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Caleidoscopio
Caleidoscopio

El Estado, el comunal y el laissez faire

La marina británica bloqueó los puertos alemanes durante la guerra de 1914, tratando de estrangular la economía alemana. En su "Introducción a la Economía Política", Rosa Luxemburg recordó que entonces las fábricas del Segundo Reich cerraron, los obreros pasaron hambre, comían nabos, y la prensa fogoneó el patriotismo para resistir.

Todo faltaba como consecuencia del bloqueo; los alemanes acudieron al "Ersatz" o sustituto, al que debemos cosas como los granos tostados de cebada, centeno, achicoria y bellotas para reemplazar al café.

En el plano industrial, la falta de acceso al caucho de las colonias de África obligó a inventar muchas cosas, por ejemplo mangueras de riego hechas de flejes metálicos helicoidales, que encajaban perfectamente de modo de impedir pérdidas.

También inventaron caucho sintético y extrajeron bencina por destilación a partir del alquitrán gracias a una industria química muy desarrollada. A pesar de la tenacidad y del rigor metódico germano, sin petróleo de Rumania, sin trigo de Ucrania, sin algodón de Norteamérica, Alemania se derrumbaba.

La conclusión es que actualmente la economía no se puede limitar a un país, no puede ser "economía nacional": será mundial o no será nada.

Rosa contrapone la trabazón de todos los aspectos de la economía, -de la "acción humana" como la llamó luego un teórico ultraliberal- a la disgregación a que se llegaba cuando la colaboración de las partes quedaba impedida, como en el caso de la guerra.

Pero mientras en el liberalismo la trabazón es un resultado de la "mano invisible" del mercado -la armonía del conjunto resultaría del egoísmo de las partes-, en las sociedades tradicionales era la continuación en el conjunto de la naturaleza propia de cada uno.

Otro bloqueo, otras condiciones
Ahora que los Estados Unidos han "extraído" al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa mediante una acción militar de apariencia audaz, que sospechosamente no tuvo resistencia, para juzgarlos como narcoterroristas, es posible que Venezuela sufra un destino similar al que sufrió Alemania más de un siglo antes, aunque las diferencias pueden ser decisivas por las potencias que intervienen para defender los intereses en juego.

En el siglo XIX las potencias europeas, en particular Inglaterra, debieron romper las estructuras económicas y sociales comunales de los países dominados para imponer un sistema que les permitiera enviar a las metrópolis toda la riqueza que pudieran.

La cruel avaricia de un rey
La acción de Europa en sus colonias es ejemplar por exceso en el caso del rey Leopoldo II de Bélgica. Con el pretexto de cristianizar a los salvajes, el rey belga, que se convirtió en propietario privado del Congo en 1885, organizó a los nativos para trabajar. Primero con el marfil y luego con el caucho.

Las condiciones de trabajo eran tales que llevaron a la muerte a 10 millones de nativos, un holocausto mayor que el que Hitler perpetró en sus campos de concentración. Los negros que le parecían holgazanes o flojos sufrían penas como la amputación de las manos, creándoles una invalidez que los condenaba a muerte.

Con estos métodos, Leopoldo amasó una gran fortuna personal, su verdadera intención. Recientemente, una estatua suya que se levantó durante un siglo y medio en una plaza Amberes fue retirada ante reiteradas protestas.

Allá lejos y hace tiempo
Hay rastros de actividad humana hace 800.000 años, por hombres que vestidos a nuestro estilo no distinguiríamos de los contemporáneos si fuera posible pasearlos por el centro de una gran ciudad. La imagen de seres animalescos, toscos, encorvados y feroces, es más producto del prejuicio que del conocimiento.

Durante casi toda esa era, con excepción de los últimos siglos, las sociedades humanas vivieron sin Estado, sin jefes permanentes, sin ricos ni pobres, y sin que nadie fuera dueño de nada porque todo era del clan.

Rosa Luxemburg da una imagen de aquella organización original como "un mundo al revés": el capitalismo enseñó "cada cual para sí y dios contra todos", pero en el origen de la humanidad nadie tenía nada propio pero nadie pasaba hambre. "La propiedad privada no es eterna ni natural, es una enfermedad que la humanidad se contagió bastante tarde".

