Según un relato milenario, una noche Siddharta Gautama, el Buda Sakyamuni, muy poco afecto a las especulaciones metafísicas, dio una breve explicación para responder a la pregunta de un discípulo: ¿cuál es el fundamento último de la naturaleza y el mundo?
La respuesta fue: "la red de Indra", una manera alegórica de referirse a un entrelazamiento de todas las cosas entre sí, a la persistencia en los enlaces entre todo lo que es y con lo que fue.
La ciencia moderna ha hecho algunas comprobaciones en este sentido. Por ejemplo toda biosfera completa es una red de interrelaciones entre seres vivos individuales, comunidades y ecosistemas, de manera que ninguno es realmente independiente, ninguno está verdaderamente solo, todos están conectados y forman entre todos un sistema único.
El biólogo estadounidense Barry Commoner sintetizó para la ecología este punto de vista en cuatro leyes:
1) Todo está relacionado con todo lo demás; lo que suceda a un individuo afecta al resto de la bioesfera por una suerte de efecto dominó.
2) Todo debe ir a alguna parte; no hay residuos en la naturaleza y no hay un «afuera» donde las cosas puedan ser arrojadas.
3) La naturaleza es la más sabia; su funcionamiento se ha optimizado en millones de años; la evolución generó organismos que se adaptan unos a otros; es imposible diseñar algo que funcione tan bien como lo que resultó de una larga evolución.
4) En ecología, no hay ganancia que no cueste algo. Cualquier cosa que sea extraída de un ecosistema debe ser reemplazada.
Estas reglas son fáciles de entender desde el punto de vista racional, lo difícil emocionalmente es abandonar la convicción de que todo gira alrededor del hombre y de sus necesidades, una convicción arraigada que se inició con los humanistas del Renacimiento y está en declive ahora, pero para dar lugar a la explotación de la naturaleza con una potencia destructiva que antes no existía, a un desequilibrio suicida.
También la física cuántica tiene algo que decir en este terreno con su teoría del entrelazamiento, que postula que dos partículas subatómicas vinculadas siguen actuando entre sí de la misma manera aunque se las separe a distancias astronómicas y para influirse mutuamente la influencia deba viajar a velocidades imposibles.
Según el mito de la red de joyas de Indra -una formulación adaptada a la comprensión de todos como las parábolas o los cuentos infantiles- el dios Indra, rey de los devas y señor del Cielo, colgó una red en su palacio del monte Meru, que está en el centro del mundo y tiene la altura fabulosa de 450.000 kilómetros, para marcar que es la vinculación del cielo con la tierra.
La red se extendía infinitamente en todas direcciones, como una telaraña gigantesca, y en cada nudo había una joya, que reflejaba en cada una de sus facetas todas las demás gemas de la red infinita. Quien observara una de esas joyas comprobaría que en ella se reflejaban todas las demás.
El discípulo que formuló la pregunta manifestó incredulidad porque no veía la red ni joyas por ninguna parte. ¿Dónde están las gemas de que hablas?, yo no las veo en este mundo. Buda le contestó que él, el que parecía no creer porque no veía, era una de las gemas de la red. "Cada persona, cada animal, cada árbol, cada planta, cada mota de polvo bajo los rayos del sol o cubriendo los caminos es una gema de la red de Indra"
Pero no solamente los objetos materiales son joyas de la red, también los sentimientos que experimentamos ahora o que hemos sentido o que sintieron los que ya no están en este mundo desde hace miles de años; cada idea que se cruza o se cruzó por la cabeza de cada uno desde el comienzo de los tiempos.
"Dentro de ti se refleja todo lo que existe y todo lo que ha existido en el universo, y tú te reflejas a tu vez en todo lo que existe". Cada uno está dentro de cada ser humano, de cada animal, de cada mota de polvo, de cada idea, pensamiento o sentimiento. A cada instante, el mundo está dentro de cada uno y cada uno está en todo lo que existe.
El Bhagavad Gita, texto inspirado del hinduismo que Buda rechazó junto con los Vedas; pero da forma a su su doctrina heterodoxa, considera la presencia del universo en cada ser y a cada ser como inmerso en el universo como objeto de comprensión intuitiva.
Buda terminó su explicación: "Esta es la verdad última de la vida y del mundo, la verdad de la existencia común y de la interdependencia". Por más que cada uno, sobre todo en la sociedad individualista moderna, se vea a sí mismo como independiente, separado, enfrentado a los demás, en competencia con ellos, forma parte de una red de relaciones de la que apenas tiene consciencia, pero no por eso es menos real y efectiva.
Nadie es capaz de existir por sí mismo, ajeno a su origen y a las relaciones que le dan su lugar como un nudo de una red ilimitada. El relato termina con el discípulo comprendiendo lo que Buda quería decir, y lamentando haber dicho que no veía red alguna a su alrededor. La comprensión hizo brotar lágrimas en sus ojos y en ellas se reflejaban todos los seres del universo.
Alrededor de 26 siglos después, el matemático francés Benoit Mandelbrot reclamó atención para los fractales, para la relación de lo grande con lo pequeño, para las semejanzas entre las estructuras del átomo y de las galaxias, a los vórtices y las espirales como expresión de la máxima eficiencia combinada con el menor gasto energético, así en lo ínfimo como en lo máximo.
En el prólogo de "Fractales por todas partes", el matemático australiano Miguel Bransley advierte a sus lectores sobre una reacción similar a la del discípulo de Buda cuando comprendió: "La geometría fractal cambiará a fondo su visión de las cosas; seguir leyendo es peligroso, se arriesga a perder la imagen que tiene de nubes, bosques, galaxias, hojas, plantas, flores, rocas, montañas, tapices y muchas otras cosas. Jamás volverá a recuperar las interpretaciones de los objetos que hasta ahora le eran familiares".
A diferencia de Bransley, Buda no intentó inquietar con peligros, al contrario. Terminó su explicación con una exhortación guiada por la valoración imparcial de todas las cosas: "cuiden de la felicidad de todo lo que los rodea, de todos los seres, tanto como si parece que sienten y tienen vida como si no. Todos existen en lo más profundo de sus corazones". Y por corazón no se entiende la sede de las emociones sino el centro del Ser total.
De la Redacción de AIM.
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