El Salario Mínimo, Vital y Móvil (Smvm) atraviesa un deterioro más profundo que en períodos anteriores. En los primeros dos años del actual Gobierno, perdió casi treinta y seis por ciento de su capacidad de compra. Pasó de 146.000 pesos en noviembre de 2023 a 328.400 pesos en noviembre de 2025, con un incremento nominal del ciento veinticuatro coma nueve por ciento frente a una inflación acumulada del doscientos cincuenta coma siete por ciento.
Esta pérdida de poder adquisitivo también se refleja en el valor hora: en 2023, los 730 pesos apenas alcanzaban para un litro y medio de leche; en la actualidad, los 1.642 pesos permiten comprar solamente un litro.
Ajustes por debajo de la inflación
El esquema fijado por el Ejecutivo tras la falta de acuerdo entre gremios y empresarios establece aumentos mensuales decrecientes hasta agosto de 2026. Entre agosto y noviembre de este año, el salario mínimo aumentó uno coma noventa y dos por ciento, mientras la inflación del mismo período fue del seis coma cuarenta y tres por ciento. Para diciembre, el SMVM se ubicará en 334.800 pesos, lo que marcará una caída real del ocho coma cinco por ciento en 2025.
Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, el incremento previsto es del dieciséis coma nueve por ciento, muy lejos del ritmo inflacionario proyectado. La política salarial oficial busca que los ajustes se deslicen hacia el uno por ciento mensual, un porcentaje insuficiente para revertir el escenario de pérdida continua.
Un retroceso histórico
El Smvm viene en caída desde 2011 y acumula una merma del ciento por ciento en términos reales en ese período. Si no hubiese sufrido este deterioro a lo largo de la última década, hoy superaría los 800.000 pesos, más del doble del valor vigente. El nivel actual es incluso inferior al que regía en la segunda mitad de la década de 1990 y durante la crisis de la Convertibilidad, momentos en los que la política de salario mínimo había sido prácticamente abandonada.
Incumplimiento de su función legal
Según la Ley de Contrato de Trabajo, el salario mínimo debe garantizar a cualquier trabajador sin cargas de familia una canasta que incluya alimentación adecuada, vivienda digna, transporte, educación, salud, vestimenta, vacaciones y esparcimiento. La realidad muestra que el Smvm vigente no cubre ninguno de estos objetivos.
El impacto se extiende tanto a trabajadores mensualizados o jornalizados como a quienes se desempeñan en la informalidad, que representan casi cuarenta por ciento del total de asalariados y toman el salario mínimo como referencia. Además, al ser menor que la jubilación mínima, su valor no se utiliza como parámetro del ochenta y dos por ciento móvil para quienes aportaron durante treinta años o más.
Un piso que ya no sostiene
La degradación del poder de compra del salario mínimo evidencia la profundización de la desigualdad laboral y la pérdida de protección para los sectores con ingresos más bajos. Mientras continúe por debajo de la línea de inflación, el salario seguirá incumpliendo su razón de ser: garantizar un sostén básico para quienes trabajan.