Antibióticos, residuos farmacéuticos, productos de cuidado personal y microplásticos son algunos de los contaminantes emergentes que cada día terminan en los océanos. Conocer “cómo están, si están y de qué forma están” resulta fundamental tanto para los ecosistemas como para la salud humana.
En esa tarea trabajan las investigadoras Marinella Farré y Marta Llorca, quienes participan en el proyecto One-Blue. La iniciativa, coordinada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Csic), reúne a más de 100 especialistas de 18 instituciones europeas con una misión común: evaluar los efectos de los contaminantes emergentes en los entornos marinos.
Para ello, ya realizaron nueve campañas oceanográficas que abarcaron distintas áreas del Mediterráneo, el Atlántico y el Ártico. Como resultado, obtuvieron más de 10.000 muestras de antibióticos, fármacos y aditivos de plástico.
“Hay una variedad de sustancias muy amplia, pero muy, muy amplia, que encontramos ya no solo en concentraciones individuales, que también, sino en mezclas que son como cócteles de sustancias cuyos efectos influyen unos con otros y, por lo tanto, son dinámicas que necesitamos estudiar para poder prevenir”, explicó Llorca en una conversación con EFE Verde.
Se trata de compuestos que actualmente no están regulados, pero de los que se conoce su amplia utilización y su capacidad para persistir y afectar negativamente al ambiente.
Sin embargo, todavía existe “cierto desconocimiento” sobre cómo se distribuyen en las zonas marinas y cuáles son sus efectos tanto sobre la salud del mar como sobre la de las personas.
“La salud marina es la salud del planeta y, por lo tanto, es nuestra salud, a través de la regulación climática, a través de la calidad del agua y a través de los alimentos que consumimos del mar”, resumió Farré.
Para la investigadora, uno de los hallazgos más sorprendentes hasta el momento fue detectar la presencia de algunos plastificantes en zonas bastante profundas del océano.
Nuestra salud, en juego
Conocer cómo afectan estos contaminantes emergentes a la salud es uno de los objetivos del proyecto, un ámbito que se estudia desde “diferentes perspectivas”, como el cambio climático y la cadena trófica marina.
“Hay una parte importante de los antibióticos que ahora estamos utilizando que en los siguientes años no tendrán validez para la medicina humana, porque los genes de resistencia están creciendo y, por lo tanto, dejarán de ser efectivos para su utilización en la lucha contra enfermedades”, aseguró Farré, profesora de investigación en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea-Csic).
A esto se suma la emisión de una serie de sustancias orgánicas al mar, que afecta la regulación climática realizada por los microorganismos marinos.
La investigadora añadió un tercer efecto: “Si se muere el mar, moriremos todos. Es así”.
Por ese motivo, el proyecto se concentra en proporcionar métodos de medición autónomos y accesibles, además de bases de datos que faciliten la regulación de estas sustancias.
Antes de elaborar esas normativas, “hace falta saber hasta dónde están llegando estos compuestos”, agregó Llorca, quien también es científica del Idaea y cocoordinadora del proyecto.
Invertir en la depuración del agua
Además de avanzar en la regulación, las investigadoras consideran necesario mejorar la depuración de las aguas en origen para reducir la exposición de los océanos a estos componentes.
“Hay focos de emisión que se sabe que son un problema, por lo que se tendría que trabajar para que, en este origen, se pudiera ya frenar un poco el problema”, afirmó Llorca.
Farré añadió: “Creemos que se tiene que continuar una inversión y una investigación en esta depuración, sobre todo con nuevos métodos que sean más eficientes para este tipo de compuestos”.
Las científicas también destacaron la necesidad de concientizar a la población para evitar el uso excesivo de determinados productos.
Como ejemplo mencionaron la industria del plástico, “un material fantástico que salva vidas todos los días”, pero que solo debería utilizarse cuando sea realmente necesario.
El papel del cambio climático
En un mundo en el que el aumento de la temperatura del mar “va a hacer que todo vaya a cambiar” y en el que los organismos “ya están afectados” por su influencia sobre el ambiente marino, el exceso de contaminantes emergentes representa “otro impacto más”.
Por ese motivo, One-Blue evalúa cómo el cambio climático afecta a los organismos cuando existe presencia de contaminantes emergentes.
Además, eventos extremos como las lluvias torrenciales pueden provocar vertidos masivos que superan la capacidad de las plantas depuradoras y liberan altas concentraciones de sustancias tóxicas al mar.
El proyecto, que continuará en marcha hasta 2027, espera contar con bases de datos más sólidas y conocer todavía mejor el océano o, lo que es lo mismo, “lo que nos mantiene vivos” y “mantiene con vida el planeta”.
Fuente: Agencia EFE Verde