente cuando va más allá del esfuerzo y las intenciones.

No es cosa de ir a otro mundo sino de conocer en este mundo las cosas como son, de advertir las cosas siendo. No se trata de  descubrir un ser en otro mundo, sino el ser está en la percepción cuando se conocen las cosas tal cual son.

En cualquier actividad se puede estar profundamente atento, tanto como al retirar el dinero del cajero automático, pero todo el día. Vivir sin fantasear no es vivir sin pensar. Es fácil advertir cómo la gente "se va"; es decir, se dejan llevar por la fantasía lejos del lugar y del tiempo donde están. No saben que se fueron porque ya no están.

La atención que permite entender las esencias es diferente de la habitual, y se consigue aferrando el presente continuamente. Es una forma diferente de conocer el mundo, que no es moral ni se esconde en un hacer, una costumbre, una virtud ni una justicia: está apoyada en el conocer, el saber del ser.

El mundo sin fantasía es muy  extraño. Se puede tener constructos acerca de lo que está pasando, estructurar respuestas claras a lo que pasa. No permite construir fantasías, solo estar atento, notar la ida y venida de los pensamientos, cómo nacen y mueren, los espacios entre ellos, lo que hay detrás de cada uno cuando no se dicen ni se hacen.

Atención y consciencia

La esencia de la atención es la conciencia,  y la conciencia es una llama viva que todo lo sabe, todo lo conoce. Es una condición puntual, esencial, ilimitada, que sabe y sabe que sabe.

La esencia de la atención es un continuo, no tiene partes. Es una esencia que permite el saber sin origen, final ni partes. El mundo interior es continuo y constante, está lleno de vida y es estable, no se transforma.

A la atención nadie la ilumina, se ilumina ella. A la luna le llega la luz del sol. No es la atención nuestra la que conoce sino que viene de otro lado, algo autoluminoso que se sabe a sí misma. Es un universo que no requiere de esfuerzo para conocer, conoce por sí mismo. Conocer no depende de la voluntad, no podemos detener un pensamiento con la voluntad.

La atención lo observa todo pero a ella nadie la observa; conoce sin ser objeto de conocimiento de algo previo a ella. Ella es lo previo a todo. Es posible quedarse en un punto de donde no es necesario moverse más, donde finalmente hay descanso, de donde no es necesario moverse para saber lo que las cosas son.

La atención no es más que el aspecto dinámico de la consciencia, que es un continuo luminoso, observable por sí mismo. Percibiendo el mundo desde este lugar, lo que se percibe es el ser. Al abrir los ojos se percibe el ser en las cosas, algo exquisito. Es como si dos gotas se  unen. Se mantiene su esencia pero ya no se detectan sus fronteras. El mundo exterior es un continuo, como el interior, sin partes, sin comienzo ni fin, lleno de saber observándose a sí mismo. La conciencia conoce las cosas y se conoce a sí misma. Y a esa capacidad de conocer las cosas  y conocerse a sí misma a la vez la llamanos "no dualidad", advaita. Y en el origen está el deshacer la fantasía, el vivir siempre atentos sin encontrar partes. Ese es el sosiego, esa es la libertad.

Ser es conocer

La búsqueda se basa en la cognición  y no en la moral ni en la acción. Entonces nos aproximamos al ser sin elementos religiosos, ni sagrados, ni teóricos. Se puede navegar mucho por el mundo de la legalidad, de las convenciones, de lo correcto, de lo bueno, de lo malo, de la moral, sin encontrar a nada.

Cada uno justifica su bondad o su maldad. El papel de cada uno da para justificar cualquier cosa, así es la moral. La atención anega como cuando un dique se rompe, ocupa todos los lugares pero no es la atención con fantasía, que la vuelve incoherente, intermitente, impermanente.

No hay que hacer nada ni buscar secretos en cursos, escuelas,   sistemas  ni en manos que nos despierten.

De la Redacción de AIM.

 

Sesha

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