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Vecinos de Salta denuncian que un pozo petrolero mal cerrado destruyó un ecosistema y los dejó sin su modo de subsistencia

Los pobladores denuncian que del pozo sale gas de manera permanente y que se formó una pequeña laguna de una sustancia aceitosa en medio del bosque. Algunos tuvieron que abandonar el lugar y perdieron desde cabezas de ganado hasta sus hogares. Un pueblo de Salta, ubicado en medio del bosque previo a las yungas, cambió por completo hace tres años a partir de un pozo petrolero de la zona que dejó de ser explotado y que, según denuncian, fue cerrado de manera incorrecta. Esto derivó en una contaminación constante del aire por una fuga de gas que brota desde el suelo y en la formación de una laguna con una sustancia aceitosa. La situación provocó la contaminación del suelo y la muerte de cientos de cabezas de ganado, principal actividad de subsistencia de los habitantes de la zona, muchos de los cuales tuvieron que mudarse. Los pobladores de Lomas de Olmedo, ubicada a unos 260 kilómetros al noreste de la ciudad de Salta, comenzaron a reclamar hace más de dos años por el gas que sale de manera permanente desde el suelo y por la formación de una especie de laguna con una sustancia aceitosa en una zona boscosa. La situación afectó unas 20 hectáreas de un ecosistema particular, ya que se trata de una zona de transición entre dos ecorregiones diferentes. Desde 1983 hasta la actualidad, seis empresas explotaron ese pozo petrolero. La última lo hizo hace tres años, pero tanto las personas que vivieron hasta hace un tiempo en el área como Greenpeace denuncian que, tras finalizar la explotación, el yacimiento fue cerrado de manera incorrecta y esto derivó en la situación actual. Una vida interrumpida La población de Lomas de Olmedo subsistía principalmente de la ganadería. Sin embargo, todo cambió desde que comenzaron las fugas: se contabilizaron más de 350 animales muertos en tres años, sin incluir la fauna silvestre, y la contaminación del entorno fue tan grave que muchas personas tuvieron que abandonar el lugar. Al no contar con otros ingresos, algunos pobladores debieron trasladarse a otras localidades, como Pichanal, ubicada a unos 80 kilómetros, y regresar diariamente a Lomas de Olmedo para cuidar las pocas cabezas de ganado que sobrevivieron. El trayecto no es sencillo, ya que deben recorrer caminos rurales difíciles de transitar, especialmente cuando llueve. El problema es doble: los pobladores deben mudarse y modificar su forma de subsistencia, mientras se produce un retroceso del bosque nativo. Vecinos que hablaron con TN, pero pidieron no ser identificados, afirmaron que se sienten abandonados porque, en algunos casos, se está perdiendo diariamente el esfuerzo de tres generaciones de habitantes de la zona que viven de la ganadería y no tienen otra manera de subsistir. Desde el comienzo de las fugas, hace tres años, los animales fueron los principales perjudicados. En un principio, la mayoría pensó que se trataba de alguna enfermedad, pero a medida que aumentaban las fugas del pozo comprendieron que el problema era mucho más grave. El “Chernobyl argentino” El biólogo Matías Arrigazzi forma parte de Greenpeace y fue uno de los testigos directos de la situación en Lomas de Olmedo. El relevamiento de la zona fue difícil, recordó, porque el aire está completamente contaminado: “Tenés que ir saliendo y entrando porque no se puede respirar”. El entorno presenta un paisaje de tierra arrasada: suelo anaranjado y una laguna aceitosa que cambia de color, con predominio de tonos amarillos, hacen que la zona sea irreconocible. Estas anomalías hicieron que el lugar fuera denominado el “Chernobyl argentino”, una de las primeras impresiones que tuvo el equipo de la ONG al llegar. Arrigazzi relató que el ruido provocado por la salida del gas desde el suelo es casi ensordecedor y que varía según las condiciones atmosféricas. “Cuando baja la presión atmosférica, aumenta el chorro de