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La bajante del río dificulta la tarea de los pescadores

Alejandro González, pescador de Puerto Sánchez, explicó a AIM que la consecuencia de la bajante no es la falta de peces sino la dificultad y los costos que demanda, durante estos días, sacar el pescado del agua. "Se complica la navegación, la perdida de elementos de trabajo, los costos y la baja de las ventas", destacó.

Foto ilustrativa.
Foto ilustrativa.

La reciente noticia del repunte en el nivel del río habla de intensas lluvias en el sur de Brasil. En aproximadamente 20 días, este caudal de agua que alimenta las cuencas se traducirá en un alivio para quienes están afectados por la bajante histórica del Paraná.

“Ahora viene la temporada del surubí y el dorado. También hay algo de armado, moncholo y amarillo. Por suerte, no nos faltó el pescado como en otras épocas de transición que hemos tenido. También hay más palometas, pero lo que más está complicado es la navegación y la perdida de elementos de trabajo, los costos y la baja de las ventas”, señaló González.

—¿Cómo les fue a ustedes en el último viaje de pesca?

—Salimos la semana pasada a la zona de Chapetón (isla al norte de Villa Urquiza). Gastamos 2.500 pesos de combustible. Cuando volvimos, los 30 kilos de pescado que trajimos no nos alcanzaban para cubrir los costos.

—¿De qué manera se les complica la navegación?

Quienes estamos baqueanos, conocemos el río de memoria y nos adaptamos, más allá de que va cambiando con los días, las crecientes y las tormentas. Pero la navegación se complica para la persona que quiere llegar a los islotes donde está la playada de arena para poder pescar y queda encallada. Además, la bajante empieza a mostrar, en la misma playada, los famosos raigones, que son los troncos de los árboles caídos en el agua que están allí desde hace mucho tiempo. Una embarcación puede llegar a agujerearse si los agarra mal. Cuando una persona conoce, en el momento de subir a la lancha o bote ya sabe dónde y cómo va a ir, qué sector es playo y cuál es el hondo, depende del tipo de trabajo que uno ande haciendo.

—¿Cuáles son?

—Para pescarlos, se necesita carnada viva (mojarritas, areneros, sábalos) que está siempre en la zona de playada y que hay que entrar para conseguir sí o sí. Y esto es algo que, con la bajante del río está difícil.

—¿Qué dificultades hay?

—El año pasado, una maya para sacar carnadas se armaba con 800 pesos. Hoy, sólamente el paño sale 1.200. Y a esto hay que agregarle cordeles, boyas y plomos. Y siempre con el riesgo de que Prefectura nos la quite. Y esa es la pelea que siempre tenemos, porque nos dice que está prohibido. Y nosotros la tenemos medida para sacar carnadas y no para otros pescados. Siempre es la misma pelea y los que perdemos somos nosotros.

—¿Qué sucede con los otros elementos de trabajo?

—Hacer un espinel implica comprar alambre, soga, tanza y anzuelo. Se arma, se tiende o coloca, y a lo mejor una tormenta hace desbarrancos en la isla, se caen los árboles y te llevan el espinel de un día para el otro. Lo mismo sucede cuando se lo coloca en profundidad, cercano al canal de navegación, y pasa una chata o embarcación de gran porte. Arrastra todo.

—Finalmente, ¿cómo está la situación de las lagunas?

—Cuando el río crece, las lagunas de las islas se llenan. Allí entran el bagre, el sábalo, el surubí, el pacu, la boga, el amarillo, el dorado y el resto de los pescados, para realizar su apareamiento y desovan (ponen los huevos). El huevo eclosiona y los peces abandonan la laguna dejando las crías que, en seis u ocho meses se cría a un tamaño aproximado de un kilo. Cuando la laguna baja su nivel, estos pescados vuelven al río y es difícil que alguno se quede encerrado. Con la bajante del río, este proceso está nulo y está todo seco y el pez debe buscar las partes menos profundas como las zonas de arena.

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