En la antigua Germania "bárbara" los campos se cultivaban en común. Cada quinquenio la asamblea sorteaba las parcelas para que nadie tuviera siempre la misma, buena ni mala. Bosques, pastos y ríos eran de todos. Si un guerrero volvía herido, recibía asistencia hasta que se recuperara.

Ese cuidado del otro ha sido propuesto como indicio de conductas humanas en los orígenes; pero también los lobos cuidan a los heridos y a los viejos y si muere la madre biológica de un lobezno, todas las lobas de la manada están disponibles pare reemplazarla.

El historiador español Félix Rodrigo Mora demostró que existía y existe todavía en España la propiedad comunal de la tierra-a pesar de embates liberales y falangistas- después de la revolución bagauda contra el imperio romano decadente.

Con el advenimiento del capitalismo, el comunal fue un obstáculo para la propiedad privada. En Inglaterra, los nobles promovieron los cercamientos de campos entre los siglos XVIII y XIX.

Las tierras comunales se privatizaron en parcelas cercadas, algo que recuerda la historia del alambrado en la Argentina, que introdujo en 1845 el inglés Richard Newton para restringir el acceso a la tierra y consolidar la propiedad privada.

Las leyes de vagos y mal entretenidos a que el cercamiento inglés dio lugar inspiraron en la Argentina a las que llevaron al gaucho Martín Fierro al destierro, de donde Hernández quiso que volviera como peón de estancia. El que no tenía papeleta de conchabo firmada por el juez de paz no era peón, era "vago" y podía ser enviado a la frontera, a pelear con los indígenas.

Esas leyes se sancionaron en Inglaterra al comienzo de la edad moderna: "Todos los vagabundos deberán permanecer en cepos por el espacio de tres días y tres noches; después, se les ordenará evitar el pueblo". Durante el reinado del "gordo" Enrique VIII, se aprobó una proclamación que describía la ociosidad como la "madre y raíz de todos los vicios" y como muestra de humanidad se reemplazó el cepo por latigazos.

Una anécdota muestra la personalidad de Enrique, que se peleó con el Papa, se nombró cabeza suprema de la religión que creó, se casó seis veces y mató a dos de sus esposas. (También dispuso construir los cañones navales de hierro y no de bronce, dando a la armada británica incipiente una ventaja decisiva).

Cuando el verdugo se quejó de no poder afrontar el gasto de afilar las hachas para cortar cuellos, Enrique cambió el método. "Para tí, mi amor, lo mejor", dijo, y dispuso decapitar a Ana a espada.

El cercamiento fue el fin de la agricultura comunal y el comienzo de campesinos sin tierra vendiendo su fuerza de trabajo en las ciudades. El Parlamento Británico, el verdadero soberano, dictó las leyes de cercamiento consagrando la legalidad del robo.

Con todas las variantes imaginables, el procedimiento se mantiene: los indígenas del Chaco vivían sobre todo de la pesca. Entonces el Ejército vigiló las costas de modo de impedirles pescar para que se vieran obligados a ofrecerse en los obrajes.

Recuerdos de otros tiempos
Los relictos de la época comunal se mantienen a veces en precaria realidad, a veces en el recuerdo de tiempos idealizados. En Rusia existía el Mir, el uso comunal de los campos. Cada década los campesinos se reunían y repartían de nuevo la tierra según las necesidades de cada familia. Según Rosa Luxemburg el Mir era más fuerte que los úkases que procuraban eliminarlo.

El uso comunal de la tierra era la norma en la India antes de la invasión británica que comenzó con la presencia de la Compañía de las Indias Orientales en el siglo XVII y terminó en el XIX con el establecimiento del Raj Británico.

Cuando existía el comunal los campos se redistribuían cada década. Había fondos comunes para años malos. Los que no trabajaban la tierra, como los herreros y los barberos, recibían su parte a cambio de servir a toda la comunidad.

El sistema evitaba la miseria y el hambre con tanta eficacia, que los ingleses se sorprendían sobre todo recordando cómo eran las cosas en casa.

