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Cuenta regresiva para la reapertura de La Casita de la Resiliencia

Ciento diez y nueve años después que la médica y educadora italiana María Montessori abriera la primera Casa dei Bambini en el barrio romano de San Lorenzo, en 1907, su metodología sigue siendo una de las referencias más citadas sobre el aprendizaje en los primeros años de vida. En Paraná, La Casita de la Resiliencia, un espacio inspirado en la pedagoga europea, reabrirá sus puertas el lunes 3 de agosto, confirmó AIM.

En diálogo con esta Agencia, la licenciada Melody Varisco (*), coordinadora del espacio, contó de qué se trata la propuesta y qué ofrece a la comunidad paranaense.

- ¿Qué parte de lo que hoy se llama “Montessori” responde efectivamente a lo que la propia médica y educadora italiana escribió, y qué parte es reinterpretación posterior?
-"La Casita de la Resiliencia es un espacio de encuentro, aprendizaje y crecimiento destinado a las infancias. Es un taller vivencial inspirado en los principios de la pedagogía Montessori y orientado hacia la psicoeducación emocional. La propuesta integra el aprendizaje a través de la experiencia, la autonomía, la creatividad, el respeto por los ritmos individuales y el desarrollo de recursos para que cada niño pueda conocerse, reconocer lo que siente y relacionarse de una manera más consciente consigo mismo, con los demás y con su entorno", explicó la Licenciada Varisco.

En rigor, "La Casita" funcionó originalmente en 2022 y ahora vuelve a abrir sus puertas en agosto, renovada, pero conservando su esencia: acompañar el desarrollo integral de las infancias desde una mirada respetuosa, preventiva y profundamente humana.

El espacio está destinado a infancias de entre cuatro y nueve años, organizadas en grupos de acuerdo con sus edades y momentos evolutivos. Más adelante, a medida que el proyecto avance, posiblemente se abra también un grupo para mayores de nueve años.

La realidad es que Montessori no partió de una teoría pedagógica previa, sino de la observación clínica. Formada como médica, trabajó primero con niños con discapacidad intelectual antes de extender sus métodos a la infancia en general, pero esta propuesta en Paraná, "está abierta a todas las familias que quieran ofrecerles a sus “peques” un espacio diferente para aprender, explorar, vincularse, desarrollar su autonomía y adquirir recursos emocionales. No es necesario que presenten una dificultad específica, porque no se trata de un tratamiento psicológico infantil, sino de una experiencia psicoeducativa, vivencial, promotora de la salud mental y preventiva".

Los grupos van a ser reducidos, justamente para poder acompañar de manera cercana los intereses, las necesidades y los procesos de cada participante.

¿Cuál es la metodología que se utiliza?
Es un taller inspirado en los principios de María Montessori, aunque no pretende reproducir de manera completa una institución o un aula Montessori tradicional. Se trabaja a partir de un ambiente preparado, con materiales y propuestas accesibles para las infancias, que promueven la curiosidad, la exploración, la concentración, la autonomía, la responsabilidad y la libertad dentro de límites claros. El adulto ocupa acá un lugar de guía y contención: observa, acompaña y ofrece la ayuda necesaria, procurando no hacer por el niño aquello que ya puede comenzar a realizar por sí mismo.

La experiencia de Montessori se rubricó en el libro "El método de la pedagogía científica", considerado la primera descripción sistemática de su propuesta. Cuatro décadas más tarde, en “La mente absorbente”, Montessori condensó la idea que hoy sigue siendo el núcleo del nivel inicial montessoriano: que entre el nacimiento y los seis años el niño atraviesa un período de “mente absorbente”, en el que aprende del entorno sin esfuerzo consciente.

En la Casita se desarrollarán actividades de vida práctica y cotidiana, experiencias sensoriales, propuestas creativas, juegos, relatos, dinámicas corporales y momentos de intercambio grupal. "A todo esto, se suma la psicoeducación emocional. La idea es que los niños puedan reconocer sus emociones, observar cómo se manifiestan en el cuerpo, ponerles nombre, comprender qué función cumplen y encontrar formas saludables de expresarlas", agregó la psicóloga.

