En una jornada marcada por la defensa de la educación pública, el bioingeniero Jorge Daniel Romero regresó a un aula para dar testimonio de cómo la formación universitaria pública es el motor que sostiene la salud en los rincones más inhóspitos del país. "Venir de Tierra del Fuego es venir del centro de nuestro país", señalaron a AIM en una charla que vinculó profesión, territorio y lucha presupuestaria.
Horas previas a la cuarta marcha federal universitaria por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento a las universidades públicas y en reclamó ante el desfinanciamiento al sistema científico y tecnológico nacional, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Uner), se llevó a cabo la charla “el sistema de atención de la salud de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Aportes de la Bioingeniería”, a cargo del bioingeniero Jorge Romero en el marco de la asignatura Introducción a los Sistemas de Salud de la carrera de Bioingeniería.
El clima en las facultades de ingeniería no es el habitual. Sus pasillos están llenos de carteles que denuncian el ajuste y convocan a la cuarta marcha federal. En este contexto de carencia presupuestaria, la visita del bioingeniero Jorge Romero a la unidad académica donde se formó no fue un evento académico más: fue un acto de reafirmación del rol social de los graduados de la universidad pública.
La presentación comenzó con las palabras del profesor Fernando Sassetti, quien situó la charla en la coyuntura actual: "Este martes no tendremos actividades por la tarde porque vamos a participar de la cuarta marcha federal universitaria. Estamos en una situación muy complicada y las perspectivas no son buenas", advirtió, para luego presentar a Romero con un cambio de perspectiva geográfica. Al mostrar el mapa bicontinental, el docente rompió el centralismo habitual: "Argentina es un país bicontinental y entonces podemos decir que Jorge viene del centro de nuestro país, que estaría por acá en Tierra del Fuego".
El desafío de la salud pública
Romero, quien se recibió en diciembre de 2001 -en plena crisis nacional-, relató su trayectoria de dos décadas en la provincia austral, donde fue el primer bioingeniero del sistema público. Para él, ejercer en la isla implica un análisis distinto de la realidad: "Somos aerodependientes, que es una situación que conlleva a tener un análisis distinto en muchas cosas, en la educación, en el sistema de salud, en la visión de la soberanía".
Uno de los puntos más destacados de su exposición fue el estatus legal de la profesión en Tierra del Fuego. Gracias a la gestión sindical, la bioingeniería es reconocida como una de las diez profesiones de salud con bloqueo de título (dedicación exclusiva) para fortalecer el sistema estatal.
"Esto es un logro de la cuestión sindical que en muy pocas provincias se ha logrado: que el bioingeniero sea un profesional de la salud". Según Romero, esta cercanía con la población es lo que genera arraigo en lugares inhóspitos.
En estos veinte años en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Romero fue protagonista del desarrollo de la profesión y de la organización para atender a los efectores públicos de salud de la provincia, generando colaboraciones con efectores del sector privado y con el Hospital Naval. En la actualidad la provincia cuenta con 10 ingenieros que a diario trabajan para mantener operativo los distintos servicios que se brindan a la población.
Una profesión que crece pero envejece
Durante la charla, Romero presentó datos de una investigación de 2023, que fueron presentados en un Congreso de la Sociedad Argentina de Bioingeniería, que muestra un crecimiento explosivo pero frágil. Mientras que los servicios de ingeniería clínica en Argentina fueron creciendo y desarrollándose con aportes de cursos de especialización y la creación de una comisión especial sobre Ingeniería Clínica en la Sociedad Argentina de Bioingeniería, la pirámide profesional muestra signos de alerta. "Es regresiva porque la verdad que tenemos pocos jóvenes que estén participando... en la medida que no tengamos jóvenes, esto puede llegar a desaparecer".
El expositor instó a los estudiantes a contemplar la carrera más allá de lo puramente técnico: "No son solamente las situaciones que tenemos que abordar... eso de agarrar un soldador y tratar de resolver un monitor... sino que hay otros caminos de participación".
Asimismo, describió la necesidad de abordar los problemas de manera interdisciplinaria en el ámbito sindical, para discutir con los gobiernos las políticas de salud, los recursos que garanticen una atención de calidad para las personas y los salarios que permitan una vida digna. También destacó la importancia de participar en espacios como la Sociedad Argentina de Bioingeniería, para empezar a dialogar e intercambiar experiencias y conocimientos con colegas de distintas partes del país.
"Gobernar es poblar"
En el cierre de la jornada se retomó la situación que envuelve a la universidad pública hoy. El profesor Fernando Sassetti vinculó la labor de los ingenieros y profesionales con la defensa del territorio nacional:
"Alberdi hace muchos años planteaba que gobernar era poblar... y para que haya población es necesario que haya recursos como el sanitario. Si no hay servicio de salud, si no hay educación, la gente no se radica, tampoco se queda si no hay fuentes laborales y eso también complejiza la defensa de nuestro territorio".
Con la mirada puesta en la movilización de este martes, la charla concluyó con un mensaje de compromiso: "Entendemos que hay mejores condiciones para pensar en los servicios de salud si hay profesionales comprometidos con la salud de la gente".
La jornada en la Uner dejó un mensaje claro: en el día de la marcha federal, la historia del bioingeniero Jorge Romero es una prueba más de que la universidad pública no solo forma graduados, sino que proyecta la presencia del Estado nacional hasta en el último rincón de un país bicontinental.