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Cómo detectar pérdidas de calor en casa y ahorrar energía durante el invierno

Las bajas temperaturas llevan a reforzar el uso de estufas y calefactores, pero muchas veces el calor se pierde por pequeños detalles de la vivienda. Detectar esos puntos débiles permite mejorar el confort, reducir el consumo de energía y aliviar el impacto en el bolsillo.

Con la llegada del invierno, mantener una temperatura agradable dentro del hogar suele traducirse en un mayor consumo de gas o electricidad. Sin embargo, especialistas en eficiencia energética coinciden en que gran parte del calor se pierde por filtraciones o deficiencias en la aislación de la vivienda, lo que obliga a los sistemas de calefacción a trabajar durante más tiempo.

Identificar esos puntos críticos es el primer paso para hacer un uso más eficiente de la energía.

Las señales de que el calor se está escapando
Existen algunos indicios que permiten detectar pérdidas de calor sin necesidad de realizar estudios técnicos.
Entre ellos se destacan:
Corrientes de aire cerca de puertas y ventanas.
Ambientes que tardan mucho en calentarse o se enfrían rápidamente al apagar la calefacción.
Marcos de ventanas o paredes muy fríos al tacto.
Diferencias marcadas de temperatura entre una habitación y otra.
Mayor consumo de gas o electricidad respecto de inviernos anteriores sin cambios en los hábitos de uso.
Puertas y ventanas, los principales puntos de fuga
Las aberturas son responsables de una parte importante de las pérdidas de calor dentro de una vivienda. Cuando existen pequeñas rendijas, el aire caliente escapa hacia el exterior y el frío ingresa constantemente.

Para reducir ese problema se recomienda:
Colocar burletes en puertas y ventanas.
Revisar que las hojas cierren correctamente.
Utilizar cortinas gruesas durante la noche para conservar el calor.
Abrir las cortinas durante el día cuando ingresa el sol para aprovechar el calentamiento natural.
El techo y las paredes también influyen
El aire caliente tiende a subir, por lo que una vivienda con poca aislación en el techo pierde rápidamente gran parte de la calefacción.

Si bien las mejoras estructurales requieren una mayor inversión, incorporar materiales aislantes en techos o paredes puede generar un importante ahorro energético a largo plazo.

Pequeños hábitos que ayudan a ahorrar
Además del estado de la vivienda, algunos cambios en la rutina cotidiana contribuyen a reducir el consumo.

Entre ellos:
Mantener la calefacción entre 18 y 20 grados, una temperatura confortable y eficiente.
Cerrar las puertas de los ambientes que no se utilizan.
Ventilar la casa entre 10 y 15 minutos por día, preferentemente durante las horas de mayor temperatura.
Evitar cubrir los calefactores con ropa o muebles, ya que disminuyen su rendimiento.
Apagar la calefacción cuando no haya personas en el hogar durante varias horas.
Un hogar más eficiente también cuida el ambiente
Reducir las pérdidas de calor no solo permite disminuir las facturas de servicios. También implica un menor consumo de recursos energéticos y una reducción de las emisiones asociadas a la calefacción.

Con pequeñas mejoras y hábitos cotidianos es posible mantener la casa más cálida durante el invierno, aprovechar mejor la energía disponible y lograr un mayor confort sin gastar de más.
Redacción AIM

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