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Caleidoscopio
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Vida, ciencia y fantasía

No sabemos cómo apareció la vida en la Tierra: tenemos abierto un amplio campo de especulación, donde cada uno puede deja volar su fantasía con la precaución de revestirla de una lógica mínima, para darle verosimilitud.

La panespermia sostiene que algunos microorganismos viajaron por el espacio exterior en cometas o meteoritos y germinaron en la Tierra.

Así habría llegado la vida a la Tierra, es una posibilidad. Luego comenzó la larga evolución que nos trajo hasta el presente, cuando las ideas surgidas de seres ya muy lejos de aquellos inicios tratan de combinar sus propios cuerpos con máquinas: el transhumanismo.

El primer viaje debió ser muy azaroso: un meteorito arrancado de Venus o Marte hace miles de millones de años se disparó al espacio por una catástrofe en su planeta y por una gran casualidad, con una puntería inaudita, cayó en la Tierra.

El ser o la molécula viva que contenía en su interior, tras pasar años en el vacío a 270 grados bajo cero, sufrió el incendio del meteorito en la atmósfera terrestre, se liberó y por milagro se mantuvo vivo e inició de una aventura increíble.

Es posible que seamos extraterrestres sin necesidad de ovnis ni androides. Pero hay otros extraterrestres que no somos nosotros, que desde hace mucho vienen ocupando y preocupando a la humanidad.

Está demostrado que toda la materia que constituye nuestros cuerpos formó parte en un pasado remotísimo de las grandes nubes de gas interestelar que dieron origen al sistema solar, antes de existir los planetas.

Los antiguos sin duda no eran tan ignorantes como queremos creer. En el siglo pasado se descubrió en grabados de la antigua Sumeria la imagen de una estrella con pequeñas esferas rotando a su alrededor: un sistema solar clarísimo, con el sol en el medio y los planetas alrededor. Era la doctrina heliocéntrica hace milenios, que nosotros preferimos ver cristalizar en Copérnico en el siglo XVI.

El psicólogo transpersonal Stanislav Grof, en un intento de explicar los ovnis, un fenómeno que elude la experimentación y que genera fuerte entusiasmo y fuertes críticas, los considera "una experiencia psicoide", no pertenecen al reino del psiquismo ni al reino de la realidad material sino que están ubicados en el interregno entre la conciencia y la materia.

El punto sigue siendo si la Tierra fue visitada en el pasado por extraterrestres, una de las interpretaciones posibles de los fenómenos a que aludimos antes en diversos tiempos y lugares, y si está siendo visitada ahora o se trata de una ilusión.

En este caso, sería una fantasía propia de una época donde un orden de creencias cede para dar lugar -en el mejor de los casos- a otro que lo reemplaza en quienes de todos modos no pueden esperar, necesitan creer ahora en algo visible y tangible.

La naturaleza "psicoide" de los ovnis permite atribuirles una condición intermedia entre las alucinaciones y los fenómenos "reales".

Esta condición híbrida hace difícil estudiar científicamente la materia porque la ciencia necesita una distinción clara entre lo real y lo irreal; no puede navegar en aguas intermedias salvo las proezas de los físicos cuánticos, por ejemplo.

Un formidable erudito como era el médico y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, discípulo apartado de la escuela psicoanalítica de Freud, aplicó al fenómeno Ovni su método de "ampliación", que consiste en estudiar el fenómeno y todo cuanto pueda relacionarse con él en cualquier ciencia y fuera de la ciencia en cualquier tiempo y lugar.

En su libro sobre la "cosas que se ven en el cielo", Jung volvió sobre tu teoría psicológica de los arquetipos, formaciones del inconsciente colectivo anteriores incluso a la experiencia humana, es decir, formadas en épocas en que no éramos todavía propiamente humanos.

Postuló que las visiones de ovnis eran visiones arquetípicas que se originan en el inconsciente colectivo. Queda por saber qué fue lo que en un momento prehumano permitió que tales visiones anclaran en el nivel más profundo posible de la conciencia, justamente aquel en que lo psíquico se hunde en lo físico, lo que Grof llamó "psicoide".

Si hay civilizaciones con tecnología como la que se sobrepone sobre nuestras especulaciones en torno de los extraterrestres, no hay motivo para pensar que no pueden operar sobre la conciencia.

Así, sus visitas parecen fantasías para unos y realidad para otros, sin detenerse en el deslinde nítido que exigimos entre estas dos categorías.

Un expositor de estas cuestiones dice que si los ovnis existen y son producto de una tecnología avanzada, confluyen en ellos dos campos hasta ahora antagónicos: el mundo racional de la tecnología avanzada y el mundo irracional de la fantasía, con el corolario de que la diferencia entre ambos se borra.
De la Redacción de AIM.

extraterrestres meteoritos astronomía Vida

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