Sexo y género en la punta de la lengua

El lenguaje llamado no sexista o inclusivo tiene la finalidad declarada de evitar la discriminación hacia las mujeres, si no en la realidad social, en su reflejo en el léxico y la sintaxis. Quizá no se pretenda que algunas modificaciones en el lenguaje eviten la discriminación social, porque sería dar a las palabras un poder que hoy se les niega y  en  otros tiempos se atribuyó a la magia.

El lenguaje llamado no sexista o inclusivo tiene la finalidad declarada de evitar la discriminación hacia las mujeres, si no en la realidad social, en su reflejo en el léxico y la sintaxis.

No obstante, el poder de la palabra perdura  y la ahora    subterránea, «supersticiosa» conexión entre  las cosas y  su verdad quizá aliente la voluntad transformadora presente en el lenguaje inclusivo.

El sufí Ibn Arabí, nacido en Murcia en el siglo XII, dentro de la  tradición de la filosofía perenne simboliza en su obra las «Iluminaciones de la Meca» a las  «letras transcendentes» escritas en el Liber Vitae,  equivalentes a las esencias platónicas. La palabra es para Ibn Arabí el aspecto exterior, manifestado, del pensamiento, que es el aspecto interior, no manifestado,  de la palabra. Lo no  manifestado, sobre todo si no está destinado a la manifestación, es indecible; de modo  que en este punto la filosofía perenne discrepa de la actual filosofía del lenguaje, que afirma que lo que no se puede expresar con palabras, no existe. Podría haber algún acercamiento si por no existente entendiéramos al ser que aún no pasó al existir, pero tal distinción, contenida por ejemplo en la lógica hindú, no tiene sentido para los occidentales de hoy.

Ibn Arabi expresa de manera simbólica  un poder  que en cambio tuvo en cuenta el psiquiatra francés Jacques Lacán dentro de las formulaciones psicoanalíticas: el inconsciente está  estructurado como un lenguaje, una estructura anterior a las palabras y que permite adquirirlas. Se trata de algo equiparable a las líneas de fuerza un campo magnético, que aún antes de que lleguen a él las limaduras de hierro  ya determina la posición que tendrán.

Inclusión de palabra

El lenguaje llamado inclusivo, que por ahora parece servir más para excluir  que para incluir debido al componente ideológico, gira en concreto sobre las marcas gramaticales de género, en particular las que determinan que sea la forma masculina la que generalice cuando se quiere incluir a hombres y mujeres en una sola expresión. Por ejemplo: «todos somos humanos» incluye a hombres  y mujeres en «todos» sin que sea necesario decir «todos y todas».

Género y sexo

Persiste la tendencia a confundir género gramatical con sexo biológico.  Antonio de Nebrija, en la primera gramática castellana, de 1455, advierte que el género es lo  que sirve en el lenguaje para distinguir macho de hembra, pero aclara que no es lo mismo que distinguir masculino de femenino, es decir, separa sexo de género. El sexo es una característica de algunos seres vivos, entre ellos los  humanos; el género de algunas palabras. Ante una consulta hace años, la Academia de la Lengua contestó: sexo tienen las personas, género las tiendas.

En castellano, a diferencia de otros idiomas, el masculino tiene tres grados: o/e/ cero. Por ejemplo son masculinos el  mono, el presidente o el profesor. En el caso del  mono, se construye el femenino cambiando la o final por a: mono/mona; en el caso de presidente, cambiando la e por a: presidente/presidenta, y en el caso de profesor, agregando una a: profesor/ profesora. Es decir, en los casos en que el sustantivo de género masculino termina en «o», en «e» o no tiene terminación que indique género (grado cero), el femenino termina en a. Esta es una de las razones lingüisticas de generalizar en  masculino.

Discriminación no lingüística

El lingüista español Ignacio Bosque, en un  análisis del lenguaje inclusivo, admitió que en la sociedad contemporánea las mujeres son discriminadas y  que hay comportamientos verbales sexistas. Por ejemplo: «los ingleses prefieren el té al café y las rubias a las morenas».

Pero en este punto es necesario insistir en que el lenguaje sirve para mentir tanto como  para decir la verdad, para  discriminar  como para tender puentes, para revelar la verdad como para engañar, para ser claros y concisos como para confundir, disparatar, discriminar y balbucear.

