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Baudino: “Estado sirve ahora solo a los capitalistas dueños de grandes monopolios”

En este artículo de opinión, el ex secretario general de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer) y referente social, César Baudino, repasa la configuración global y advierte sobre las consecuencias del capitalismo.

Si el imperialismo es un acontecimiento histórico que data del siglo XIX, sus principales características están dadas por ser una parte dependiente del propio proceso de desarrollo del capitalismo; sintetiza una etapa de expansión de la cual emergen las primeras potencias hegemónicas a nivel mundial, cuya disputa por obtener el dominio y control del mercado mundial de producción, los mercados y el trabajo se convierte en su objeto central. Es en las entrañas del capitalismo donde hay que introducirse para comprender las formas de dominio y explotación que asume esta particular manera de ejercicio del poder a nivel mundial. Es un proceso de concentración y centralización del capital, la formación de monopolio, la unidad entre el capital financiero especulativo absorbiendo al industrial, la crisis del primer capitalismo colonial en el siglo XVIII y la revolución industrial y tecnológica donde encontramos las bases para explicar sus formas de articulación, sus transformaciones y su consiguiente pervivencia hasta nuestros días. Así como el imperialismo se abre paso hay muchos precedentes de resistencias a nivel planetario. Por estos días hay una provocación manifiesta del imperio del norte (Trump) a países caribeños violando un principio básico de convivencia como es el de la libre autodeterminación de los pueblos. A continuación, quizás, el antecedente más pormenorizado y agudo sobre éste sistema expoliador lo realizó Lenin.

El imperialismo, fase superior del capitalismo
El imperialismo, fase superior del capitalismo es un libro escrito por Vladimir Lenin en 1916, en Zúrich (Suiza). El trabajo de Lenin sigue siendo un instrumento indispensable para el análisis de la sociedad capitalista contemporánea.

El capitalismo en su etapa imperialista necesita guerras a repetición con fines económicos; guerras y explotaciones expansionistas y para dar salida a sus crisis periódicas-cíclicas, que tienden a hacerse permanentes, mediante la producción de armamentos y la reconstrucción de países posguerra.

Escribía Lenin en 1916: “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulamiento financiero de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países ‘avanzados’”.

Hasta los días de hoy, tres potencias rapaces de poderío mundial, armados hasta los dientes (EEUU, Inglaterra, Japón) que se reparten ese botín en el planeta, explotan a todo el mundo.

En él, Lenin explica que la época del capitalismo de libre competencia tuvo su fin. Acompañado por una de las fases clásicas de la época, describe cómo los países más adelantados (Alemania, Inglaterra, Japón, Francia, EEUU) se han transformado en potencias imperialistas.

A comienzos de esta época, el capitalismo se caracteriza por el predominio de las asociaciones, la concentración de capital ha dado lugar a grandes monopolios que manejan sectores enteros de la producción y la economía de los países capitalistas centrales.

La competencia, la nueva fase del capitalismo, se ha abierto ahora entre los monopolios que luchan por el control de la economía y el mercado entre sí. El Estado ha dejado de ser propiedad de toda la burguesía para estar controlado solo por los sectores monopolistas de la burguesía. El Estado sirve ahora solo a los capitalistas dueños de grandes monopolios.

De esta manera Lenin desarrolla el punto de vista de Marx más allá de lo que aquel pudiera haber hecho, dado que el fenómeno de los monopolios se da a partir de muy a finales del siglo XIX.

Lenin expone en esta obra los rasgos fundamentales de la época del imperialismo.

El imperialismo se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

El elevado desarrollo de la producción capitalista se ha concentrado en unos pocos grandes monopolios y este fenómeno puede observarse (entonces y hoy en día) en todos los países. Unas pocas empresas controlan sectores enteros (telefonía, transportes, etc.) frente a los rasgos iniciales del capitalismo (donde en cada sector competían muchos pequeños productores).

El nuevo papel de los bancos y la fusión de estos con el capital industrial, que llevan a la formación del capital financiero y al poder de la oligarquía financiera. Los bancos ya no son pequeños prestamistas. Los volúmenes de capital en liza son tan grandes que su actividad se vuelve imprescindible para la producción. Aún más, la información y la capacidad de incidencia que tienen los bancos los convierten en un centro decisivo (y decisorio) para la economía de cada país.

La exportación de capital adquiere una gran importancia respecto a la exportación de mercancías, característica de la fase precedente. Esto facilita la penetración y el expolio de las grandes potencias contra los países menos desarrollados.

La formación de asociaciones de capitalistas internacionales que se reparten el mundo, y la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

En la época del librecambio, en el siglo XIX, las burguesías de los distintos países buscaban nuevos países para obtener más materias primas y nuevos mercados donde colocar sus mercancías. Dicho proceso ha terminado. El mundo se ha repartido territorialmente de forma completa y concreta. Esto obliga a cualquier potencia a desplazar o someter a otros países (o a otras potencias) si pretende obtener más materias primas o ampliar su mercado. Y si no lo hace las que sí lo hagan se acabarán haciendo más poderosas.

Con todo ello se formará lo que se conoce como una cadena imperialista. Es decir, una jerarquía entre las distintas potencias cuyos eslabones de alianza y dependencia (o sometimiento) se establecen según la fuerza (política y militar) y según el capital que poseen. Para poder competir y desarrollarse cada país se ve sometido al papel que ocupa en dicha cadena. Dadas estas condiciones el sistema político que prevalece en un sistema imperialista, propio de aquellas potencias, tiende a apuntar a la cabeza por dominar el resto de países a costa de someterlos de una u otra manera.

capitalismo Baudino

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