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Generación distribuida, un camino lento a las renovables

Con los grandes proyectos frenados por la crisis económica y la falta de infraestructura, Argentina parece ver un camino alternativo hacia una mayor sostenibilidad de su matriz energética en los pequeños emprendimientos de energía renovable, promovidos por industrias, comercios y usuarios particulares sensibilizados por la cuestión ambiental.

Se trata de iniciativas para cubrir el propio consumo, en las que algunas veces se agrega la llamada generación distribuida, en la que los usuarios-generadores que tienen un excedente de electricidad pueden inyectarlo al sistema eléctrico nacional y de esa manera se generar un crédito tarifario.

Las iniciativas de generación distribuida acaban de superar los 1000 proyectos ya en funcionamiento, según el último dato oficial.

Al mismo tiempo, este mes se inauguró el parque de energía solar privado más grande de la ciudad de Buenos Aires, una iniciativa de la Sociedad Rural Argentina (SRA), tradicional cámara empresaria de productores agropecuarios.

El parque se instaló en el centro de exposiciones que posee en la capital de este país sudamericano, para abastecer parte de su consumo con una inversión de casi un millón de dólares y más de 1000 paneles solares.

“Los pequeños proyectos privados de energías renovables y la generación distribuida van a ser lo que logren incrementar la potencia instalada en los próximos años, porque el sistema de transmisión y distribución de electricidad fija fuertes límites para los grandes emprendimientos”, dijo a IPS Mariela Beljansky, especialista en temas de Energía y Cambio Climático.

Beljansky, quien fue directora nacional de Generación Eléctrica hasta principios de 2022, agregó: “De otra manera no va a haber forma de cumplir con las metas de crecimiento de las fuentes renovables que fijó la Argentina, en el marco de sus compromisos de mitigación de cambio climático por el Acuerdo de París”.

Argentina presentó en noviembre, en la 27 Conferencia de las Partes (COP27) sobre cambio climático de las Naciones Unidas, en la ciudad egipcia de Sharm El Sheij, su Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático, que incluye 250 medidas a implementar hasta 2030.

La Secretaría Nacional de Cambio Climático estimó el valor total de la ejecución del plan en 185 526 millones de dólares, cuatro veces más que la deuda que la Argentina contrajo en 2018 con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha generado un fuerte deterioro de la economía desde entonces.

De acuerdo con los datos incluidos en el plan, el sector energético es el mayor generador de gases de efecto invernadero (GEI) del país, ya que genera 51 por ciento de las emisiones.

Aunque las fuentes renovables (con los proyectos eólicos en primer lugar y los solares en segundo) alcanzaron en octubre un récord al abastecer 17,8 por ciento de la demanda eléctrica total, la matriz energética sigue siendo sostenida básicamente por petróleo, gas natural y grandes emprendimientos hidroeléctricos.

El país, además, no tiene la decisión de frenar el desarrollo de los combustibles fósiles. El principal motivo es que tiene grandes reservas de gas natural de esquisto en el yacimiento de Vaca Muerta en el sur del país que desde hace años atraen interés de inversores internacionales. En el plan de cambio climático se fija el objetivo de utilizar el gas natural como un combustible de transición que reemplace en la mayor medida posible al petróleo.

En el plan también figuran los objetivos de desarrollar una variedad de fuentes de energía renovables (eólica, solar, pequeños aprovechamientos hidroeléctricos, biogás y biomasa) y también la generación distribuida, “directamente en los puntos de consumo” y conectada a la red eléctrica pública, a nivel residencial y comercial.

Los grandes proyectos de renovables experimentaron un gran crecimiento entre 2016 y 2019, a partir de un plan oficial que garantizó la compra de electricidad a precios atractivos para los inversores, pero desde entonces no hay prácticamente nuevas iniciativas.

Subsidios al consumo

“En la coyuntura argentina, donde prácticamente no hay financiamiento, pesan restricciones para importar equipamiento y existe una fuerte inflación e incertidumbre económica, es difícil pensar en grandes parques de energías renovables y los proyectos chicos se hacen más atractivos”, dijo a IPS Marcelo Alvarez, miembro del directorio de la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader).

Alvarez apuntó que lo que conspira contra los pequeños proyectos privados y los de generación distribuida son los subsidios que el Estado argentino brinda desde hace años a los consumos energéticos, incluidas aquellas familias de alto poder adquisitivo que no los necesitan.

“Las tarifas artificialmente baratas de electricidad y la escasez de créditos desincentivan el crecimiento de las renovables”, afirmó Alvarez.

“La prueba de ello es que más de la mitad de los proyectos de generación distribuida en funcionamiento están en la provincia de Córdoba (en el centro del país), donde los precios de la electricidad son tres veces más caros que en Buenos Aires y existe una línea de especial de créditos del banco local (Bancor, que otorga “préstamos ecosustentables”) para equipamiento de renovables”, explicó.

Efectivamente, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Energía, existen 1051 emprendimientos de usuarios que generan su propia electricidad e inyectan su excedente a la red y 573 de ellos están en la provincia de Córdoba, en el centro del país.

Los subsidios energéticos del Estado argentino alcanzaron los 11 000 millones de dólares en 2021 y este año, hasta octubre, ya superaron los 7000 millones, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (Asap).

En cuanto a fuentes de financiamiento, existe una línea de créditos dotada con 160 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (Bice), financiados en parte por el Fondo Verde para el Clima, que está orientada a proyectos de fuentes renovables y eficiencia energética para pequeñas y medias empresas. Sin embargo, la mayoría de las compañías no saben de su existencia.

Emprendimientos privados

El 15 de diciembre, la Sociedad Rural inauguró el parque solar privado más grande de Buenos Aires, en el recinto de 42 000 metros cuadrados cubiertos donde se realizan las ferias y exposiciones más convocantes del país. La inversión, según se informó, fue de casi un millón de dólares.

“Tenemos 42 000 metros cuadrados de techos en nuestros pabellones. Es una superficie plana muy importante para la colocación de paneles solares, por lo que veníamos hace varios años con la idea. Habíamos hecho un proyecto piloto en 2019, pero luego todo se demoró por la pandemia, que nos obligó a cerrar el predio”, comentó a IPS Claudio Dowdall, director general de La Rural.

“En esta etapa usamos 5000 cuadrados de techos, en los que colocamos 1136 paneles fotovoltaicos, que totalizan una potencia de 619 kw. Es el equivalente al consumo promedio de 210 viviendas familiares y, para nosotros, es entre 30 y 40 por ciento de la electricidad que utilizamos”, agregó.

Andrés Badino, fundador de Utorak, una empresa que hace más de cinco años se dedica a la energía renovable para familias y empresas, confirma que las consultas y la demanda están creciendo en el sector.

“El interés de las personas viene aumentando por la mayor conciencia ambiental y, también, por lo que se puede ahorrar en las facturas de electricidad a usuarios residenciales, pero también a instituciones educativas y centros de salud”, dijo Badino.

“Argentina tiene industria nacional para la producción de termotanques solares, pero no la fabricación de paneles, inversores o baterías, a pesar de que el país tiene una de las mayores reservas en el mundo, principal componente. Pero confiamos en que los precios internacionales vayan bajando y estimulen la demanda”, concluyó.

Fuente: Agencia IPS

Energías renovables

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