Y destacó que "la educación emocional no se plantea como una clase teórica, sino como un aprendizaje que atraviesa toda la experiencia del taller: la elección de una actividad, la espera, la frustración, el cuidado de los materiales, la convivencia, los desacuerdos, la posibilidad de poner límites y aceptarlos, y también la reparación cuando una acción afecta a otra persona".

Diferentes metodologías para distintos segmentos etarios
En palabras de Montessori, “El niño absorbe estas impresiones no con su mente, sino con su vida misma”. De ese período derivó también la frase que sintetiza el rol que le asigna al adulto en la sala: “Ayúdame a hacerlo por mí mismo”, atribuida a sus conferencias y recogida en distintas compilaciones de su obra pedagógica.

Al respecto, Varisco destacó que "los fundamentos generales son los mismos, pero las actividades, los materiales y la forma de acompañar se adaptan a las características de cada etapa. En el grupo de cuatro a seis años se van a priorizar las experiencias concretas, sensoriales y lúdicas. Se trabajará especialmente sobre la autonomía cotidiana, la coordinación, el orden, la espera, la identificación de emociones y la posibilidad de expresar con palabras lo que sienten o necesitan".

En el grupo de seis a nueve años se podrán incorporar propuestas de mayor complejidad, actividades cooperativas, resolución de problemas, reflexión sobre los vínculos, reconocimiento de diferentes puntos de vista y una mayor responsabilidad sobre las propias decisiones y acciones.

En ambos grupos se va a respetar el ritmo de cada niño, entendiendo que no todos necesitan aprender lo mismo, de la misma manera ni en el mismo momento.

El objetivo
Varisco aclaró que "el objetivo es acompañar el desarrollo integral de las infancias promocionando la salud mental, fortaleciendo su autonomía práctica, emocional y vincular. Se busca que puedan conocerse a sí mismos en contacto con otros, confiar en sus capacidades, explorar, tomar pequeñas decisiones, responsabilizarse progresivamente por sus acciones y desarrollar una relación más consciente con aquello que sienten".

La propuesta tiene también una finalidad preventiva. "Desde la psicología profunda hablamos de la “sombra” para referirnos a aquellas emociones, necesidades, cualidades o aspectos de la personalidad que una persona aprendió o necesitó ocultar, negar o rechazar porque no eran aceptados por su entorno, porque necesitaba adaptarse, pertenecer o sentirse amada. Y lo importante es entender que en la sombra no quedan solamente emociones consideradas difíciles, como el miedo, el enojo, la envidia o la tristeza. También pueden quedar relegadas la sensibilidad, la creatividad, la espontaneidad, la firmeza, la capacidad de poner límites, de expresar una opinión o de mostrarse tal como uno es, además de un sinnúmero de virtudes y potencialidades de cada personalidad".

La profesional aclaró que en su profesión, como psicóloga y psicoterapeuta integrativa de jóvenes y adultos, "observo con frecuencia que muchas personas llegan a la adultez habiendo relegado partes importantes de sí mismas para poder adaptarse, pertenecer, ser aceptadas o sentirse amadas. Aquello que en algún momento no encontró un lugar para expresarse puede continuar actuando fuera de la conciencia e influir en las elecciones, en los vínculos y en las maneras de reaccionar. A veces, esto se manifiesta a través de patrones que se repiten, autoboicot, desbordes emocionales, conductas compulsivas o malestares que la persona no logra comprender. Esto no significa que todo síntoma tenga una causa exclusivamente emocional, pero sí que aquello que no puede ser reconocido o elaborado muchas veces busca alguna forma de expresión".

En la psicoterapia que lleva a cabo con jóvenes y adultos, parte del trabajo consiste en reconocer e integrar aquello que quedó relegado a la sombra. Con las infancias, en cambio, la propuesta es educativa, promotora de la salud mental y, además, preventiva: generar condiciones para que sus emociones, cualidades y modos de ser puedan ser reconocidos, expresados y acompañados desde temprano, sin quedar innecesariamente asociados a la vergüenza, al rechazo o al temor de no ser aceptados.

