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Peces y aves del río Paraná con microplásticos

Todos los sábalos analizados en un estudio en el Río Paraná contenían micropartículas de plástico en el tracto digestivo. La contaminación registrada en estos peces fue de 9.9 micropartículas promedio y la máxima de 27 en un solo espécimen. Así lo reveló un equipo de investigación del Conicet que encontró además restos plásticos en el excremento de aves y micropartículas en la ribera del litoral argentino.

Los animales de la región del Paraná Medio ingieren milimétricas partículas de plástico que se encuentran tan fragmentadas en su hábitat que es imposible diferenciarlas. El estudio a cargo de especialistas del Instituto Nacional de Limnología -Inali, Conicet-Universidad Nacional del Litoral- encontró micropartículas en las vísceras de peces y también en las heces de aves, como el espinero grande, una especie muy común en el litoral. Los datos dan un panorama sobre la gravedad de la contaminación ambiental por plásticos que está sufriendo el acuífero guaraní, la reserva de agua dulce más importante del mundo y el impacto sobre las especies.

El equipo de investigación comenzó a realizar las primeras mediciones en 2016, con el fin de detectar microplásticos en la arena en una de las tradicionales playas de la ciudad de Paraná, el Balneario Thompson. En ese entonces, encontraron unas cinco mil unidades por metro cuadrado, de pequeñas partículas de plástico menores a cinco milímetros. El proyecto novedoso en el país, que luego se fue expandiendo a la zona del Paraná Medio, surgió por una pregunta básica, querían conocer la magnitud del problema de la contaminación por plástico, hasta dónde se expandía y cuáles eran las consecuencias ambientales. “Era un elefante que estaba ahí en medio de la sala, todos lo veían, pero a nivel científico no se había estudiado ni acá en Argentina, ni en Latinoamérica” explica a elDiarioAR, Martín Bletller, doctor en ciencias biológicas y uno de los investigadores del programa, para quien lo llamativo fue que ya en la primera muestra detectaron la presencia de microplásticos.

El estudio que lleva seis años es concluyente: la alta presencia de residuos plásticos afecta la biodiversidad y la salud humana. En la actualidad, la presencia de plásticos y derivados de los mismos, como los microplásticos, son una preocupación ambiental a nivel mundial dado que estos contaminantes están en todas partes, de manera duradera y generan el denominado estrés oxidativo que implica básicamente un desequilibrio en el sistema y afecta la salud humana.

El equipo pudo comprobar en condiciones reales, que en la región hay un promedio de 220 envases de botellas, vasos y demás plásticos cada 100 metros cuadrados en la región, mientras que en el análisis de las micropartículas registraron 5 mil micropartículas por metro cuadrado.

“La cifra de micropartículas puede incrementarse a 15 mil o 20 mil dependiendo de la zona donde se haga el estudio entre otras variables. En la playa del Thompson en Paraná, llegamos a encontrar estas cantidades; es una playa que tiene aguas arribas de manera lindante el arroyo Las Viejas, una suerte de gran inyector de microplásticos” sostiene Blettler al referirse a varios condicionantes como cuestiones climáticas, época del año, uso del espacio público, entre otros.


Peces y aves con microplásticos

En el caso de los peces, todos los sábalos de la zona del Paraná Medio estudiados estaban contaminados con al menos un microplástico. Si bien el promedio de micropartículas halladas en general en esta especie fue del 9.9, hubo un dato alarmante, en un solo sábalo se detectó la presencia de 27 microplásticos.

En el 90 por ciento de los microplásticos hallados en los sábalos se trató de fibras, algo que también revelaron varios estudios a nivel mundial que también han reportado mayor número de fibras ingeridas en comparación con otros tipos de microplásticos. El razonamiento detrás del predominio de las fibras es la naturaleza diversa de este tipo de microplástico, que puede tener su origen en la fragmentación o degradación de prendas de vestir. De hecho, lavar mediante lavadora eléctrica, hace que cada prenda de ropa sintética libere alrededor de 2 mil microfibras.

La gran dificultad para eliminar los microplásticos es su tamaño que impide que puedan ser separados y posibilita que puedan alcanzar la cadena alimentaria humana a partir de organismos acuáticos generando una contaminación en la red.

Todos los ríos dan al mar, la basura también

En Argentina, apenas un nueve por ciento de los residuos plásticos son reciclados, el resto va a parar a los vertederos, al río y luego al mar. “Los arroyos juegan un papel como si fueran venas por donde se trasladan los plásticos hacia el río” explica Blettler para advertir sobre la incorrecta gestión de los residuos, una responsabilidad directa de los municipios.

“Después de una lluvia o creciente vemos en los arroyos como unas plumas que se extienden en la desembocadura que da al Paraná, al igual que en cada boca de tormenta, con una colección de plásticos que salen hacia el río” dice el investigador que considera un tema prioritario la gestión de los plásticos, primero su recolección, la disposición final y el reciclaje, para evitar el proceso de fragmentación que degrada los macroplásticos hasta convertirlos en micropartículas o nanopartículas imposibles de recolectar o separar, y que se esparcen por el ambiente. Pero no es una tarea simple. Existen otras esferas de responsabilidades y es la que tienen quienes producen plásticos para el consumo masivo, es decir las grandes empresas.

