Durante décadas, la jirafa permaneció al margen de las grandes campañas internacionales de conservación. Mientras los elefantes, los rinocerontes y los grandes felinos concentraban la atención mediática, el mamífero terrestre más alto del planeta veía reducirse su población de manera constante.
La disminución fue tan prolongada y poco visible que el naturalista Sir David Attenborough llegó a definirla como una “extinción silenciosa”.
Según la Giraffe Conservation Foundation (GCF), la población de jirafas en África pasó de unos 155.000 ejemplares a alrededor de 117.000 durante los últimos 35 años, lo que representa una reducción cercana al 30 por ciento.
En algunas regiones, la pérdida de su área de distribución alcanzó el 90 por ciento durante los últimos siglos y la especie desapareció por completo de siete países africanos.
Sin embargo, el panorama comienza a cambiar. El trabajo coordinado entre organizaciones conservacionistas, administraciones públicas, científicos y parques zoológicos permite estabilizar algunas poblaciones e incluso recuperar otras que hace apenas unas décadas parecían condenadas a desaparecer.
Cuatro especies, cuatro desafíos
Uno de los avances científicos más relevantes de los últimos años fue demostrar que no existe una única especie de jirafa, sino cuatro especies diferentes: la jirafa del norte, la reticulada, la masái y la del sur.
Este cambio de clasificación permitió diseñar estrategias de conservación específicas para cada una, ya que sus poblaciones atraviesan situaciones muy diferentes.
La situación más delicada corresponde a la jirafa del norte, *Giraffa camelopardalis*, de la que sobreviven poco más de 7.000 individuos.
Dentro de esta especie se encuentra la jirafa nubiana, catalogada en Peligro Crítico de Extinción y con apenas unos 3.000 ejemplares en libertad.
Otras especies muestran una evolución más esperanzadora. La jirafa del sur, por ejemplo, experimentó una recuperación significativa durante los últimos años, mientras que la reticulada comienza a beneficiarse de programas de conservación desarrollados en el norte de Kenia.
Gran parte de estos avances llevan la firma de la Giraffe Conservation Foundation, la única organización dedicada exclusivamente a la conservación de las jirafas.
Sus proyectos se desarrollan en 21 países africanos y combinan investigación científica, protección del hábitat, seguimiento mediante tecnología GPS, colaboración con comunidades locales y programas de reintroducción de ejemplares.
Los resultados comienzan a ser visibles. Uno de los casos más destacados es el de Níger, donde la jirafa de África Occidental pasó de apenas 49 individuos a superar los 600 gracias a décadas de trabajo continuado.
En Uganda, los programas de translocación y protección de la jirafa nubiana también permitieron aumentar significativamente sus poblaciones.
Estos ejemplos demuestran que la conservación puede revertir tendencias que parecían irreversibles cuando se mantiene en el tiempo y cuenta con respaldo científico.
El papel del Zoo Aquarium de Madrid
Aunque la recuperación se produce sobre el terreno, los zoológicos modernos cumplen un papel cada vez más importante como apoyo a estos programas internacionales.
El Zoo Aquarium de Madrid participa en el Programa Europeo de Especies en Peligro (EEP) de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios para la conservación de la jirafa del norte, concretamente de la subespecie nubiana.
En sus instalaciones viven cuatro ejemplares de esta subespecie, cuya gestión forma parte de una estrategia coordinada entre instituciones europeas para mantener una población genéticamente sana y respaldar los esfuerzos de conservación desarrollados en África.
Además del cuidado de estos animales, el parque desarrolla una importante tarea de educación ambiental.
Cada año, miles de visitantes conocen de cerca una especie cuya situación todavía resulta desconocida para gran parte del público, lo que favorece la sensibilización sobre las amenazas que enfrenta y la necesidad de proteger sus hábitats naturales.
A través de la Fundación Parques Reunidos, también colabora económicamente con la Giraffe Conservation Foundation en proyectos desarrollados directamente en África.
Entre ellos se destaca el programa Nubian Giraffe Conservation in Uganda, impulsado junto con la Uganda Wildlife Authority, donde la protección del hábitat y la reintroducción de ejemplares contribuyen a recuperar una de las subespecies más amenazadas del planeta.
La historia reciente de la jirafa demuestra que conservar una especie no depende únicamente de evitar su desaparición inmediata.
También requiere proteger los ecosistemas donde habita, trabajar con las comunidades locales, impulsar la investigación científica y mantener programas internacionales de cooperación durante décadas.
En ese contexto, los zoológicos acreditados se convirtieron en un complemento de la conservación sobre el terreno, al contribuir a mantener poblaciones de respaldo, financiar proyectos y acercar al público la realidad de especies cuya situación suele pasar inadvertida.
A pesar de los avances alcanzados, el futuro de la jirafa continúa siendo incierto. Algunas poblaciones comienzan a recuperarse, pero otras siguen afectadas por la pérdida de hábitat, la fragmentación del territorio y la presión humana.
La que alguna vez fue definida como una “extinción silenciosa” comienza hoy a encontrar nuevas voces que trabajan para evitarla.
Entre ellas se encuentran científicos, organizaciones internacionales y centros como el Zoo Aquarium de Madrid, donde la conservación de la jirafa continúa mucho después de que finaliza la visita de los espectadores.
Fuente: ABC (España)