"El propósito no es evitar que exista una sombra, porque forma parte del desarrollo humano, sino procurar que menos aspectos de la personalidad tengan que quedar reprimidos, relegados u ocultos y que los niños puedan relacionarse con su mundo interno de una manera cada vez más consciente", señaló la psicóloga.

A quiénes está dirigido
Actualmente pueden participar infancias de entre cuatro y nueve años. Se van a conformar dos grupos diferenciados: uno de cuatro a seis años y otro deseis a nueve años. Esta organización permite adaptar las actividades a cada momento del desarrollo y, al mismo tiempo, conservar cierta diversidad dentro de cada grupo, favoreciendo la cooperación y el aprendizaje compartido.

Los resultados
A 119 años de la primera Casa dei Bambini, la discusión sobre Montessori ya no pasa tanto por si el método “funciona” sino por las condiciones de esa fidelidad donde resultan clave la formación docente, el tamaño de grupo, la disponibilidad de materiales y la continuidad del programa.

"Cada niño tiene su propio proceso y los cambios no se producen de la misma manera ni en los mismos tiempos. Sin embargo, a través de este tipo de experiencias pueden observarse avances en la autonomía, la concentración, la confianza para intentar cosas nuevas y el cuidado de los materiales y del entorno. También se favorece una expresión más asertiva de las emociones, la ampliación del vocabulario emocional, la posibilidad de identificar con mayor claridad lo que les sucede, pedir ayuda, poner límites y aceptarlos, esperar, tolerar progresivamente la frustración y encontrar formas menos impulsivas de expresar el enojo o resolver los desacuerdos", agregó la profesional.
Otro aspecto muy importante es el reconocimiento de las propias cualidades y de las de los demás, sin comparaciones permanentes. A Varisco le gusta decir que cada niño tiene su propio “superpoder”. "La idea es que pueda descubrir qué lo hace único, cuál es esa cualidad, sensibilidad o capacidad especial que tiene para ofrecer. Y que pueda comprender que no necesita tener el mismo superpoder que otro para ser valioso. Lo interesante, lo curioso y también lo emocionante es poder descubrir cuál es el propio".

El objetivo no es formar niños obedientes ni emocionalmente perfectos, sino acompañarlos para que puedan ser cada vez más conscientes de lo que sienten, de lo que necesitan, de sus capacidades y potencialidades, y de las consecuencias de sus acciones".

Cuándo y en qué horarios
La Casita de la Resiliencia comenzará a funcionar a partir de agosto. Inicialmente, las actividades se van a desarrollar los lunes y los viernes por la tarde. La conformación definitiva de los grupos se organizará de acuerdo con las edades y las necesidades de las familias.

A medida que se incorporen nuevos participantes, se irán sumando más turnos durante la semana, de acuerdo con la demanda. La intención es ampliar progresivamente la propuesta para que todas las infancias interesadas puedan vivir la experiencia de La Casita de la Resiliencia.

Las familias pueden realizar sus consultas por WhatsApp, o a través de las redes sociales del espacio (Ig @lacasitadelaresiliencia )

Una propuesta con valor
La Casita de la Resiliencia vuelve a abrir sus puertas con la intención de ofrecer un espacio cuidado, cercano y respetuoso, en el que los niños puedan aprender haciendo, descubrir sus capacidades y comprender que todas las emociones tienen algo para comunicar. La propuesta integra el hacer, el pensar, el sentir y el convivir.

Parte de la convicción de que, cuanto más podemos conocernos, comprender lo que sentimos y aceptar las distintas dimensiones de quienes somos, más posibilidades tenemos de elegir conscientemente cómo actuar y cómo relacionarnos con los demás.

(*) Melody Andrea Solange Varisco | Lic. en Psicología | MP 2698

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