Con el frío, los días húmedos y las casas menos ventiladas, es común que placares y cajones empiecen a acumular ese característico olor a encierro. Más allá de resultar desagradable, la humedad puede favorecer la aparición de moho, afectar telas y calzado y terminar obligando a lavar nuevamente prendas que estaban guardadas y limpias.
La buena noticia es que, con algunos hábitos sencillos, se puede mantener la ropa en mejores condiciones durante todo el invierno.
Ventilar, incluso cuando hace frío
Uno de los puntos más importantes es abrir el placard con frecuencia. No hace falta dejar las puertas abiertas durante horas: unos minutos diarios, preferentemente cuando también se ventilan las habitaciones, permiten renovar el aire y reducir la humedad acumulada.
En días soleados y secos, conviene aprovechar para abrir puertas y cajones durante más tiempo. Si el placard se encuentra contra una pared fría o con problemas de humedad, la ventilación cobra todavía mayor importancia.
Nunca guardar ropa húmeda
Puede parecer evidente, pero una prenda apenas húmeda alcanza para generar olor dentro de un espacio cerrado. En invierno, cuando la ropa tarda más en secarse, es importante comprobar que esté completamente seca antes de doblarla y guardarla.
Lo mismo ocurre con camperas, bufandas, guantes o prendas que se usaron durante una jornada de lluvia. Antes de volver al placard, deberían airearse.
Cuidado con llenar demasiado los estantes
Un placard abarrotado dificulta la circulación de aire. Si las prendas están excesivamente apretadas, la humedad queda atrapada entre las telas y aumenta la posibilidad de que aparezca olor.
Siempre que sea posible, conviene dejar pequeños espacios entre las prendas colgadas y evitar apilar demasiada ropa en los estantes.
Qué hacer con zapatos y zapatillas
El calzado necesita una atención especial porque puede retener humedad producto de la transpiración o de la calle.
Después de usar zapatillas, botas o zapatos durante varias horas, es recomendable dejarlos airear antes de guardarlos. Si están mojados, deben secarse completamente fuera del placard.
También puede ser útil retirar las plantillas para facilitar el secado y evitar guardar inmediatamente el calzado utilizado durante todo el día dentro de cajas cerradas.
Absorbentes de humedad: una ayuda extra
Existen productos específicos para colocar dentro de placares y cajones que ayudan a absorber el exceso de humedad. También pueden utilizarse bolsitas de gel de sílice diseñadas para ese fin.
Estos elementos son un complemento, pero no reemplazan la ventilación ni solucionan un problema estructural de humedad en una pared.
No guardar ropa sucia durante mucho tiempo
La ropa usada conserva transpiración, restos de productos corporales y olores que pueden intensificarse cuando permanece varios días dentro de un espacio cerrado.
Por eso, especialmente en invierno, conviene evitar acumular prendas usadas dentro del placard junto con ropa limpia.
Revisar paredes y rincones
Si el olor a humedad reaparece rápidamente aun después de limpiar y ventilar, puede haber un problema detrás del mueble o en alguna pared.
Manchas oscuras, pintura descascarada, superficies frías o pequeñas gotas de condensación son señales que conviene revisar. En esos casos, limpiar únicamente el interior del placard no será suficiente.
Antes de guardar ropa por varios meses
Las prendas que permanecerán guardadas hasta la próxima temporada deben lavarse, secarse por completo y almacenarse en espacios limpios.
Las bolsas herméticas pueden resultar prácticas, pero si la ropa conserva un mínimo de humedad pueden empeorar el problema. Para guardados prolongados, lo fundamental es asegurarse de que todo esté perfectamente seco.
Con pocos minutos de ventilación diaria, algo de espacio entre las prendas y el cuidado de no guardar ropa o zapatos húmedos, es posible reducir notablemente el clásico olor a encierro y proteger mejor aquello que usamos durante todo el año.
Redacción AIM