La guerra del Chaco

El 10 de mayo de 1933 el Paraguay declaró la guerra a Bolivia, inicio de la guerra conocida como del Chaco, motivada por una disputa por zonas petroleras suscitada por intereses de empresas extranjeras. 

 

El 10 de mayo de 1933 el Paraguay declaró la guerra a Bolivia, inicio de la guerra conocida como del Chaco.

El Chaco Boreal es un área de aproximadamente 500.000 km², ubicada al norte del Río Pilcomayo, en la región del Gran Chaco, en la zona limítrofe entre Bolivia (lugar al que perteneció durante el virreinato del Perú) Argentina y Paraguay (a cuyo Cabildo de Asunción los españoles, habían otorgado potestad hasta los ríos Yaurú y Parapetí).

Los paraguayos, se habían ocupado de explotar económicamente la región, mediante cría de ganado y extracción de tanino, de los árboles de quebracho, aunque no presentaba recursos abundantes, por la sequedad del clima, pero se sospechaba, según luego se supo, erróneamente, la existencia de reservas de petróleo (que se habían descubierto en el oeste chaqueño). El asentamiento poblacional era ínfimo.

Esta región ya había sido objeto de disputas en la Guerra de la Triple Alianza (1865- 1870) tras la cual el gran vencedor fue Brasil. Paraguay perdió 160.000 km² de territorio, y Argentina reclamó derechos sobre el Chaco Boreal, que un laudo arbitral, por parte de Estados Unidos, le negó, otorgando la posesión a Paraguay.

Entre 1852 y 1920, se iniciaron reclamos diplomáticos por el control de la zona, por parte de Bolivia y Paraguay, estableciéndose fortines en el lugar, por parte de ambos estados. Bolivia, a partir de 1905, para controlar la poca agua potable de la zona, y Paraguay había comenzado con esta práctica para impedir el avance portugués. Grupos de religiosos tradicionalistas menonitas, procedentes de Canadá, se asentaron en esos lugares.

En 1928, el fortín “Vanguardia” de los bolivianos, fue tomado por los paraguayos, quienes dieron muerte a seis guardias, e incendiaron el fortín, Esto trajo como consecuencia que los bolivianos respondieran ocupando el fortín paraguayo llamado “Boquerón”. El problema fue resuelto por la Sociedad de las Naciones que obligó a Bolivia a desalojar el fortín paraguayo, y a éstos, a reconstruir el fortín “Vanguardia”, calificando a Paraguay como “país agresor”.

El Río Paraguay le adjudicaba al sector su importancia relevante, por permitir su comunicación con el océano Atlántico. Bolivia había perdido en su contienda con Chile (Guerra del Pacífico, desarrollada entre 1879 y 1883) su salida al Océano Pacífico.

Entre 1899 y 1903, Bolivia y Brasil protagonizaron la Guerra del Acre, que terminó con la firma del Tratado de Petrópolis. Tras perder el territorio del Acre, Bolivia recibió entre otras compensaciones, el Chaco Boreal por parte de Brasil, que no era dueño de la zona.

La idea de que allí pudieran existir pozos petroleros estimuló ambiciones de países externos al conflicto. Así, Estados Unidos apoyó económica y militarmente a Paraguay, y Gran Bretaña, a Bolivia.

La guerra

En 1932, el conflicto estalló de manera violenta, luego de fracasar intentos de solucionarlo pacíficamente, rechazando Bolivia la concesión de un puerto sobre el río Paraguay, enfrentando a estos vecinos en una guerra cruel, en un territorio seco, caluroso e inhóspito, propicio para contraer enfermedades como la malaria, que los enlutaría por tres años (1932-1935).

Bolivia contaba con una fuerza de 250.000 hombres, mientras los paraguayos reunieron 150.000. Los bolivianos tenían varias ventajas, aunque militarmente ambas fuerzas estaban muy bien entrenadas y equipadas. El presidente Daniel Salamanca, había asumido en 1931, con gran fuerza y deseo de engrandecer a su patria, sobre todo militarmente. La economía era próspera, con gran riqueza minera y contando con una población de 3.000.000 de personas. El Paraguay era mucho más pobre, de economía agrícola-ganadera, y menos poblado (1.000.000 de habitantes). En Paraguay, el presidente José Patricio Guggiari, debió afrontar manifestaciones populares que le exigían una decisión más ruda en el conflicto por la defensa del Chaco Boreal, a las que reprimió con violencia, aunque luego renunció. El presidente Eusebio Ayala, asumió el 15 de agosto de 1932, y su posición se mostró mucho más partidaria del enfrentamiento armado.

El militar alemán, general Hans Kundt, veterano de la Primera Guerra Mundial, fue quien organizó el ejército boliviano, y se hizo cargo del mismo, luego de la derrota sufrida en Boquerón. Además del apoyo alemán, contaron con la adhesión de chilenos y checoslovacos.

Al frente de los paraguayos fue elegido José Félix Estigarribia, formado militarmente en Chile.

El estallido de la guerra ocurrió cuando el fuerte paraguayo “Carlos Antonio López”, llamado “Laguna Chuquisaca” por los bolivianos, fue tomado por éstos en julio de 1932, y luego recapturado por los paraguayos. Durante los días 27 y 28 de ese mes los fortines de Corrales, Boquerón y Toledo, fueron capturados por las fuerzas de Bolivia.

El 10 de mayo de 1933 Paraguay le declaró la guerra a Bolivia.

