Violencia de género y adicción

A pesar de que ser mujer es el principal factor de riesgo para sufrir violencia, existen procesos, trayectorias existenciales, situaciones sociales, etapas vitales y condicionantes de salud que aumentan su vulnerabilidad

Aspiramos a una vida libre de violencia a la que enfrentarse cada una con sus recursos y capacidades, a una vida propia a la que ninguna tenga que renunciar por miedo, por amenazas, por violencia, por discriminaciones. Aspiramos a construir sociedades justas de las que sentirnos orgullosas a erradicar la discriminación, la insuficiente participación de las mujeres en la toma de decisiones, a un reparto equitativo del tiempo entre hombres y mujeres, a compartir los espacios públicos y privados, a acabar con las brechas salariales, romper los techos y muros de cristal, poder elegir el tipo y tamaño de nuestras familias. Ya es hora de trabajar para construir un mundo habitable también para las mujeres, donde las niñas tengan derecho a vivir sin violencia y a educar a los niños dándoles la oportunidad de hacerse hombres no violentos.”

La violencia de género es la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres para conseguir su dominación, control y subordinación. Es una manifestación de las relaciones de poder desiguales entre los géneros, consecuencia de la educación patriarcal y sigue siendo la herramienta social más eficaz para perpetuar la discriminación y la jerarquización de los roles de género.

Fue reconocida como problema de Salud Pública por la Organización Mundial de la Salud en 1996, dando a conocer las graves consecuencias que ocasionaba en la vida de las mujeres víctimas, y en su salud física, psicológica y social. “Constituye un problema de salud global, que ha adquirido proporciones epidémicas” (2013). Un tercio de las mujeres del mundo sufrirán en algún momento de sus vidas algún tipo de violencia.

A pesar de que ser mujer es el principal factor de riesgo para sufrir violencia, existen procesos, trayectorias existenciales, situaciones sociales, etapas vitales y condicionantes de salud que aumentan su vulnerabilidad.

El abuso de sustancias en las mujeres es uno de estos factores de vulnerabilidad. Diversos autores internacionales señalan que las mujeres en tratamiento por adicción son víctimas de violencia ejercida por su pareja con una incidencia tres veces superior a la de la población general, además, entre un 50 y 80 por ciento han sido víctimas de abuso sexual en la infancia.

En el Instituto de Adicciones se realizaron dos estudios de prevalencia de violencia de género en la pareja en mujeres en tratamiento en dos de los centros de la red municipal. Uno de los estudios se llevó a cabo en el

Centro de Atención a la Drogodependencia (CAD) de Villaverde en el 2008, y el otro en el CAD de Latina en el 2009. De sus resultados pudimos extraer las siguientes conclusiones:

  • Las mujeres en tratamiento eran víctimas de violencia de género con una incidencia entre tres y cinco veces superior a las mujeres de la población general.
  • Casi la totalidad (91,8 por ciento) presentaban antecedentes de violencia y con un alto porcentaje de violencia física y sexual, por lo que es probable que presentaran secuelas traumáticas.
  • Las mujeres que sufrieron abusos sexuales en la infancia o adolescencia (30 por ciento) presentaban un alto riesgo de sufrir violencia en sus relaciones de pareja (80 por ciento).
  • Más de la mitad de las mujeres que tenían pareja, estaban sufriendo violencia o la habían sufrido en el último año. Ante la magnitud y gravedad de tales datos parecía justificado y necesario la elaboración de un Protocolo de actuación que facilitara la sensibilización de los profesionales, la prevención, detección y abordaje de la violencia y sus consecuencias en los programas de tratamiento en nuestros centros.

El Protocolo de Intervención en los CAD ante la Violencia de Género pretende contribuir a la desnaturalización y visibilización de la violencia contra las mujeres en tratamiento, y ofrecer a los y las profesionales de los equipos multidisciplinares, pautas de actuación consensuadas y homogéneas que faciliten el acompañamiento de las pacientes en su proceso de recuperación. Se plantea una Intervención Transversal e Integral en violencia de género con un abordaje biopsicosocial e interdisciplinar siendo necesaria la participación y coordinación de todo el equipo, y donde la prevención sea un objetivo a lo largo de todo el proceso terapéutico.

Visibilizar y desestigmatizar la adicción femenina en su entorno social, visibilizar las actitudes y comportamientos discriminatorios de género, facilitar el desarrollo y la reconstrucción de identidades y espacios igualitarios, son metas prioritarias en la intervención dirigida a nuestras y nuestros pacientes, así como a sus acompañantes y familiares. Otro de los retos del protocolo será desarrollar acciones de colaboración, coordinación y derivación, dirigidas a las diferentes redes implicadas en la atención de mujeres, y en especial con los servicios de atención a víctimas de violencia de género, con el fin de promover el conocimiento de las dificultades específicas del colectivo de mujeres drogodependientes.

No nos queda otra que romper el velo de la igualdad, del silencio; enfrentarnos a los guardianes del patriarcado, a sus mentiras, convencernos de que la obediencia no garantiza la supervivencia, si acaso es la rebeldía la que nos da esperanzas.

Por Belén Orozco Jabato, Psicóloga cCínica CAD de Villaverde, Instituto de Adicciones, Ayuntamiento de Madrid para Proyecto Género. Visión integral de la intervención en adicciones. Revista digital Proyecto Hombre.