Durante los meses fríos, frazadas, acolchados y almohadas pasan muchas más horas en contacto con el cuerpo y suelen ventilarse menos. El problema no es solamente la suciedad visible: humedad, transpiración, polvo y ácaros pueden acumularse entre las fibras. Cada cuánto conviene lavar la ropa de cama y cómo secarla correctamente cuando el clima no ayuda.
En invierno, cambiar las sábanas puede formar parte de la rutina semanal, pero no siempre ocurre lo mismo con frazadas, acolchados y almohadas. Son prendas voluminosas, tardan más en secarse y muchas veces pasan buena parte de la temporada sobre la cama sin recibir más que una sacudida ocasional.
Sin embargo, mantenerlas limpias y, especialmente, bien secas ayuda a disminuir la acumulación de polvo, humedad y alérgenos.
Las sábanas, una vez por semana
Como regla práctica, sábanas y fundas de almohada deberían lavarse aproximadamente una vez por semana, especialmente porque permanecen en contacto directo con la piel durante varias horas cada noche.
En personas con alergia a los ácaros, las recomendaciones son todavía más estrictas: servicios de salud británicos aconsejan lavar semanalmente la ropa de cama y, siempre que el material lo permita, utilizar ciclos de alrededor de 60 °C, temperatura que ayuda a eliminar los ácaros.
De todos modos, siempre debe respetarse la temperatura indicada en la etiqueta del producto para evitar dañar las telas.
¿Y las frazadas y acolchados?
No necesitan necesariamente el mismo ritmo que las sábanas porque generalmente no están en contacto directo con el cuerpo.
Como pauta general, pueden lavarse varias veces durante la temporada, aumentando la frecuencia si se utilizan sin sábana superior, hay mascotas que duermen en la cama, la persona transpira mucho o existen problemas de alergia.
En el caso de personas sensibles a los ácaros, algunas recomendaciones médicas incluyen también mantas, edredones y almohadas dentro del lavado frecuente, siempre que los materiales lo permitan.
Además, no hay que esperar necesariamente a que una frazada “se vea sucia”: olor a humedad, manchas o sensación de encierro son señales suficientes para lavarla y airearla.
Almohadas: las grandes olvidadas
La funda se lava habitualmente junto con las sábanas, pero la almohada también necesita limpieza periódica.
Antes de colocarla en el lavarropas es fundamental revisar la etiqueta. Las de fibras sintéticas suelen admitir lavado, mientras que determinados modelos de espuma, látex, plumas u otros rellenos requieren cuidados diferentes.
Lo más importante después del lavado es que el interior quede completamente seco. Una almohada que conserva humedad puede generar olor desagradable y crear condiciones favorables para el desarrollo de microorganismos.
La humedad, un problema extra en invierno
El clima frío lleva a mantener puertas y ventanas cerradas durante más tiempo. Si además se seca ropa dentro de la vivienda, cocina sin ventilación o existe condensación en vidrios y paredes, la humedad ambiental puede elevarse.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos recomienda mantener la humedad relativa dentro del hogar idealmente entre el 30 y el 50 por ciento, ya que los ambientes excesivamente húmedos favorecen la aparición de moho.
Los ácaros también encuentran mejores condiciones en ambientes húmedos, por lo que ventilar el dormitorio sigue siendo importante aun durante los días fríos.
Cómo secar acolchados y frazadas cuando hace frío
El desafío del lavado invernal muchas veces no es lavar, sino conseguir que todo se seque bien.
Si se utiliza secarropas, hay que comprobar previamente que la etiqueta de la prenda lo permita. Si el secado es al aire libre, lo ideal es aprovechar jornadas secas, con viento o algunas horas de sol, y extender bien las prendas para facilitar la circulación del aire.
Dentro de casa conviene elegir un espacio ventilado y evitar colocar acolchados o frazadas húmedas directamente sobre estufas o calefactores, tanto por seguridad como porque algunos materiales pueden dañarse.
Tampoco conviene volver a guardar una prenda si todavía se siente fría o húmeda en sectores internos.
Ventilar la cama también ayuda
Un hábito sencillo consiste en airear diariamente el dormitorio y la ropa de cama. No hace falta mantener las ventanas abiertas durante horas en pleno invierno: una ventilación breve que permita renovar el aire puede ayudar a disminuir la humedad acumulada durante la noche.
También puede aprovecharse el momento para sacudir mantas y acolchados y revisar colchón, almohadas y paredes cercanas en busca de señales de humedad.
Antes de guardar, lavar y secar
Cuando termine la temporada fría, frazadas y acolchados deberían guardarse limpios y absolutamente secos.
La humedad atrapada durante varios meses en un placard puede producir olor, manchas y favorecer la aparición de moho. Si existe condensación o humedad dentro del dormitorio, además de limpiar la ropa de cama será necesario identificar y corregir la fuente de humedad. La EPA señala justamente que el control de la humedad es la principal herramienta para prevenir el crecimiento de moho dentro de las viviendas.
En invierno, entonces, no alcanza con cambiar las sábanas: ventilar, lavar periódicamente las prendas más pesadas y asegurarse de que sequen por completo son tres hábitos simples para mantener la cama en mejores condiciones durante los meses fríos.
AIM