Blettler marca una diferencia entre la contaminación que se da en países europeos, generalmente por un proceso de “fuga” o derrames de petróleo, mientras que la que se da en nuestros países proviene directamente de la basura.

“La mayoría de los basurales se encuentran en terrenos bajos, anegables, lindantes al río, por lo que, ante la falta de disposición final, los plásticos terminan desfilando hacia el río” indicó el investigador al detallar los alcances del estudio que revela que en nuestro país el problema se origina principalmente en los basurales. Como ejemplo de esta situación, y ubicados en la vera de la zona del Paraná Medio, están los basurales a cielo abierto de la ciudad de Santa Fe, cercano a la localidad de Rincón, o el de Paraná, conocido como “El Volcadero”, que fueron incluidos en la investigación.

La inadecuada gestión de los residuos produce esta acumulación de microplásticos que invaden el ambiente tanto por aire, tierra o agua, afectando potencialmente a la salud humana al alcanzar el sistema circulatorio a través de su ingestión, inhalación o contacto directo a través de la dermis.

Yo señor, no señor

Jonathan Frazen, periodista de The New Yorker, tituló su columna de opinión publicada en septiembre de 2019, ¿Qué pasa si dejamos de fingir? Básicamente se refiere a la negación que realizamos generalmente frente al problema de la contaminación. Y dice que dada la elección entre una abstracción alarmante como es la muerte y la evidencia tranquilizadora de mis sentidos – ¡quiero desayunar!- nuestra mente prefiere concentrarse en lo último. El periodista habla sobre el mecanismo de negación que realizamos frente a situaciones catastróficas, una operación que pareciera ser generalizada frente a alarmantes llamados por parte de la comunidad científica ante el cambio climático, la contaminación ambiental, la desertificación, las inundaciones, las sequías extremas y las migraciones que se dan juntamente con las catástrofes. Lo cierto es que estos datos nos acercan irremediablemente hacia el apocalipsis.

Como en el juego del gran bonete, nadie quiere asumir la responsabilidad de este problema. Para Blettler hay una escala de responsabilidades, que va de menor a mayor. Desde lo personal a las grandes corporaciones que son las productoras del plástico y su uso masivo.

“Parece increíble que hoy te vendan una naranja cortada en gajos dentro de un envase de polipropileno que a su vez está envuelto con nylon”, dice un hombre frente a la góndola de un supermercado, lo que muestra a qué punto a llegado el uso de los plásticos y la falta de regulaciones para este uso indiscriminado. Por eso muchas personas conscientes de la situación han optado por reducir el uso del plástico, reutilizando envases, llevando bolsas de tela o biodegradables y recipientes para el traslado de diferentes productos y enseres.

Blettler dice que si bien es cierto que como consumidores finales, podemos de manera individual asumir el compromiso de separar los residuos para que no vayan a parar a los vertederos y puedan ser acumulados de manera diferenciada, esto tiene un impacto relativo frente a las decisiones que pueden tomar los gobiernos, y las grandes empresas productoras de plástico, lo que requiere de acuerdos y tratados internacionales. En este sentido, hay quienes proponen trabajar en regulaciones que involucren a las empresas en lo que Tomas Lindhqvist, académico sueco y director del Instituto Internacional de Economía Ambiental Industrial, definió como la responsabilidad extendida, un concepto que busca hacer responsables financiera o físicamente a quienes producen los plásticos de aquellos productos una vez agotada su vida útil, o sea cuando se convierten en basura.

A diferencia de la contaminación por desechos industriales y la emisión de gases de efecto invernadero que se da en países del primer mundo, en los países de la región la máxima responsabilidad está en manos de las gestiones municipales, ya que el origen del problema es la disposición de los residuos, por lo cual requiere de una intervención directa del Estado, políticas ambientales centradas en la reducción, contención y mitigación del uso de plásticos.

Toxicidad en la cadena alimentaria

El hecho que se hayan detectado micropartículas de plástico en aves y peces es indicativo que también podrían estar en los músculos y órganos de cualquier especie. La toxicidad que tienen los plásticos es debido a la presencia de aditivos químicos contaminantes que generan fundamentalmente toxicidad hepática o gastrointestinal, ya que una vez que acceden al organismo, y mediante el proceso de absorción logran acceder al torrente sanguíneo para difundirse por los órganos y células del organismo humano.

“En nuestra región no hemos medido la presencia de microplásticos en los músculos de los peces, en aves o en el ser humano, porque eso requiere de una tecnología que no tenemos disponible por sus costos” dice Blettler que participa de estudios de investigación en países como Alemania, Inglaterra, Francia, entre otros, aunque la presunción es que si se ha detectado microplásticos en vísceras y en las heces, éstos pueden haber traspasado a órganos y al torrente sanguíneo, algo que en países donde se aplica la nanotecnología se ha corroborado, detectando la presencia de microplásticos y nanopartículas en órganos vitales humanos, en la sangre e incluso hay evidencias de la transmisión de estas partículas de la mujer al embrión. Es que estas milimétricas partículas de plástico, aunque no las veamos también están en el aire que respiramos y en los productos que utilizamos cotidianamente, cosméticos y textiles.


Fuente: portal eldiarioar.com

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