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Nepal en llamas: 30 muertos, miles de heridos y un país al borde del colapso político

La crisis en Nepal se profundiza día a día tras las masivas protestas que estallaron el lunes por la prohibición gubernamental de 26 redes sociales. Lo que comenzó como una manifestación juvenil en defensa de la libertad de expresión se transformó en una ola de violencia que ya dejó 30 muertos y más de 1.000 heridos, según confirmaron las autoridades.

Escalada de violencia y tragedias

Los disturbios alcanzaron niveles dramáticos. La esposa del ex primer ministro Jhalanath Khanal murió quemada viva cuando manifestantes incendiaron su vivienda en Katmandú, mientras que el ministro de Finanzas y viceprimer ministro, Bishnu Prasad Paudel, fue linchado, golpeado, desnudado y arrojado a un río por una multitud enardecida.

El caos también se trasladó a las cárceles: más de 7.500 presos escaparon en motines simultáneos en prisiones de todo el país. En el reformatorio juvenil del oeste de Nepal, la Policía Armada abrió fuego contra los reclusos que intentaban fugarse, matando a cinco internos e hiriendo a otros siete.

Estado de sitio y denuncias por represión

Ante la magnitud de los disturbios, el Gobierno decretó un toque de queda nacional y desplegó al Ejército en las principales ciudades. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch (HRW), denunciaron que la policía utilizó munición real, gases lacrimógenos y cañones de agua contra multitudes desarmadas, incluso en hospitales donde se atendían heridos.

“Había órdenes de arriba para responder con fuerza letal”, aseguró una fuente citada por HRW, que además acusó al Ejecutivo de Nepal de tener un historial de censura en Internet y represión violenta contra manifestaciones.

Un país en llamas

En Katmandú y otras ciudades, los manifestantes atacaron edificios públicos, oficinas de prensa, residencias de ministros y hasta la sede del Parlamento. El descontento social es profundo y tiene raíces en la corrupción endémica, la desigualdad y la falta de oportunidades para los jóvenes, que constituyen la mayoría de la población.

Aunque el Gobierno derogó la prohibición de las redes y el primer ministro K.P. Sharma Oli presentó su renuncia, la violencia no se detuvo. Sectores movilizados exigen la disolución del Parlamento, la formación de un gobierno neutral interino y elecciones anticipadas.

¿Quién conducirá la transición?

En medio de la incertidumbre, la ex jueza del Tribunal Supremo Sushila Karki, de 73 años, surgió como posible primera ministra interina, tras un acuerdo preliminar con los representantes de las protestas. Su eventual designación depende ahora del visto bueno del jefe del Ejército, Ashok Sigdel.

Paralelamente, colectivos ciudadanos lanzaron consultas digitales para elegir un nuevo liderazgo, en un inédito ejercicio de democracia directa surgido del caos. “Queremos alguien capaz, responsable y con visión de futuro”, señalaron organizaciones nucleadas en Hami Nepal.

Un futuro incierto

Mientras el país sigue bajo toque de queda y con el Ejército en las calles, Katmandú vive entre el miedo y la expectativa. La violencia, los saqueos y las fugas masivas reflejan el grado de descomposición institucional. Sin embargo, emergen también señales de organización popular y demandas de cambio profundo que podrían marcar el inicio de una nueva etapa política en Nepal.

El desafío ahora es si el país podrá frenar la espiral de violencia y abrir un camino de transición democrática que evite un colapso aún mayor.

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