La reserva natural educativa “Montecito de Lovera” está en Cerrito, a unos 60 kilómetros de Paraná, junto a la ruta nacional 12 y a la provincial 8, donde funciona desde fines de 2001.
Originalmente, esta área estaba ocupada por bosques nativos de la región fitogeográfica del Espinal, y fue modificándose con las actividades de los colonizadores que desde fines del siglo XIX, se dedicaron fundamentalmente a la agricultura.
El avance de los sembrados, últimamente el devastador de la soja, ha producido profundos cambios y una disminución notable de la superficie ocupada por el bosque nativo, creando un paisaje en mosaico de parcelas cultivadas y relictos de montes.
A principios de siglo los bosques del Espinal cubrían casi un 40 por ciento de nuestro territorio continental, hoy esa superficie no llega al 12 por ciento y solo el 0,1 por ciento está representado en nuestro sistema Nacional de Áreas Protegidas.
El “Montecito de Lovera” está en el extremo noreste de la localidad de Cerrito y coincide con el comienzo de una cuenca que comprende un sistema de arroyos que desaguan en el río Paraná, distante 17 kilómetros, y conecta con un número importante de corredores de bosques en galería. Este sistema permite mantener una rica diversidad en el predio destinado a la reserva.
El área protegida tiene una extensión de 6 hectáreas, las especies arbóreas dominantes son el algarrobo, ñandubay, espinillo, chañar, talita, palmera caranday; y en dicho predio se encuentran representados distintos tipos de ambientes, desde el bosque maduro cerrado, bosque bajo abierto, pastizal, zonas bajas anegadas y laguna.
Desde hace varias generaciones el “Montecito de Lovera” tuvo un uso recreativo. Los abuelos hacían allí los pic-nics de la primavera y no son pocos los que han pescado en la laguna o practicaron tiros de gomera contra la tuna.
A lo largo de los años, la imaginación popular lo soñó jardín botánico o zoológico. Finalmente, el proyecto largamente postergado de María Elena Zaccagnini y la generosidad de la familia de Héctor Lovera, que donó a la municipalidad el inmueble, hicieron posible convertir ese espacio en reserva natural que además de conservar, educa a la comunidad sobre la importancia de respetar los procesos ecológicos para sostener la vida y el bienestar de los hombres.
Estimulados por el proyecto, los docentes de Cerrito se capacitaron en educación ambiental y asumieron la responsabilidad de diseñar los senderos temáticos y desarrollar los contenidos a trabajar en la reserva para los distintos niveles de la educación, tanto de las escuelas locales como las visitantes.
Además, la reserva esta pensada para ofrecer a la comunidad local y regional de un lugar de recreación, de acercamiento y sensibilización a las particularidades del bosque que, por estar tan cerca, suelen no ser apreciadas.
La reserva tiene trazados tres senderos que suman en total 900 metros. El sendero 1, de 530 metros, interpreta al bosque y la importancia del agua para el desarrollo del mismo y del funcionamiento del ecosistema.
El sendero 2, de 200 metros, interpreta a los animales, sus huellas y sus vinculaciones con distintas características de los ambientes y los recursos disponibles en el bosque, y el Sendero 3 de 195 metros enfoca la historia del Montecito de Lovera, desde el paso histórico de Manuel Belgrano en su paso al Paraguay, los bailes de los pobladores fundadores de Cerrito, y la visión antropocéntrica del bosque a la ciudad. En cada sendero se proyecta ofrecer cartelería descriptiva de las especies, preguntas relacionadas al tema del sendero, y oportunidades de interpretación o respuesta a las mismas.
Para los fines educativos, se ha diseñado material de folletería con guías para los docentes (vínculo guías) y los alumnos, con descripciones de los distintos ambientes y recursos del montecito, y con actividades de indagación relacionadas a distintos temas según la temática de los senderos a partir de la que los docentes que planean visitar la reserva, pueden planificar las actividades con los alumnos de los distintos niveles educativos, desde el jardín hasta el polimodal.
El predio de la reserva ha sido donado por sus propietarios al municipio de Cerrito con el objetivo de crear una reserva de bosque nativo con fines educativos. El municipio realizó convenio con la provincia de Entre Ríos para declararla parte del sistema de áreas protegidas provinciales y convocó a docentes, profesionales y ciudadanos de Cerrito para conformar una comisión técnica de voluntarios para la construcción y el manejo de la reserva.
Dicha Comisión técnica está organizada en sub-grupos, que tienen a su cargo el diseño del plan de manejo, los contenidos educativos, las finanzas, la comunicación, la sanidad y primeros auxilios y la seguridad.
El grupo educación fue el primero en constituirse, y trabaja desde setiembre del 2001, en un programa de capacitación a docentes de distintos niveles, a fin de preparar el proceso de enseñanza de la ecología del ecosistema boscoso por el método de indagaciones de primera mano (Eepe - Audubon Society - Feisinger).
Las actividades educativas y de diseño de la reserva han sido cubiertas con fondos municipales, del Proyecto Monitoreo Ecológico del Inta, de Audubon Society (Eepe), y particulares. Otras actividades han sido cubiertas por fondos de gestión propia del grupo de finanzas de la Comisión Técnica
Los aspectos generales de planificación, las características de senderos, cartelería, mensajes, folletería, fueron definidos con la colaboración y el asesoramiento técnico de profesionales de Parques Nacionales, Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre Argentina y Reserva de Costanera Sur (todos de Buenos Aires).
Las tareas de mantenimiento se hacen con el apoyo de la comisión de voluntarios y empleados municipales.
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