salida, el gas sube con más fuerza y en ese momento no se puede respirar. El ruido es ensordecedor”, explicó. Sin embargo, describió que lo más impactante es una “lluvia aceitosa” que cae después de que el gas invade el ambiente y forma un círculo perjudicial para el ecosistema. “Eso se deposita en el suelo y en las plantas, que se cubren también de tierra y hacen que los árboles pierdan su color. Y, por estar cubiertos, no pueden fotosintetizar y terminan muriendo de pie”, detalló. Un ecosistema único Las 20 hectáreas de bosque nativo forman parte de una región de transición. Según explicó Arrigazzi, se trata del paso natural del Chaco seco a la selva pedemontana previa a las yungas. Por ese motivo, el objetivo, además de identificar a los responsables y cerrar correcta y definitivamente el pozo petrolero, es intentar que el bosque pueda recuperarse. “En ese sector se da la fusión de dos ecosistemas que generan una particularidad única, que cuenta con especies endémicas, que no están en otra parte del mundo, y que es prioritario para la conservación a nivel provincial y un área importante para la conservación de aves a nivel internacional”, detalló el biólogo. También agregó que en esa región “hay especies amenazadas como el ocelote, la corzuela o el pecarí”. Los registros sobre la flora realizados por el equipo mostraron que los bosques todavía son resilientes, pero cada día que pasa sin que se remedie el ambiente resulta crucial, porque disminuyen las posibilidades de que el ecosistema pueda recuperarse correctamente. “Encontramos brotes, pero salían y morían jóvenes, y nunca llegaban a ser plantas maduras. Cada día que pasa, aumenta la probabilidad de que el daño sea irreversible”, afirmó. El reclamo para volver a la normalidad “Animal que cruza por ahí, animal que se muere. Es triste, muy triste”, afirmó uno de los pobladores, quien aseguró que ya vio morir vacas, quirquinchos y corzuelas. “Ni siquiera se puede pasar”, agregó. “Nos pidieron que nos vayamos a dormir a otro lado porque la concentración de gas es mayor a la noche, así que nos tenemos que ir todos los días. Es un sacrificio más del que ya tenemos”, detalló otro habitante. Por ese motivo, el pedido es unánime: que el pozo sea cerrado correctamente para poder retomar sus vidas cotidianas. “No estamos pidiendo nada de otro mundo, queremos que se cierre el pozo para volver a vivir tranquilos y que se dejen de morir los animales y las plantas”, afirmó. En octubre de 2025, en el marco de una investigación desarrollada por la Fiscalía Penal de Pichanal, en la que también se lleva adelante una acción civil ambiental, realizaron una inspección ocular en la zona la titular de esa fiscalía, María Sofía Fuentes; la fiscal civil Marcela Fernández; y el juez Gustavo Ramiro Morizzio, del Juzgado de Garantías número dos de Orán. Dos meses después, a principios de diciembre del año pasado, el Gobierno de Salta declaró, mediante el Decreto 826/25 firmado por el gobernador Gustavo Sáenz, la caducidad de la explotación otorgada a President Petroleum SA, la última empresa que trabajó en el área. La normativa también dispuso que el área de explotación no convencional de hidrocarburos denominada “CNO-8 ‘Puesto Guardián’” pasara a manos del Estado provincial, “con todas las instalaciones, pozos, mejoras y demás elementos afectados a la actividad”. El mismo decreto facultó al entonces Ministerio de Producción y Desarrollo Sustentable, actualmente Ministerio de Producción y Minería, a “suscribir los acuerdos necesarios para establecer una operación de mantenimiento y resguardo de emergencia, a los fines de asegurar la continuidad operativa, ambiental y de seguridad” del área. TN realizó consultas al Ministerio de Producción y Minería de la provincia para conocer cuáles serán los próximos pasos y cómo se llevaron adelante los acuerdos para los que se encuentra facultado, pero al cierre de la nota no obtuvo respuestas. Fuente: TN

Salta salud ambiental

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