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Morosidad récord: cómo ordenar las deudas y cuándo conviene refinanciar un crédito

El creciente endeudamiento de los hogares encendió una señal de alerta en un escenario en el que la morosidad alcanzó niveles récord en más de 20 años. Tarjetas de crédito, préstamos personales, descubiertos y créditos ofrecidos por billeteras digitales ampliaron las posibilidades de financiamiento, pero también pueden convertirse en un problema cuando las cuotas comienzan a absorber una parte cada vez mayor de los ingresos.

La facilidad para obtener dinero en pocos minutos modificó la relación de muchas familias con el crédito. El problema aparece especialmente cuando deja de utilizarse para afrontar una compra o necesidad puntual y pasa a funcionar como una extensión permanente del salario.

Refinanciar la tarjeta, utilizar el descubierto bancario o solicitar un nuevo préstamo para cubrir los gastos del mes puede ofrecer un alivio inmediato, pero también alimentar una cadena de endeudamiento cada vez más difícil de sostener.

En ese contexto, especialistas en finanzas personales advierten que el primer paso no necesariamente consiste en intentar cancelar todas las obligaciones de inmediato, sino en conocer exactamente cuánto se debe, cuál es el costo de cada deuda y qué capacidad real de pago tiene el hogar.

El dato clave: cuánto cuesta realmente cada deuda

Una de las primeras recomendaciones es reunir en un mismo lugar todas las obligaciones financieras: saldo pendiente, cantidad de cuotas, vencimientos, tasas y monto mensual comprometido.

Pero para saber cuál es la deuda más cara no alcanza con comparar el valor de las cuotas o la tasa nominal informada por bancos y financieras. Uno de los indicadores centrales es el Costo Financiero Total (CFT), que incorpora intereses, comisiones, seguros y otros cargos asociados al préstamo.

La diferencia puede ser significativa, especialmente cuando se acumulan diferentes instrumentos de financiamiento.

Tarjetas, préstamos personales, créditos de aplicaciones y descubiertos bancarios pueden parecer obligaciones independientes, pero sumados pueden representar una porción considerable del ingreso disponible de una familia.

Cuándo puede convenir sacar un préstamo para pagar otro

Aunque puede parecer contradictorio, tomar un nuevo crédito para cancelar otro no siempre constituye una mala decisión.

La operación puede resultar conveniente cuando permite reemplazar una deuda con una tasa elevada por otra con un costo financiero inferior. En ese caso, no aumenta necesariamente el problema: se modifica la estructura del endeudamiento para intentar reducir cuánto cuesta financiarlo.

La lógica consiste en priorizar las obligaciones más caras. Si una deuda puede sustituirse por otra con mejores condiciones, la refinanciación puede disminuir el costo total y hacer más manejables los pagos mensuales.

Distinto es el escenario en el que una persona solicita un préstamo para pagar una deuda y, al mismo tiempo, continúa utilizando nuevamente el crédito liberado para financiar sus gastos cotidianos. Allí existe el riesgo de terminar acumulando obligaciones en lugar de sustituirlas.

La señal de alerta: endeudarse para llegar a fin de mes

Uno de los indicadores más preocupantes aparece cuando pedir dinero deja de ser excepcional.

Si todos los meses resulta necesario refinanciar el saldo de la tarjeta, utilizar el descubierto o solicitar otro préstamo para cubrir alimentos, servicios, alquiler u otros gastos habituales, la dificultad ya no está solamente en la tasa de interés.

En ese escenario, los gastos corrientes se encuentran por encima de los ingresos disponibles y un nuevo crédito puede postergar el desequilibrio, pero difícilmente resolverlo.

Por eso, antes de asumir otra obligación es importante calcular cuánto del ingreso mensual ya está destinado al pago de cuotas y analizar si existe margen real para afrontar un nuevo compromiso.

Negociar antes de dejar de pagar

Cuando las cuotas empiezan a resultar imposibles de afrontar, otra recomendación es comunicarse con el acreedor antes de abandonar directamente los pagos.

La renegociación puede incluir una extensión de los plazos, una reducción de la tasa o la consolidación de distintas obligaciones en una sola deuda que resulte más manejable.

El objetivo no siempre será cancelar inmediatamente todo lo adeudado, sino conseguir condiciones compatibles con los ingresos disponibles y evitar que intereses, punitorios y nuevas obligaciones profundicen el problema.

Cinco pasos para empezar a ordenar las cuentas

Frente a una situación de sobreendeudamiento, el punto de partida es realizar un diagnóstico completo: cuánto dinero ingresa al hogar, cuánto se destina a gastos esenciales y qué monto queda comprometido mensualmente con obligaciones financieras.

Luego, es necesario identificar las deudas de mayor costo y evaluar si existen alternativas de refinanciación más económicas. También resulta fundamental evitar sumar nuevos préstamos destinados exclusivamente a sostener gastos corrientes.

Otra medida es contactar a bancos, financieras o proveedores de crédito para consultar opciones de renegociación antes de que el atraso continúe creciendo.

Finalmente, llevar un registro único con saldo, tasa, cuota y fecha de vencimiento permite visualizar el endeudamiento total y tomar decisiones con mayor información. Esa organización es una de las recomendaciones centrales para comenzar a recuperar capacidad financiera.

El crédito puede ser una herramienta útil para resolver una necesidad puntual o financiar una compra. La señal de riesgo aparece cuando se vuelve indispensable para sostener todos los meses un nivel de gastos que los ingresos ya no alcanzan a cubrir.

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