En la Casa Rosada celebran la reciente alianza con el PRO, la relativa estabilidad del dólar y los primeros datos de inflación de agosto, que muestran un bajo traslado a precios tras la última suba cambiaria. Sin embargo, crece la inquietud por las presiones para aumentar el gasto público y la incertidumbre sobre el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires, donde las encuestas muestran un escenario abierto.
El Gobierno valora haber controlado tensiones internas y la recomposición del “Triángulo de Hierro” con el ingreso de Guillermo Francos como jefe de Gabinete, aunque en los pasillos admiten que la influencia de Karina Milei sigue en aumento. En el plano económico, el presidente Javier Milei insiste en que defenderá a ultranza el equilibrio fiscal, incluso con el veto como herramienta clave, frente a proyectos legislativos que podrían ampliar el gasto.
En el frente cambiario, operadores prevén que el dólar se mantenga en torno a los valores actuales al menos hasta septiembre, gracias a la combinación de subas nominales recientes, la apreciación de monedas emergentes y reservas disponibles que rondarían los 20.000 millones de dólares. Más allá de octubre, después de las elecciones, el mercado especula con una posible corrección.
Las proyecciones privadas estiman que la inflación de agosto se ubicará entre dos y 2,5 por ciento, muy por debajo de las expectativas históricas tras una devaluación. El contexto de política monetaria restrictiva, apertura comercial y caída del poder adquisitivo contribuiría a este comportamiento.
En lo electoral, la provincia de Buenos Aires aparece como el principal desafío. Algunas encuestas dan una leve ventaja a la alianza libertaria-PRO, mientras otras prevén un triunfo opositor. Factores como el ausentismo, el aparato territorial y el arrastre nacional podrían definir el resultado.
En el sector empresarial, el principal temor no pasa por el dólar sino por el “riesgo político”. La falta de mayorías legislativas propias y la posibilidad de un regreso de gestiones con políticas intervencionistas desalientan inversiones, salvo en sectores estratégicos como minería o energía.
Pese a la mejora cambiaria, la industria no logra compensar el “costo argentino”, que según la UIA mantiene a la producción local un 25 por ciento más cara que la internacional. Las pymes industriales, golpeadas por la baja demanda y la competencia externa, siguen mostrando indicadores recesivos, con 70 por ciento de producción estancada o en caída.