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Política
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La cosecha del miedo

El confinamiento trajo también el miedo.
El confinamiento trajo también el miedo.

Cuando aturdía la presencia en los medios de la pandemia declarada hace un año, la población solía reaccionar por miedo con actos defensivos a veces violentos, irracionales, incluso contra los encargados de proteger la salud.

La peste parece marchitarse ahora, al menos como objeto de propaganda masiva, y está haciendo poco a poco mutis por el foro como tempranamente previó el abogado y periodista uruguayo Hoenir Sarthou. Ya en marzo pasado, Sarthou alertó sobre los costos sociales “altísimos” que tendrían las medidas oficiales contra la pandemia. “Va a morir más gente por desatención médica que por coronavirus; nadie nos lo va a decir, pero sumemos los casos de desatención y los casos de suicidio". También pronosticó entonces que llegado cierto punto, se retiraría de los medios y dejaría de requerir la atención y producir miedo en la gente.

En la Argentina, con la desmesura que parece habitual entre nosotros, el fin no decretado de la peste tomó forma hiperbólica en el velatorio de Maradona. Quizá un millón de personas se amontonaron en las calles de Buenos Aires, copando la sede del poder Ejecutivo nacional, sin distancia social ni barbijo, pero también sin mención a que por eso hayan aumentado los contagios: al contrario, siguen bajando.

La incongruencia sanitaria oficial, que suele no dar pie con bola en nada, permitió el desborde, casi lo favoreció, pero no por eso ceja en apresar a un grupito de adolescentes que participan de un asado, por ejemplo. Contra la prohibición constitucional a las aduanas interiores, hay provincias donde no se puede entrar, o pasar de un pueblo a otro; pero están habilitados los vuelos al exterior.

Hasta el seis de diciembre, en el mundo hubo este año 54 millones de fallecimientos, contra 59 del año anterior. Los muertos atribuidos a la pandemia rondan los 40.000 en nuestro país, que es aproximadamente el mismo número de los que perecen cada año por neumonía, sin que hasta ahora no haya habido mención pública del tema ni se mencione otra causa de muerte que la pandemia.

Mientras tanto, hemos asistido a delaciones de presuntos transgresores, a prohibiciones a médicos y enfermeros a entrar en sus viviendas por temor de los vecinos al contagio, a pequeñas poblaciones atrincheradas con barricadas formadas por autos viejos cruzados en sus entradas, a gente que no puede llegar a sus viviendas a pesar de que sabe que fueron intrusadas o saqueadas, a gente que perdió de vista a sus parientes y solo sabe que murieron de coronavirus, según les dijeron en los hospitales.

Cuando la pandemia arreciaba, familiares de un paciente que murió en el hospital San Vicente de Paul de Salta atacaron a pedradas la guardia, y provocaron la reacción del médico Daniel Gatica: "Hasta aquí llegó mi salud mental, mi esfuerzo físico y espiritual no da para más".

"Estoy cansado de tener tres óbitos en una tarde o sino en una noche y saber que nunca hay cama en terapia, que estamos solos, que no hay que molestar y arreglarse con lo que hay, días y días de guardia en emergencia donde hace más de un mes el oxígeno es un lujo. Me cansé de atar con alambre, de hacer lo imposible, de seguir protocolos que sabemos que no sirven, de tener que elegir a quien dar una cama y a quien darle un tubo de oxígeno semivacío y una camilla o una silla, me cansé de salir a las 15 y volver a las 18 y salir dos días después, sin tener donde bañarse ni cambiarse".

El socialista libertario Errico Malatesta, hace un siglo advertía que ningún gobierno puede improvisar un servicio sanitario, y menos donde como entre nosotros, ha sido desatendido por décadas. Malatesta tenía en mente las pestes medievales cuando decía que los gobiernos podrían en cambio "rebajar el criterio y la reputación de los médicos existentes y hacerlos descuartizar como envenenadores cuando tratan de combatir o evitar las epidemias".

La pandemia provocó si la cesión de derechos consagrados por el artículo 14 de la constitución nacional con el pretexto de defender la salud. Un decreto de necesidad y urgencia del poder ejecutivo los eliminó el 20 de marzo sin la queja de casi nadie: todo sacrificio parecía poco en los altares de la salud, por recomendación del miedo.

La población aceptó la dicotomía de economía versus enfermedad que planteó el gobierno, que argumentaba que la economía se recupera pero la salud, no. Sin embargo, la Argentina terminó siendo el país con cuarentena para sanos más larga, el que tiene uno de los índices de enfermos y muertos más altos del mundo en relación con su población y del otro lado ha sufrido un deterioro económico importante que agravó el que ya existía.

Para una mente afectada por el miedo, los prejuicios o la desinformación, el médico o la enfermera no solo simbolizan el sistema de salud y sus carencias, sino también representan por proximidad la pandemia, su virulencia y los efectos sociales y económicos que trajo consigo.

Esta caracterización recuerda en algún punto al médico medieval vestido con una bata blanca hasta al suelo y con una máscara en la cabeza con forma de pico de pájaro, que servía para rellenar con hierbas aromáticas y para no permitirle acercarse demasiado a los pacientes.
Autor: Fortunato Calderón.
De la Redacción de AIM.

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