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Política
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Hasta acá llegó mi amor

Daniel Gatica renunció a su cargo.
Daniel Gatica renunció a su cargo.

Familiares de un paciente que murió en el hospital San Vicente de Paul de Salta atacaron a pedradas la guardia, y provocaron la reacción del médico Daniel Gatica: "Hasta aquí llegó mi salud mental, mi esfuerzo físico y espiritual no da para más".

"Estoy cansado de tener tres óbitos en una tarde o cinco en una noche y saber que nunca hay cama en terapia, que estamos solos, que no hay que molestar y arreglarse con lo que hay, días y días de guardia en emergencia donde hace más de un mes el oxígeno es un lujo. Me cansé de atar con alambre, de hacer lo imposible, de seguir protocolos que sabemos que no sirven, de tener que elegir a quien dar una cama y a quien darle un tubo de oxígeno semivacío y una camilla o una silla, me cansé de salir a las 15 y volver a las 18 y salir dos días después, sin tener donde bañarse ni cambiarme".

Las causas lejanas de la desanimada queja del doctor Gatica fueron previstas hace un siglo por Errico Malatesta, uno de los principales teóricos del socialismo libertario, a pesar de no tener ninguna intención intelectual. En uno de sus artículos, que eran panfletos para ilustrar a los trabajadores, Malatesta escribió: "Si en la sociedad hay médicos e higienistas ellos organizarán, a buen seguro, el servicio sanitario. Y si no existen, un gobierno no puede tampoco improvisarlos. Únicamente podría, merced a la muy justificada sospecha que el pueblo abriga con relación a todo lo que se le impone, rebajar el criterio y la reputación de los médicos existentes y hacerlos descuartizar como envenenadores cuando tratan de combatir o evitar las epidemias".

Malatesta no se hace ninguna ilusión acerca de la eficacia ni del valor del Estado. Lo define como el conjunto de las instituciones políticas, legislativas, judiciales, militares, financieras, por las que se quita al pueblo la gestión de sus asuntos para confiarlos a los que se han investido de la facultad de hacer leyes y del poder coactivo de hacerlas cumplir. O más sintéticamente como la entidad que usa la fuerza de todos contra cada uno.

En la línea de la agresión que quebró la resistencia del doctor Gatica, hemos asistido a intentos de expulsar a médicos y enfermeros de sus domicilios ante la idea de que son portadores de la peste, y a ataques contra niños y ancianos por caminar por la calle o intentar tomar sol en una plaza desierta, pero no hemos llegado todavía a descuartizar a nadie por envenenador, como parece que fue el caso de algunos cristianos en la peste antonina que cayó sobre Roma en el siglo II, durante el imperio de Marco Aurelio.

El doctor Gatica luchó cuanto pudo contra la desorganización estatal de la salud, que es presentada por los políticos como un enorme esfuerzo organizativo a favor de la población amenazada, pero más por la publicidad que por la peste. Las sospechas de que hablaba Malatesta, Gatica las sufrió dirigidas contra el médico que está en la trinchera, como las balas y los misiles no van dirigidos contra los que provocan la guerra sino contra los soldados o la población civil.

La pandemia indujo las reacciones que habitualmente provoca el miedo: huida, agresión, violencia, cesión irreflexiva de derechos a cambio de una ilusoria protección estatal.

Unas de las víctimas propiciatorias han sido los trabajadores de la salud, agredidos en sus lugares de trabajo, en la calle e incluso en sus domicilios. En ocasiones no se les ha permitido usar el transporte público o se les ha rociado con lavandina.

Sin la presión adicional de la peste, los médicos y las enfermeras están expuestos a intimidación, golpes y hasta balazos, casi siempre por parientes o visitantes de los pacientes en los hospitales.

Además de la angustia de la enfermedad, la población está alterada por la pérdida del trabajo o del negocio y la degradación o la ruina económica inminente o ya consumada.

En estas condiciones es muy difícil que la gente confíe en la ciencia, sobre todo cuando la exposición mediática de los científicos ha mostrado entre ellos diferencias que no parecían compatibles con el saber seguro que habitualmente se les atribuía como saber seguro.

No es posible disponer de información correcta cuando los medios de prensa deliberadamente favorecen algunos puntos de vista y ocultan otros, dan tiempo y espacio a ciertas opiniones y relegan otras y opinan muchas veces sin ningún conocimiento técnico.

Presionadas por los que parecen favorecer a los que tiran piedras, siempre que las dirijan contra el bando que ellos repudian, las víctimas de una propaganda inmisericorde, los que temen la "epidemia abstracta", el enemigo invisible, buscan un enemigo visible y concreto. Un estudioso mexicano considera: "Para una psique vulnerada por el pánico, los prejuicios o la desinformación, el médico, con su bata blanca, o la enfermera en uniforme, no solo simbolizan el sistema de salud y sus carencias, sino también la pandemia, su virulencia y los efectos sociales y económicos que trajo consigo. Por tanto, resultan ser los sujetos idóneos para culpabilizar, para construirlos como un otro, como peligro y enemigo".

Esta caracterización recuerda en algún punto al médico medieval vestido con una bata blanca hasta al suelo y con una máscara en la cabeza con forma de pico de pájaro, que servía para rellenarla con hierbas aromáticas y para no permitirle acercarse demasiado a los pacientes.
De la Redacción de AIM.

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