Pero la rubia Albión no tardó en mostrar su perfidia. Empezaron imponiendo la economía de mercado, desconocida en la India. Los pobres, que antes tenían la subsistencia asegurada, quedaron desamparados. Los agricultores eran forzados a producir para el mercado y no para su comunidad. Además, como los ingleses enfrentaban resistencia armada, practicaron la política de "tierra arrasada". Eran partidarios del laissez-faire, de modo de no intervenir en caso de sequía esperando que las cosas se resolvieran gracias a la mano invisible del mercado.

El laissez faire no permitía interferir, con el argumento de que la ayuda gubernamental crearía dependencia, incluso cuando millones morían. Era una política inspirada en las Leyes de Pobres inglesas, que ofrecían asistencia a cambio de trabajos forzados.

A pesar del drama humanitario, el gobierno siguió exportando grano a Inglaterra durante las hambrunas y vaciando las reservas de la India, agravando la escasez. Lo mismo había hecho Albión con Irlanda.

La independencia de Irlanda
La dieta de los irlandeses dependía de la papa, que había llegado de América a fines del siglo XVI. Pero en 1845 las cosechas fueron destruidas por la plaga del tizón tardío. La crisis alimentaria fue agravada por la excesiva dependencia de la papa y por la política británica del laissez faire; fue atribuida por los ingleses a la pereza irlandesa y cuando esta explicación no bastó, al castigo divino.

Un millón de irlandeses, de una población de ocho millones, murieron de hambre y otro millón emigraron, sobre todo a los Estados Unidos; pero la actitud de Albión provocó en ellos un encono que derivó décadas después en la independencia de Irlanda, primero parcial y luego total.

Rigidez ideológica y racista
En la India, los ingleses no limitaron su ideología ni sus prejuicios raciales, mucho antes que la vida de los indios estaba para ellos el bajo costo y las exportaciones a Inglaterra.

La política de la potencia dominante hizo que las sequías y los periodos habituales de escasez se convirtieran en catástrofes, como no hubo en tiempos del uso comunal de la tierra, cuando prevalecía una mentalidad más empática y una organización más solidaria y más inteligente.

Durante una de las hambrunas, el gobierno virreinal organizó en Calcuta un reparto de barritas de chocolate con la finalidad de que los famélicos que acudieran donde se repartían murieran todos en el mismo lugar, de modo de no tener que recoger cadáveres en sitios apartados.

La región más afectada fue Orissa, un estado del noreste, junto al golfo de Bengala, apodado "El Alma de la India". En Orissa una de cada tres personas murieron. La hambruna tuvo consecuencias políticas para Inglaterra, porque iluminó la consciencia sobre las causas de la pobreza y terminó después de la segunda guerra mundial en la independencia. Antes, Gandhi había iniciado la guerra de la sal, porque los ingleses habían prohibido obtener sal del mar, como era costumbre ancestral, para preservar su monopolio comercial. La avaricia rompe el saco y la de los ingleses hizo que perdieran la "joya de la corona". Todavía se recuerda que cuando las calles estaban cubiertas de cadáveres, los ingleses repetían que la no asistencia era la mejor asistencia.

La dominación británica en la India fue alabada por Hitler, que la tuvo como modelo de triunfo de una raza superior y la tomó como modelo de lo que pretendía hacer en Europa oriental. Tenía alta opinión del uso que hicieron los ingleses de los cipayos, tropas indias que dirigían sus armas contra los propios indios.

Comunidad cristiana primitiva
Los indicios de que la propiedad comunitaria estaba viva y operante en el pasado aparece en las investigaciones sobre las condiciones de vida de comunidades que tuvieron alguna relevancia, como los esenios en tiempos helenísticos y romanos de Israel. Los Hechos de los Apóstoles dan una señal, quizá idealizada, para recalcar la novedad de la vida de los primeros cristianos.

Los Hechos, texto atribuido al evangelista Lucas, del que se supone era un médico griego, dice: "Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón"

Y en otra parte: "La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. (...) Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.

El Ayllu en Nuestra América
El profesor Juan José Rossi, radicado en Chajarí, considera al ayllu "una estrategia existencial comunitaria de miles de años en distintos enclaves del continente Abya Yala, al que los europeos llamaron América".

Ayllu normalmente se traduce por “comunidad” con implicancias profundamente colectivas; "surgió de un pensamiento expresado en un accionar común, manifestado, por ejemplo, en la igualdad y el respeto entre las personas y hacia la naturaleza".
De la Redacción de AIM.

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