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Combustibles en la transición energética, en qué se avanza en la Argentina

Los nuevos escenarios multienergéticos de la movilidad demandan soluciones que ya están en marcha en el país y que abarcan desde las nuevas generaciones de biocombustibles, la electrificación y el desarrollo del hidrógeno.

Si para muchos la suerte de los combustibles fósiles está echada, es tiempo entonces de avizorar cuáles serán los energéticos que podrán llegar en su lugar y en particular aquellos con los cuales la industria local tenga ventajas competitivas para su desarrollo, de manera que permitan asegurar el autoabastecimiento en las próximas décadas.

La etapa de maduración de los nuevos recursos ya comenzó en la Argentina con la llegada de los biocombustibles de segunda y tercera generación, el desarrollo de la infraestructura de electromovilidad y un paso más adelante en la utilización de las distintas variables del hidrógeno con un particular enfoque en los grandes medios de transporte.

El más avanzado de estos desarrollos simultáneos y convergentes hacia un nuevo modelo de matriz energética para el transporte está vinculado al escenario de los biocombustibles, en el cual el país tiene una infraestructura con capacidad de exportación desde hace más de 15 años, a partir de sus cultivos de soja, maíz y caña de azúcar.

Pero la industria energética local está avanzando a partir de esa plataforma de conocimiento en el segmento de los bios avanzados, con proyectos activos de coprocesados sostenibles que tiene la gran ventaja de poder ser utilizados con las mismas motorizaciones y tecnologías existentes, evitando los grandes cambios de infraestructura y flotas.


Los combustibles coprocesados

La crítica clásica a nivel global sobre los biocombustibles tradicionales es que se producen mayoritariamente a partir de materias primas de primera generación, lo que se considera una competencia con los cultivos para la alimentación, generan presión en los precios internacionales de esos commodities e incluso deforestación.

Surge entonces una tendencia a utilizar materias primas que no sean una competencia a las necesidades de abastecer de alimentos a la población con los bios de segunda y de tercera generación, a base de residuos orgánicos los primeros y de cultivos energéticos los segundos.

El mundo avanza con desarrollos en los que Argentina tiene una visión incipiente referida a los combustibles SAF destinados a la aviación, y los B24 y B30 para el segmento marítimo fundamentalmente y de transporte de cargas de largo alcance.

Pero los casos más extendidos y con una trayectoria exitosa en el país son los desarrollos de bioetanol y biocombustibles a partir de los cuales se disponen los cortes obligatorios de la nafta y el gasoil.

En este caso, la alternativa para reducir aún más la huella de carbono que llega hasta 50 por ciento, es la de coprocesar los productos bios con los fósiles. El circuito actual es la incorporación del corte obligatorio de bioetanol o biocombustible al final de proceso, luego de pasar por la refinería y previo a su distribución.

Pero la industria local ya estudia incorporara la materia bio en el complejo mismo de refinación lo que convierte el producto en un coprocesado, y luego -ya fuera de las refineríassumar la etapa habitual de incorporar biocombustible previo a la distribución, con una reducción de huella hasta del 85 por ciento en relación al fósil.

Este desarrollo de menor impacto se ofrece junto a otras soluciones, a través de materias primas de segunda generación como lo que ofrece el aceite de cocina usado o la grasa animal, en una solución que requiere estar certificada con normas internacionales e idénticas características técnicas que los productos actuales.


El escenario de electromovilidad

A nivel global, China está liderando la conversión del transporte por encima de los logros de Europa y Estados Unidos, con el desarrollo de nuevos modelos de vehículos eléctricos y de las baterías, cuyos precios a la baja hacen más accesible el segmento.

Regionalmente, la Argentina viene unos pasos atrás de los avances que se registran en países como Brasil, Chile o Colombia con la electromovilidad, pero lentamente no sólo comienza a acelerarse la venta local de vehículos híbridos o 100 por ciento eléctricos, sino que se empieza a desplegar una incipiente infraestructura de carga pública con equipos de hasta 150 Kv que permiten en un período de 10 a 20 minutos completar el 80 por ciento de una batería.

Entre las primeras empresas que tomaron la posta de la carga eléctrica es el gigante YPF, que desplegó una red de 1200 kilómetros de puntos de carga en sus estaciones de servicio en el corredor que se extiende a través de las ciudades de Córdoba, Rosario, Buenos Aires y la Costa Atlántica, y la vinculación Mendoza-Santiago de Chile.

Son más de 30 puntos de carga con distancia promedio de 100 a 120 kilómetros entre cargadores, que permiten un viaje de media y larga distancia sin mayores complicaciones, además de un doble anillo en el Área Metropolitana Buenos Aires para la movilidad diaria.

A la par la empresa Raizen, a través de la marca Shell, acaba de anunciar la primera red de puntos de carga eléctrica fuera de las estaciones de servicio con el despliegue de puntos exclusivos en grandes espacios como playas de estacionamiento de supermercados o complejos comerciales.

En ambos casos el usuario podrá en breve disponer de las principales prestaciones a través de una App que permitirá conocer la disponibilidad, el estado de cada “surtidor” eléctrico y gestionar la membresía de pago más adecuada, como parte del desarrollo de un nuevo negocio para las petroleras.

Para completar la reducción de la huella de carbono del sistema, YPF junto a su subsidiaria YPF Luz acaban de lanzar un acuerdo por el cual las estaciones oficiales de la marca contarán hacia fines de 2024 con la provisión de energía eléctrica del parque eólico de General Levalle, hoy en etapa final de construcción, para cerrar el ciclo 100 por ciento sostenible de la electromovilidad.


El hidrógeno, la fuente futura

En el proceso de búsqueda de nuevas tecnologías que ya permiten anticipar un escenario multienergético para la movilidad, el hidrógeno viene ganando un espacio en la estrategia de descarbonización hacia el 2050.

En la Argentina esa mirada se viene dando a través de medio centenar de empresas vinculadas en el Consorcio H2Ar. Desde ese espacio colaborativo es que se advierte que e hidrógeno, más allá de los colores de que se trate, va a tener un rol importante en industrias de alto consumo energético y en segmentos de movilidad de larga distancia como el transporte pesado de cargas marítimas, buses, camiones y trenes.

En lo industrial se anticipa su participación positiva en ramas como el refinado de combustibles, producción de acero, aluminio, cemente y generación eléctrica. En la movilidad de vehículos particulares, el costo de desarrollo ya se observa falto de competitividad ante la carga eléctrica, pero no se descarta al hidrógeno en flotas de taxis o combis con un sistema similar al GNC con un sistema casi idéntico de carga y mejor autonomía.

Por las ventajas competitivas con que cuenta el país, el hidrógeno que tendrá casi segura prioridad es el denominado azul a partir de la captura de carbono en el gas natural –más inmediato y económico- y el verde a partir de fuentes de generación eléctrica renovable. Se abren en este segmento distintos escenarios siempre con la búsqueda de reducción de emisiones de gases efecto invernadero que se puede extender no sólo al transporte, sino a distintos usos industriales -con derivados de los procesos a otras ramas- e incluso al segmento particular por ejemplo con la inyección de hidrógeno en la red de gas natural domiciliaria.

Fuente: Portal mejorenergia.com.ar

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