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Política
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El periodismo no está para ser querido. Está para incomodar al poder

Hace falta empezar con una incomodidad: en la redacción, en Twitter, en el café, siempre aparece la misma frase. “Ese periodista no es objetivo, se nota que tiene una postura”. Como si tener una postura fuera un pecado capital y como si la objetividad fuera la ausencia de cabeza.

Por Eugenio Jacquemain (*)

Vamos a desarmar eso.

El periodismo independiente no es el periodismo sin opinión. Es el periodismo sin patrón que te dicte qué decir. La independencia es financiera, política y de criterio. No le debés el sueldo al gobierno, no le debés favores a la empresa que pauta, no le debés obediencia al partido. Por eso podés mirar los hechos y decir: “Esto es así, y esto me parece un problema”. Y podés decirlo sin que te tiemblen las manos.

Ahora, ¿por qué tener un punto de vista no te vuelve subjetivo? Porque la subjetividad no está en tener una mirada. Está en reemplazar los hechos por esa mirada.

Un periodista puede decir: “La política económica que se anunció hoy va a aumentar el déficit fiscal”. Eso es un análisis, tiene una postura, y se sostiene con datos: gasto proyectado, ingresos estimados, deuda. Si vos mañana encontrás un error en los números, lo refutás con otros números. El debate sigue en el terreno de lo verificable.

Lo subjetivo sería decir: “Esta política es mala porque no me gusta el ministro”. Ahí cortaste el vínculo con la realidad. Ya no estás informando, estás desahogándote. Y eso no es periodismo, es columna de opinión disfrazada.

Entonces, ¿dónde está la verdadera objetividad del periodismo? No está en el mito del periodista robot que no siente, no piensa y repite dos lados de una historia como si ambos tuvieran el mismo peso. Eso no es objetividad, es pereza intelectual.

La objetividad está en el método. Está en tres cosas concretas:

Primero, fidelidad a los hechos verificables. Si decís que hubo 10 mil personas en una marcha, lo contás y lo bancás con fotos, videos, estimaciones de especialistas. Si te equivocás, corregís. La corrección pública es parte del método objetivo.

Segundo, transparencia sobre el criterio. El lector tiene derecho a saber desde dónde mirás. Si sos un periodista que cree en el mercado libre, decilo con tu trabajo. Si sos crítico del gasto público, que se note en las preguntas que hacés. Lo deshonesto esconderlo y pretender que “no tengo ideología”. Todos tenemos. Lo honesto es no mentir sobre eso y no dejar que la ideología te haga inventar datos.

Tercero, disposición a cambiar cuando la evidencia cambia. La objetividad no es tener razón siempre. Es estar dispuesto a que te demuestren que te equivocaste. Un periodista con punto de vista pero objetivo, cuando ve los datos nuevos, ajusta el análisis. El militante no. El militante ajusta los datos para que encajen en el análisis.

Un paréntesis necesario sobre la frase “no odiamos suficientemente a los periodistas”. Esa línea, dicha por un presidente, dice más de lo que parece. Si se entiende como un ataque, es grave: un jefe de Estado no debería alimentar la hostilidad contra quienes lo controlan. Pero si se lee en clave de oficio, tiene un fondo incómodo y cierto. El periodismo no está para ser querido. Está para incomodar al poder, para preguntar lo que nadie quiere responder, para no aplaudir cuando toca exigir. El problema es cuando el “no odiar suficiente” se convierte en licencia para mentir, para hostigar o para negar el derecho a réplica. Ahí se cruzó la línea. Un periodista independiente no busca odio ni cariño. Busca que le den los datos, y si no se los dan, los va a buscar igual. Y si el poder se enoja, es porque algo se hizo bien.

Por eso un periodista independiente puede decir: “Yo creo que esta medida perjudica a los jubilados”. Y al mismo tiempo publicar el decreto completo, entrevistar al ministro, buscar el informe de la UCA y darle voz a quien defiende la medida. No es contradictorio. Al contrario, es la única forma de que tu punto de vista tenga valor. Si no sometés tu opinión al fuego de los hechos, tenés un dogma, no un argumento.

La confusión viene de creer que “objetivo” significa “neutral”. No. Neutral sería no elegir qué cubrir, no preguntar, no jerarquizar. Y eso es imposible. Cada vez que decidís que una noticia va en tapa y otra en la página 23, estás haciendo un juicio de valor. Lo que te pide el oficio es que ese juicio esté basado en relevancia pública, no en conveniencia personal.

El periodismo independiente necesita periodistas con punto de vista. Sin eso tenés crónicas planas que no le sirven a nadie. La sociedad no necesita más resúmenes de comunicados de prensa. Necesita gente que mire la realidad, la entienda, tome posición y la defienda con pruebas.

La verdadera objetividad no es la ausencia de mirada. Es la honestidad para mostrar los hechos, la claridad para mostrar el cristal con el que mirás, y la humildad para cambiar de opinión cuando la realidad te pasa por encima.

Todo lo demás es marketing de la neutralidad. Y la neutralidad, en periodismo, casi siempre esconde a alguien que no quiere que le hagas las preguntas difíciles.

(*) Editorial Fuera de Juego -Somos Entre Ríos – 8 de abril de 2026

Fuente: Orilla y Media
opinión Eugenio Jacquemain

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