Las mujeres sufren discriminación, pero ¿cuáles son las medidas que la evitarían? Bosco pone ejemplos de mujeres científicas feministas que luchan por sus derechos pero no aceptan las cuotas legales de participación en cargos públicos o en el directorio de empresas, por ejemplo;  no usan el lenguaje inclusivo ni se suman al desdoblamiento lingüistico en la coordinación explícito en «todos y todas», «amigos  y amigas», «ellos    y ellas»,  «los y las», etc, etc.

Prueba con mujeres

Pone algunos ejemplos que pueden ser útiles para advertir en qué complejidades y sutilezas se meten los que tratan de modificar la sintaxis -las reglas de ordenación de las palabras en el discurso- donde no se puede tocar una parte sin afectar al resto, sin importar qué tan loables sean las intenciones.

Por ejemplo: la expresión: «Nadie quedó contenta» fue rechazada por las alumnas de Bosco  en la universidad complutense de Madrid. Se trataba de estudiantes de   lingüística que estaban capacitadas para reflexionar sobre el tema.

La pregunta por «¿Quién quedó contenta?»  fue aceptada porque el hablante se puede representar un complemento partitivo tácito (¿Quién de ellas?). Pero no en «Nadie quedó contenta», porque no se admite    tal complemento: no se puede pensar en «Nadie de ellas»).

Otro ejemplo es «Juan  y María viven juntos». Es disparatado el distributivo «viven juntos  y juntas». Si optáramos por decir «viven en compañía», aparecería de inmediato la pregunta tácita ¿de quién?

El peso y la liviandad

El distributivo en cuestión, que puede volverse tan gravoso que impida hablar si se aplica rigurosamente, tiene no obstante larga vida en castellano, con fines expresivos. En el cantar del Mio Cid, el primer monumento conservado de la lengua castellana, leemos: Mío Cid Rodrigo por Burgos entróve/ van en su compaña   sesenta pendones; /salen a verlo   mujeres y varones, burgueses y burguesas   a las ventanas se ponen/

El autor desconocido escribió su obra posiblemente en Medinaceli, hoy Soria,  alrededor del 1200, por lo que tiene más de ocho siglos. Menciona a varones  y mujeres, burgaleses y burgalesas (oriundos de Burgos) como recurso expresivo para mostrar que «todos  y todas» daban razón al  Cid  («qué buen vasallo si tuviese buen señor»)

Cualquiera, varón o mujer, puede informarnos que ayer estuvo con sus hermanos comiendo en la casa de sus padres. Debió decir,  en   pureza inclusiva, «ayer estuve comiendo con mis hermanos  y mis hermanas en la casa de mi madre y de mi padre». Zafará del pecado de sexismo, pero incurrirá en el de largura. En otros idiomas hay una palabra para designar a los padres, padre y madre. En alemán, por ejemplo, padre de dice Vater y  madre, Mutter. Padres, ambos, se dice «Eltern», de modo que no hay ambigüedad. Pero no es así en castellano, donde el plural de padre sirve para designar tanto a varios padres como  al padre y la madre de alguien.

Bolivarianos no sexistas

Los casos y argumentos podrían   extenderse  sin fin, pero baste para dar una  muestra de lo farragoso que puede ser el lenguaje inclusivo no sexista,  tomada de la constitución actual de  Venezuela, el librito azul que suele agitar Maduro en sus discursos públicos y apariciones televisivas.

De paso, el uso de la «e» para sustituir la o  y generar una suerte de género neutro, y la distribución «amigos  y amigas, tuyos  y tuyas,   todos, todas y todes,» etc, para evitar la generalización en masculino, no  parece constituir un  lenguaje de uso común, sino una forma ideológica de expresarse frente a los micrófonos y a las cámaras de televisión y para documentos. Los que (quienes) en esos casos la  usan, vuelven al idioma común tan pronto el brillo se apaga.

En cierto modo, se trata de añoranza de un aspecto del pasado, cuando en la llamada «edad oscura» en que se produjo la disgregación del  latín  y la formación de las lenguas romances en Europa, se perdió el género neutro que provenía del indoeuropeo,   y el castellano quedó reducido a dos: masculino y femenino. Esta recuperación se quiere conseguir por así decir a golpes  y caídas, al calor de una lucha ideológica tan apasionada como confusa.

El texto constitucional dice:

«Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.»

Hagamos el ejercicio de expresarlo en lenguaje común y veremos  cuánto se acorta sin perder inteligibilidad. Sin juramento se puede conceder que la constitución y tanto texto por el estilo violentan el principio de economía del lenguaje.

De la Redacción de AIM.