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Incendios forestales en Calilegua redujeron casi a la mitad la diversidad de especies

Un estudio del investigador del Conicet Martín Boullhesen reveló que los incendios forestales registrados en Calilegua redujeron casi a la mitad la diversidad de ranas, sapos y otras especies, alteraron fuertemente el paisaje sonoro y afectaron la estructura del bosque.

El investigador realizó un seguimiento durante un año y encontró que, después del fuego, las áreas completamente incendiadas no lograron recuperarse y conservaron apenas alrededor de la mitad de las especies presentes en sectores no afectados.

Boullhesen desarrolla su investigación desde el Instituto de Ecorregiones Andinas (Inecoa), de doble dependencia del Conicet y la Universidad Nacional de Jujuy (Unju), y estudia los impactos de las actividades humanas, principalmente los incendios forestales.

Para ello utiliza una técnica de monitoreo acústico pasivo mediante grabadores que permanecen instalados en el campo y captan los sonidos ambientales.

La metodología comenzó a utilizarla durante su doctorado para realizar estudios de ciencia básica sobre ranas y sapos. Posteriormente, la aplicó para evaluar las consecuencias de los incendios sobre las comunidades de animales que producen sonidos y utilizan vocalizaciones para comunicarse e intercambiar información.

El trabajo se concentró particularmente en el gran incendio registrado a fines de 2022 en la zona de Calilegua, cuyos efectos también se hicieron visibles en San Salvador de Jujuy por la presencia de humo.

Junto con otros investigadores, Boullhesen pudo ingresar al área en diciembre de ese año, una vez que estuvieron dadas las condiciones de seguridad, e instalaron grabadores para realizar un seguimiento durante un año, desde diciembre de 2022 hasta noviembre de 2023.

“Lo que estoy haciendo es evaluando la dinámica de lo que pasó después de todo un año con las comunidades acústicas”, explicó Boullhesen.

El objetivo es comparar el impacto inmediato del incendio con la evolución posterior del bosque, incorporando además herramientas como imágenes satelitales para determinar si el ambiente logra recuperarse.

Sobre los primeros resultados, explicó: “Yo registré la mitad de las especies en bosque incendiado en comparación con bosques no incendiados”, y consideró que el impacto fue “muy drástico”.

El efecto también pudo observarse al analizar el paisaje sonoro, es decir, la diversidad y complejidad de los sonidos presentes en un determinado ambiente.

Como resultado, encontró que la diversidad sonora también se redujo casi a la mitad en las áreas afectadas respecto de los bosques nativos no incendiados.

El monitoreo acústico permitió trabajar desde dos perspectivas complementarias: identificar las especies a partir de sus vocalizaciones y analizar de manera general cómo cambia el paisaje sonoro.

El estudio también mostró que el fuego no afecta de la misma manera a todas las especies. Las más perjudicadas son aquellas consideradas especialistas.

“Las especies más especialistas, es decir, las especies que tienen algunos requerimientos específicos, como por ejemplo ranas mono, son las que sufren un impacto mayor”, explicó Boullhesen.

Eso ocurrió principalmente en las zonas más afectadas por el fuego.

“Eran todos palitos que habían quedado de árboles y no había nada”, describió al referirse al estado del bosque tras el incendio.

La situación fue diferente para las especies generalistas, que poseen mayor capacidad para adaptarse a distintas condiciones ambientales.

Entre ellas se encuentran los sapos comunes, que pueden refugiarse y posteriormente volver a vocalizar en los ambientes afectados.

“Como que se la bancan un poco más”, explicó, aunque aclaró que esa mayor resistencia no significa que el impacto desaparezca.

De hecho, sostuvo que los anfibios continuaron mostrando una diversidad menor en las áreas incendiadas.

El seguimiento durante un año permitió además observar que las consecuencias del incendio no permanecen estáticas a lo largo del tiempo.

“El bosque impacta, el incendio impacta de distintas maneras”, sostuvo el investigador, quien busca comprender cómo evolucionan esos efectos sobre las especies y el paisaje sonoro.

Aves y tecnología

La investigación incorporó también el análisis de aves nocturnas.

Los primeros resultados muestran una mayor cantidad de especies en los bosques no incendiados respecto de aquellos afectados por el fuego.

Sin embargo, Boullhesen continúa estudiando si, al igual que sucede con los anfibios, existe una diferencia marcada entre especies especialistas y generalistas.

Para este análisis, complementa los datos con información obtenida mediante sensores remotos e imágenes satelitales.

Estas herramientas permiten observar indicadores de productividad del bosque y estimar su capacidad de recuperación a partir de la actividad fotosintética de la vegetación.

“Los bosques completamente incendiados después de un año quedan abajo en el nivel fotosintético”, explicó Boullhesen.

Según indicó, esto demuestra que, al menos durante el período analizado, el ambiente no recuperó los niveles de producción vegetal observados en los sectores no incendiados.

El estudio encontró evidencias del impacto del fuego sobre la diversidad de especies, la composición y complejidad del paisaje sonoro y la productividad de la vegetación.

“Impacta en la diversidad de las especies, impacta en el paisaje sonoro, es decir, la complejidad de sonido que hay en el lugar, pero también impacta, obviamente, en la productividad fotosintética”, afirmó el investigador.

La intención es integrar todos estos indicadores para obtener una mirada más completa de las consecuencias de los incendios y poner en valor herramientas que permitan comprender qué sucede con los ecosistemas después de eventos de estas características.

Prevención desde las escuelas

Boullhesen participa además de un proyecto de aprendizaje y servicio destinado a escuelas rurales, que busca trabajar sobre la prevención de incendios forestales y la concientización ambiental.

La iniciativa se desarrolla actualmente en la zona de Cerrillos, Salta, y contempla actividades que van más allá de una clase teórica.

El objetivo es involucrar a estudiantes y docentes en acciones concretas, como la plantación de árboles o el mapeo de microbasurales.

El proyecto surgió del trabajo realizado desde Inecoa y de la articulación con el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, mediante una mesa interdisciplinaria.

Boullhesen adelantó que la intención es trasladar esta experiencia a Jujuy el próximo año, especialmente a localidades de las Yungas como Yuto, Caimancito y Calilegua.

Fuente: El Tribuno de Jujuy

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