El regreso del yaguareté a los Esteros del Iberá es actualmente una realidad que hace siete décadas parecía imposible. La caza indiscriminada y la destrucción de su hábitat habían eliminado a la especie del paisaje correntino, pero un programa de reintroducción cambió la historia: más de 20 ejemplares viven ahora en libertad y se reproducen sin intervención humana, según confirmó Ecoticias.
El hito convierte a Iberá en el primer proyecto del mundo que logró devolver una población de jaguares a un territorio donde la especie se había extinguido localmente.
El dato no es menor: se trata del carnívoro más grande de América, un animal que en la Argentina está catalogado en Peligro Crítico y del cual quedan menos de 200 ejemplares en total.
Los primeros pasos del rewilding en la Argentina
El proyecto comenzó en 2012, cuando la Fundación Rewilding Argentina construyó el Centro de Reintroducción del Yaguareté dentro de las 688.000 hectáreas del Gran Parque Iberá.
Los animales pasaron años en recintos de adaptación, donde aprendieron a cazar con un contacto humano mínimo, mientras eran monitoreados mediante cámaras trampa y GPS.
El momento decisivo llegó en enero de 2021. Mariua, una hembra rescatada cuando era huérfana en Brasil, fue liberada en el humedal junto con sus dos cachorros nacidos bajo cuidado humano. Eran los primeros ejemplares de un largo proceso.
Nacimientos en libertad: el verdadero punto de inflexión
La recuperación dejó de depender únicamente de nuevas liberaciones cuando comenzaron los nacimientos en estado silvestre.
En mayo de 2024, Parques Nacionales confirmó una camada de tres crías y señaló que ya se habían registrado seis camadas concebidas en libertad, según informó Ecoticias.
Ombú, un macho de un año y ocho meses nacido en libertad, fue localizado recientemente cerca del Portal Laguna Iberá. Pesaba 85 kilos, se encontraba en buenas condiciones y fue equipado con un collar satelital antes de regresar al humedal.
Ese dato resulta significativo, porque demuestra que el animal está creciendo, buscando su propio territorio y desplazándose por un paisaje que cuenta con presas y refugio.
Julián Lentijo, responsable regional de conservación de Parques Nacionales, explicó a Ecoticias que actualmente ya se habla de más de 50 ejemplares libres en Iberá, una cifra actualizada desde los 35 oficiales registrados en enero de 2025.
El aumento responde tanto a los nacimientos dentro del ecosistema como a nuevas incorporaciones cuidadosamente planificadas.
El yaguareté como pieza clave del equilibrio ecológico
El jaguar se encuentra en la cima de la cadena alimentaria. Al cazar y modificar el comportamiento de sus presas, influye sobre numerosas relaciones dentro del humedal.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente considera que la reintroducción cuidadosa de depredadores puede contribuir a la recuperación de ecosistemas degradados.
Sin embargo, el efecto concreto sobre la vegetación, las presas y otros procesos ecológicos de Iberá todavía se encuentra en evaluación.
La lógica ecológica es sólida, aunque medir sus resultados requiere años de datos. La naturaleza no funciona como un interruptor.
Corredores y diversidad genética: el próximo desafío
Un informe de Rewilding Argentina señaló que tres machos jóvenes se dispersaron por corredores ribereños hacia nuevas zonas, con desplazamientos que incluso alcanzaron Paraguay.
Se trata de una buena noticia, pero también de un recordatorio: los jaguares no reconocen límites administrativos.
La conectividad entre territorios evita que una población quede aislada y pierda diversidad genética.
En 2025, Takajay fue trasladado desde El Impenetrable hasta Iberá para aportar genes de Qaramta, un macho silvestre del Chaco.
Cada incorporación planificada reduce la dependencia de unos pocos ejemplares fundadores y fortalece la viabilidad de la población a largo plazo.
Ecoturismo y convivencia: otro aspecto fundamental del proyecto
El regreso del yaguareté fortaleció el turismo de naturaleza y su valor cultural en Corrientes.
Para las comunidades guaraníes, el felino representa fuerza e identidad. Para los visitantes y los guías, constituye una presencia extraordinaria.
Sin embargo, observarlo no significa tener permiso para acercarse.
Las autoridades recomiendan reducir la velocidad en los caminos de tierra, mantener distancia, no ofrecerle comida, no molestar al animal y avisar a los guardaparques cuando sea necesario.
El éxito del proyecto todavía es frágil.
A escala global, la Uicn clasifica al jaguar como Casi Amenazado y con una tendencia poblacional decreciente.
La caza furtiva, la degradación del hábitat y la falta de conectividad siguen siendo amenazas concretas.
Por ese motivo, una reintroducción no se sostiene por sí sola: necesita protección activa, monitoreo permanente y comunidades dispuestas a convivir con un depredador que durante 70 años fue solamente un recuerdo.
La cifra de más de 20 jaguares libres en Iberá representa un hito, pero también un punto de partida.
El trabajo no termina con un número: ahora será necesario garantizar que esos animales puedan continuar desplazándose, cazando y reproduciéndose sin que se repitan los errores del pasado.
Fuente: Portal EcoNews