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Caleidoscopio
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Anarcocapitalismo y anarco-anarquismo

Cuando la selección alemana de fútbol derrotó a Brasil 7 a 1 en el mundial de 2014, los huesos de Mané Garrincha se habrán revuelto en la tumba. La diferencia entre el equipo brasileño campeón mundial en 1958 en Suecia -donde deslumbró Garrincha, el mejor regateador de la historia- y ese pobre equipo vapuleado en Belo Horizonte por la disciplina, el método y el temperamento alemanes era abismal, inconcebible para los "torcedores" que no obstante veían incrédulos y cada vez más aplastados llegar los goles uno tras otro.

El fútbol es un deporte muy popular, de enorme importancia para un pueblo tan vital como el brasileño; pero muy serios son los símbolos que encubren intenciones y actos políticos, que afectan a todos y más que a nadie a los más humildes, a los que se sintieron redimidos y representados fuera de la política por Garrincha, Pelé y sus compañeros, que maravillaban y daban un poco de felicidad a un pueblo sufrido que mucho la necesitaba.

Los equipos de 1958 y de 2014 tenían el mismo nombre y la misma camiseta, pero la aparente unidad escondía una diferencia tan abismal como la que hay entre anarquismo verdadero y anarcocapitalismo, que se trata de ocultar con nombres que confunden.

Si Errico Malatesta, combativo inclaudicable pero también equilibrado y reflexivo, hubiera sabido del "anarcocapitalismo", posiblemente hubiera insistido en que los verdaderos anarquistas "no pueden impedir que alguien se aplique el nombre que quiera, pero tampoco pueden abandonar el nombre que compendia nuestras ideas y nos pertenece lógica e históricamente. Lo que podemos hacer es vigilar para que no surja la confusión o para que se reduzca al mínimo posible".

En realidad, el nombre de "anarcocapitalismo", idea Murray Rothbart, epígono de la escuela austríaca de economía en los Estados Unidos, es una adulteración de identidad perpetrada por los que disfrutan de un veranito de poder y piensan -muy a diferencia de todos los seres humanos solidarios y sensibles- que la justicia social es un robo porque entienden que es quitar a unos para dar a otros.

El viejo apotegma, que de alguna manera está en Los Hechos de los Apóstoles, "a cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad" es para ellos una invitación al robo, una insinuación del Maligno.

La bandera de los anarquistas, que quieren volver a la lucha en estos tiempos de abulia y resignación -y también de aproximación a una barbarie nueva- es negra y roja. El rojo simboliza la rebeldía y el poder que el ser humano tiene por su sola humanidad, y que no puede resignar sin negar su esencia.

El negro es la negativa a aceptar cualquier tipo de jerarquía y dominación, de autoridad no libremente consentida. Y sobre todo, la negativa a aceptar la dominación de uno sobre otros por el derecho de propiedad sobre las cosas, que implica el dominio sobre los hombres.

Tradicionalmente el negro, que no es un color, simboliza lo no manifestado, lo que no está dado todavía en el plano de lo experimentable pero cuando exista se manifestará en colores. Es decir, algo ignorado porque no puede ser percibido, pero que estallará a su tiempo en realidades múltiples.

La bandera del anarcocapitalismo, que podría llamarse sencillamente capitalismo pero al que se agrega "anarco" para confundir y conseguir votos de los confundidos, tiene la misma disposición de la anarquista: un campo rectangular dividido diagonalmente en dos: el superior es amarillo y negro el inferior.

Las diferencias conceptuales son tantas como las que hay entre las ideas de Osvaldo Bayer, Emma Goldman, Miguel Bakunin, Pedro Kropotkin o Victoria Bolten y las de Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Murray Rothbart, Jesús Huerta de Soto o su epígono local, Javier Milei.

En la bandera amarilla y negra suele aparecer en el centro un fusil, que simboliza la defensa de la propiedad, del oro. El negro es la ausencia de toda autoridad que no sea la que se funda en el oro defendido con balas por sus propietarios.

Acá una jerarquía opaca todas las demás: el dinero. Hay algunos puntos que los anarcocapitalistas han dejado en la penumbra. Supuestamente quieren eliminar el Estado, como los "anarco-anarquistas"; pero es el Estado el que registra y garantiza su condición de propietarios contra los "rencorosos" que quisieran arrebatarles el fruto de su esfuerzo (o sus negocios), como imagina su miedo.

Por eso si hay que eliminar el Estado, destruirlo trabajando como topo desde adentro, hay que llegar solo hasta un punto preciso: se debe mantener la policía, siempre debe haber una Patricia Bullrich capacitada para actuar en la dirección "correcta" aplicando el "pensamiento correcto".
De la Redacción de AIM.

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