El proyecto de combustibles sintéticos de HIF Global en Paysandú, lejos de ser la apuesta “verde” que promociona el gobierno uruguayo, avanza como un emprendimiento basado en la quema de residuos forestales, con fuertes impactos ambientales y sociales que han generado rechazo tanto en Uruguay como en la Argentina.
En junio, la ministra de Industria de Uruguay, Fernanda Cardona, admitió que la empresa estaba “abierta” a realizar ajustes, aunque reconoció que no podía correrse demasiado de la zona proyectada porque depende del suministro de dióxido de carbono de Alcoholes del Uruguay (Alur). Sin embargo, datos oficiales revelan que la participación de Alur es mínima: solo un cinco por ciento del CO? necesario provendrá de esa fuente, mientras que el 95 por ciento se generará a partir de la quema de biomasa forestal.
Esto confirma que la refinería no reutilizará emisiones preexistentes, sino que producirá nuevas emisiones a gran escala, lo que desmiente el discurso de “descarbonización”. En la práctica, se trata de un negocio más de las empresas forestales, camuflado bajo el marketing ambiental.
Área protegida en riesgo
La planta se levantará junto al Área Protegida Islas del Queguay, cuya delimitación fue recortada por el propio gobierno uruguayo para habilitar el proyecto. Organizaciones ambientalistas advierten que la obra arrasará con más de 30 hectáreas de bosque nativo y fragmentará el territorio con ductos, carreteras y líneas de alta tensión. El biólogo Diego Varela calificó de “inadmisible” la instalación de una planta industrial de más de 100 hectáreas dentro de la zona de amortiguación.
Además, el complejo industrial se conectará a la red urbana de Paysandú para evacuar residuos, tomará agua directamente del río Uruguay y construirá antorchas de hasta 80 metros de altura, visibles desde kilómetros de distancia.
Impacto en Argentina
Del otro lado del río, la ciudad entrerriana de Colón ya manifestó su preocupación. Su economía depende del turismo, que se vería afectado por la contaminación visual y atmosférica de la planta. Vecinos y organizaciones locales denuncian que el proyecto prácticamente ignora el impacto en la costa argentina, a pesar de que los vientos predominantes soplan hacia esa dirección.
La Multisectorial Somos Ambiente de Entre Ríos reiteró que las modificaciones anunciadas por HIF no alteran los riesgos ni la vulnerabilidad de la región, y exigió la relocalización inmediata del emprendimiento. Incluso el gobernador Rogelio Frigerio planteó al presidente uruguayo Yamandú Orsi la necesidad de cambiar el emplazamiento de la planta, para evitar un nuevo conflicto bilateral como el ocurrido con Botnia/UPM.
Movilización ciudadana
En Paysandú, colectivos sociales y ambientales lanzaron dos iniciativas de recolección de firmas para frenar el proyecto. Una busca declarar reserva natural los terrenos previstos para la planta, mientras que la otra propone prohibir directamente la instalación de HIF en todo el departamento. De alcanzar el 15 por ciento del padrón electoral, la propuesta deberá ser tratada por la Junta Departamental y, de ser rechazada, derivará en un plebiscito.
Mientras tanto, el gobierno uruguayo insiste en presentar el emprendimiento como una inversión histórica y una vitrina de “energía limpia” para el mundo. Pero la realidad muestra otra cara: deforestación, contaminación y amenaza al turismo en la región del río Uruguay.