Mammon y la Pachamama

La traducción  protestante de  la  Biblia al castellano en el siglo XVI por Casiodoro de  Reina  y Cipriano Valera    designa con el nombre arameo de Mammon   a las riquezas, que según la tradición eran objeto de veneración por avaros y codiciosos.

El golpe boliviano es proestadounidense, burgués, moderno, capitalista bajo la sombra de la Biblia.

Así, la traducción del sermón de la montaña en el evangelio -Mateo 6:24- , dice: »Porque donde esté vuestro tesoro estará también vuestro corazón […] Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón».

De Horus a Camacho

El derrotero histórico de esta afirmación hasta llegar al Evangelio ha sido laberíntico, tortuoso. Posiblemente  tuvo origen en tradiciones miles de años anteriores, especialmente las egipcias vinculadas con Horus y sus padres Isis y Osiris, pero en nuestra perspectiva importa la inversión que sufrió cuando el cristianismo se alió con el poder en Roma tras el concilio de Nicea,  convocado por Constantino.

Entonces se terminó  la oposición tajante entre Dios y las riquezas que provenía de la identificación  del  cristianismo con los esclavos de Roma. La  iglesia recibió primero donaciones del propio Constantino y luego, con los siglos,  se apoderó poco a poco de la mitad de los bienes de Europa.

Esta fue una primera inversión: de la defensa de los pobres se pasó a la justificación de las riquezas, pero sin venerarlas todavía. Mammon, en teoría, se mantenía como incompatible con dios, pero en la práctica era tolerado, incluso bienvenido.

En este sentido se puede entender a aquel papa medieval que tras haber participado todo el día   de desfiles  en  su honor  y comilonas dijo a sus cardenales: «qué útil esta ficción de Cristo!»

La inspiración calvinista

Una segunda inversión, donde las riquezas dejaron de ser sólo toleradas para ser consideradas signos de bendición, se produjo en los comienzos del capitalismo, en particular con la teología del reformador Juan Calvino, que rehabilitó la usura y desvinculó los negocios de la caridad. Finalmente, consideró que si alguien se enriquece, es indicio seguro de que está entre los el predestinados de Dios para salvarse.  El rico había tenido menos posibilidades de entrar en el cielo que un camello de pasar por el ojo de una aguja; pero ahora, cuando el nuevo orden  económico se hacía evidente, se le abrieron las puertas del paraíso de par en par.

Otra vez guerra de religión

En Bolivia parece haberse reeditado esta lucha ideológica  y confesional con el golpe que derrocó a Evo Morales. Los evangélicos, que  ya dieron muestra de su poder con Jair Bolsonaro en Brasil, levantaron la Biblia  contra  la Pachamana.

La autoproclamada presidente, Jeanine Añez, levantó un ejemplar vetusto, forrado en cuero, de los cuatro evangelios tras recibir de manos de un general la banda presidencial que había usado Evo Morales.

El dios de los vencidos es el diablo

Y antes, en un mensaje de twitter,  había considerado a la Pacha como un culto satánico, y a sus cultores como indignos de vivir en ciudades. Por eso los mandó «a la Sierra o al Chaco».

En  Santa Cruz de la Sierra, ciudad tradicionalmente hostil a La Paz, de donde proviene el militante Luis Fernando Camacho,  uno de sus partidarios levantó la Biblia como un arma mientras gritaba consignas de agradecimiento al «Señor Jesús» como autor real del golpe.  «Hoy la Biblia está volviendo al palacio de gobierno, nunca  más volverá la Pachamama; Bolivia es para Cristo, padre eterno, en el  nombre de  Jesús te damos las gracias, tú palabra se  ha cumplido. En el nombre de Jesús, amen, amén, amén».

No es momento de afirmar civilizaciones de derecha bajo el signo de la cruz católica, porque lo que se impone es retirar la Pacha para poner en su poder la Biblia, instaurar la bibliolatría protestante.

El clientelismo nórdico

El evangelismo no es un catolicismo de derecha, sino una variante confesional del modernisno, naturalmente afín al neoliberalismo, que proviene de las sectas estadounidenses   y ha invadido el resto de América.

El sistema de propagación de este evangelismo, ya lejos de Lutero, consiste en considerar los templos como negocio. Un pastor aprende de otro, formula como cualquier político un «relato» sin muchas pretensiones ni gran elaboración,  y sale a cobrar diezmos. Los pobres, desorientados  y sin horizontes, creen el mensaje de austeridad y laboriosidad  y tan pronto pueden adquirir y consumir agradecen a dios y al pastor.

La modernidad ataca

Según el punto de vista evangélico, la  Pacha debe ser eliminada para convertir a sus creyentes en hombres «modernos», productores esforzados y consumidores diligentes, racistas  y machistas como ellos,  y dotados de un  sentido común propio de los estadounidenses; sencillo pero  fanático, que considera, como Calvino, la riqueza como una gracia de dios.

El golpe boliviano es proestadounidense, burgués, moderno, capitalista bajo la sombra de la Biblia. Hace cinco siglos algo similar se produjo en México con Hernán Cortés,  que bajó de sus naves con  una cruz y  una biblia, pero con otra ideología. Se repitió con Atahualpa en el Perú y lo repitió José Hernández cuando calumnió a los aborígenes y puso como símbolos a Cruz  y a Fierro.

De la Redacción de AIM.