Los bolivianos, con 4.000 hombres integrando el Primer Cuerpo del ejército en la zona sudoeste y otros 2.000 al noroeste, avanzaban por el territorio en conflicto sin ninguna respuesta paraguaya. En agosto, desde Bolivia, partieron 6.000 efectivos más. Las tropas bolivianas se desplazaban por tierra, llegando exhaustas al campo de batalla.

Para esa época, los paraguayos, habían colocado 8.000 hombres en Isla Poí, donde construyeron una pista de aterrizaje, 1.500 en Nanawa (S:O del Chaco) y 3.000 en el Alto Río Paraguay. Desde Asunción partieron 3.000 soldados de refuerzo.

La fuerza aérea paraguaya era escasa, pero toda ella fue enviada al combate. Los bolivianos tenían mucha confianza en su superioridad, no sólo en aviones, sino en armas y número de efectivos. Los paraguayos usaron mucho su ingenio para compensar su deficiencia numérica. Por ejemplo, lanzaban granadas con una honda gigantesca, estrategia que llamaron Curumbe-i”. Si bien el alcance no era superior a 100 m. causaba gran temor al enemigo, que desconocía que eran armas caseras, fabricadas con postes, cueros y cámaras en desuso.

Cuando los paraguayos del Segundo Regimiento, avanzaban hacia Boquerón fueron vistos por aviones bolivianos, que los ametrallaron. A pesar de ello, lograron llegar a destino, el 8 de septiembre, comenzando el ataque sin resultados positivos. Los enfrentamientos continuaron. Los paraguayos eran 18.500, los bolivianos 619, y el día 17, los valientes hombres bolivianos que se mantenían con escasas provisiones, recibieron la orden de resistir 10 días más, mientras organizaban la ofensiva. No pudieron. El día 19, el fuerte estaba en poder de Paraguay. Los paraguayos perdieron 7.000 hombres. Los bolivianos, 150.

En el mes de diciembre, el ejército fue puesto en manos del general Kundt, quien atacó a los paraguayos haciéndolos retroceder al sur del kilómetro 7. Ordenó el ataque frontal de Nanawa, primero, y luego a Toledo, pero no pudo vencer la resistencia paraguaya.

Otra vez fue Nanawa motivo de ataque frontal del general Kundt, en julio de 1933, pero a pesar de sus cuantiosos armamentos y el apoyo aéreo. no pudo vencer a los paraguayos, camuflados entre los matorrales, siendo las pérdidas bolivianas, mucho más cuantiosas. Dos mil de sus hombres perdieron la vida en el ataque, mientras los paraguayos lamentaron unas 150 muertes y unos 400 heridos.

A fines de 1933 el avance provino de los paraguayos que sorprendieron a sus enemigos, que subestimaron a las fuerzas oponentes, el 3 de diciembre, rodeando a sus divisiones Cuarta y Novena, ubicadas en Campo Vía. A pesar del contraataque boliviano del día 10, el 11 se produjo la rendición de esas divisiones, con un saldo de 2.600 muertos y 7.500 hechos prisioneros. Esta derrota le costó a Kundt su cargo, siendo reemplazado por el Coronel Peñaranda.

La Segunda División de Paraguay, ubicada en la zona central (Cañada Strongest) fue cercada por los bolivianos al mando del Coronel Bilbao Rioja, perdiendo los primeros 500 hombres y 1.500 fueron hechos prisioneros, aunque lograron abrirse paso y salir de la emboscada.

Los paraguayos, tras sufrir una derrota en “Picuiba” en julio del año 1934, vencieron en noviembre en “El Carmen” a las reservas del enemigo.

En agosto los bolivianos sufrieron otro duro golpe, cuando los paraguayos les impidieron abastecerse de agua, al apoderarse de los pozos ubicados en Yrendagué, luego de cortarles las comunicaciones.

El fin de la guerra

La Liga de las Naciones había impuesto un embargo de armas a ambos países, e insistió con una propuesta de paz, en el mes de noviembre de 1934, que si bien fue aceptada por Bolivia, fue rechazada por Paraguay. El embargo por lo tanto, le fue levantado solo a Bolivia.

El año 1935 encontró a ambos bandos agotados. Los bolivianos se habían retirado a Villa Montes. En abril, los paraguayos traspusieron el río Parapití, pero fueron repelidos por los bolivianos.

El gobierno chileno propuso a la argentina, en enero del año 1935, una gestión conjunta para lograr la paz. A tal fin fueron comisionados Luis A. Podestá Costa a Paraguay, y posteriormente, Félix Nieto del Río, se dirigió a Bolivia. En abril de ese año se unieron a la mediación, Perú y Estados Unidos. En mayo lo hizo Brasil. Luego fue invitado a participar un delegado uruguayo.

El fin de la contienda ocurrió el 12 de junio de 1935, día en que se firmó un armisticio, en presencia de los mediadores. El cese de las hostilidades ocurrió el día 14. Paraguay, posteriormente, en 1936, en la Conferencia de Buenos Aires, logró el reconocimiento de casi toda la zona a su favor. En 1938, Paraguay obtuvo 120.000 km², mientras los bolivianos se beneficiaron teniendo acceso al río Paraguay, y al poblado de Puerto Casado, perteneciente a Paraguay.

Las consecuencias fueron la pérdida de 60.000 soldados bolivianos y 30.000 de origen paraguayo. Tardaron mucho ambos países en recuperar sus costos sociales y económicos.