Reciclaje con inclusión

Desarrollar iniciativas a nivel local, interactuando con cooperativas y municipios para promover políticas públicas que impulsen la gestión de residuos con reciclaje inclusivo. Ese es el principal objetivo de una de las propuestas que la Fundación Avina empezó a implementar en la Argentina en 2013.

«Implica trabajar por la formalización de las cooperativas, la profesionalización de los trabajadores y el acceso a derechos básicos», resume Florencia Rojas, coordinadora del Proyecto de Reciclaje Inclusivo de Avina, que tiene como socios locales a Danone y Compromiso Empresarial por el Reciclado (Cempre). Además, están aliados con la Federación de Cartoneros, Carreros y Recicladores (Faccyr).

Hoy tienen presencia en 12 ciudades del país, con 17 cooperativas asociadas que incluyen a unos 3000 trabajadores formalizados, lo que impacta en 16.000 personas si se incluye a sus grupos familiares. De esta forma, se recuperan un promedio mensual de 2400 toneladas de materiales reciclables.Una de las cooperativas con las que trabajan en la ciudad de Buenos Aires, es El Álamo.

El trabajo de El Álamo abarca los barrios de Villa Devoto, Parque Chas, Villa Pueyrredón, Agronomía y Villa del Parque. Por día, recuperan unas 12 toneladas de residuos: 400 por mes.

«El último proyecto que inauguramos fue en Guaymallén, Mendoza, donde se hizo un diseño de la política pública en articulación con el municipio», detalla Rojas. El Álamo participó de la elaboración del proyecto y puesta en marcha de una planta de clasificación de residuos urbanos, mientras que Danone, al igual que Avina, contribuyeron con fondos. «Se sacó del basural que funcionaba allí a 150 personas, de las cuales 50 trabajan hoy en la planta y otras 100 están en proceso de incorporación», dice Rojas.

También en Mendoza, hoy hay cinco cooperativas -incluyendo a El Álamo y El Algarrobo- que están trabajando en una mesa de diálogo con el municipio de Las Heras para articular el cierre del basural de El Borbollón, con la garantía de inclusión de los trabajadores. «Se estima que para marzo estará cerrado y, por otro lado, se prevé que se desarrolle ahí un centro ambiental para el área metropolitana», cuenta Alicia Montoya, de El Álamo.

Viviana Nasiff, integrante del equipo técnico de El Algarrobo, cuenta que tienen censadas 260 personas que trabajan actualmente en el basural de El Borbollón, aunque muchas otras se suman fuera de la época de cosecha o en tiempos de crisis. «Hay tres grupos que están trabajando allí. Logramos que varios de ellos se sumen a las cooperativas, sacándolos del basural: el objetivo es incorporarlos a todos», dice Nasiff.

En la ciudad de Buenos Aires, el proyecto «Comunidades protagonistas sin basura», de la asociación civil Surcos, busca promover la separación en origen y reducir la basura que se genera en las villas.

Nació en 2018 en alianza con la Dirección General de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del Ministerio de Hábitat y Desarrollo Humano de la Ciudad, y la Fundación Emergencias, que lo financian. Empezaron a trabajar en la villa 21-24 de Barracas, donde consiguieron que en menos de un año el 85 por ciento de los hogares que participaron de la iniciativa incorpore hábitos de separación de residuos y que se recuperen varias toneladas de material reciclable, mejorando los ingresos de las cooperativas. Luego, se extendieron a Villa Soldati.

Luciano López Santesteban es coordinador operativo del proyecto. Explica que por la alta densidad poblacional de las villas y la distribución de los pasillos, entre otros factores, la recolección de la basura se complica en esos territorios. «Eso genera un problema grave de salud ambiental, y empezamos a pensar distintas estrategias», cuenta.

Una de las cooperativas que trabajan con Surcos es Siempre Verde, en Villa Soldati. Leandro Ávila tiene 37 años y es su coordinador. Se crió en La Matanza con sus seis hermanos y a los once años se fue de su casa escapando de los golpes de un padre violento. Empezó a vivir en la calle y a comer de la basura.

En Soldati, Leandro conoció a quien había fundado la cooperativa en 2001. «Acá hice cursos de reciclado, de materiales y me fui capacitando. Somos 50 compañeros», cuenta. Hoy y gracias al trabajo en la cooperativa, tiene garantizado el sustento para las dos hijas de tres y siete años que cría solo.

Con respecto a la mirada de la sociedad, Leandro asegura que, de a poco, se va tomando conciencia del rol que cumplen las cooperativas. «Cada vez más vecinos separan los residuos y se esfuerzan. Pero también hay personas que no tienen respeto por este trabajo, no cuidan los tachos y si se les rompe una botella de vidrio la tiran así nomás en el contenedor de los reciclables, sin pensar que después alguien puede cortarse», dice.

Está orgulloso del trabajo que hacen: «Sacamos a muchos pibes de la droga y la calle. Nos gustaría que sean muchos más», asegura.

Cómo colaborar

Hace dos años, la cooperativa Siempre Verde sufrió un incendio que destruyó sus maquinarias. Realizan todo el trabajo de forma manual. «Laburamos a pulmón y soñamos con recuperar lo que perdimos», dice Leandro. Para ayudar, escribir a surcos@surcos.org

Fuente: La Nación