Así lo advierte un informe del Conicet y la Asociación Argentina de Ecología, elaborado por investigadores especializados en ecología y biodiversidad. El trabajo detalla el estado de los bosques andino-patagónicos, que ocupan 53.565 kilómetros cuadrados, y señala que proteger estos paisajes resulta fundamental para preservar la biodiversidad regional.
Un grupo de 51 investigadores pertenecientes a 19 instituciones, convocados por la Asociación Argentina de Ecología (Asae), elaboró el mapeo más completo disponible de los ecosistemas del país. El trabajo contó con financiamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y fue realizado a pedido de la Dirección de Biodiversidad de la Nación.
La investigación produjo 133 fichas de ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres. Uno de sus resultados más destacados se encuentra en el extremo sur del país.
Los bosques andino-patagónicos, una franja de vegetación que se extiende a lo largo de la cordillera desde las provincias del norte de la Patagonia hasta Tierra del Fuego, tienen el 58,3 por ciento de su superficie bajo algún grado de protección, según el informe.
Esto equivale a 31.236 kilómetros cuadrados resguardados por una red que incluye cinco áreas de jerarquía internacional, entre ellas los Patrimonios de la Humanidad Los Alerces y Los Glaciares y la Reserva de la Biósfera Andino Norpatagónica. A estas se suman 13 áreas nacionales y 54 provinciales.
Sin embargo, los especialistas identificaron tres amenazas que afectan a los ecosistemas de la Patagonia.
El castor invasor
La primera amenaza es de origen animal y proviene del hemisferio norte. El castor canadiense es una especie exótica invasora, es decir, introducida desde otro lugar del mundo y capaz de causar daños en el ambiente local, que el informe de la Asae ubica entre los principales peligros para el bosque.
El animal construye diques en los cursos de agua, lo que provoca la inundación de los bosques cercanos y la destrucción de los árboles.
Otras especies invasoras mencionadas en el diagnóstico son la rosa mosqueta y la avispa chaqueta amarilla.
Truchas introducidas
Los cuerpos de agua del bosque enfrentan otro problema: la presencia de salmónidos exóticos, es decir, truchas y salmones introducidos desde otras regiones del mundo.
El informe menciona, entre otras especies, a la trucha arcoíris y la trucha marrón.
Estos ejemplares habitan los mismos cuerpos de agua que peces nativos como los puyenes y las percas, propios de la región y parte de la cadena alimentaria original del ecosistema.
El deshielo continúa avanzando
La tercera amenaza es climática. El informe de la Asae identifica la retracción glaciar, es decir, la pérdida de masa de los glaciares debido al aumento de la temperatura, como uno de los factores que afectan a los lagos de altura de la región.
Estos cuerpos de agua dependen del derretimiento controlado del hielo para mantener su nivel.
Los lagos andinos de la Patagonia austral, entre los que se encuentra el lago Argentino, el más grande del país con 1.560 kilómetros cuadrados, también reciben el impacto del cambio climático y del avance urbano sobre sus márgenes.
El valor natural del bosque andino y las amenazas que enfrenta
De acuerdo con el informe elaborado por la Asociación Argentina de Ecología (Asae) y el Conicet, el bosque andino-patagónico posee una superficie total de 53.565 kilómetros cuadrados y un clima templado frío, con precipitaciones medias de 1.649 milímetros anuales.
Entre su fauna y flora se encuentran el huemul, un ciervo autóctono en peligro de extinción, el cóndor, el carpintero gigante y el alerce, uno de los árboles más longevos de la región.
El ecosistema brinda servicios de regulación climática, provisión de agua dulce y soporte para el ecoturismo en toda la región cordillerana.
Una de las coautoras del trabajo, la investigadora en ecología del Conicet Paulina Martinetto, explicó a Diario Río Negro la situación de las provincias de Río Negro y Neuquén.
“En las dos provincias se observa una gran diversidad de ecosistemas tanto terrestres como acuáticos continentales y marinos. Esto se debe principalmente a su geografía única, desde la cordillera al mar, y su posición en la Patagonia norte, región de transición climática”, señaló.
La especialista destacó: “La riqueza natural que convive en Río Negro y Neuquén brinda múltiples beneficios a sus habitantes, como agua potable, alimentos, regulación del clima y ecoturismo”.
Fuente: Diario Río Negro