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Política
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Lo extraordinario fue que volvió a ser normal

Después de años de convivir con la incertidumbre de un servicio que fallaba, el transporte público de Paraná acumula 208 días consecutivos sin interrupciones y elevó su cumplimiento de recorridos del 78,59% al 99,01%. En esta columna, la presidenta del bloque de Más para Entre Ríos en el Concejo Deliberante de Paraná, Luisina Minni, sostiene que la verdadera transformación no se mide sólo en números, sino en la confianza recuperada de miles de vecinos que hoy vuelven a organizar su vida cotidiana sabiendo que el colectivo va a pasar.

¿Qué cambió en la vida de quien toma el colectivo en Paraná?
La respuesta parece sencilla, pero dice mucho más que cualquier indicador: cambió la posibilidad de salir de casa con la tranquilidad de que el colectivo va a pasar. Cambió la confianza de llegar a horario al trabajo, a la escuela, a la universidad o a un turno médico. Cambió algo que durante demasiado tiempo habíamos dejado de creer posible: que un servicio público pudiera volver a ser confiable.

¿Cuándo fue la última vez que pensaste si el colectivo iba a pasar?
Probablemente hace tiempo. Y aunque parezca una pregunta simple, la respuesta dice mucho sobre la ciudad que estamos construyendo. Durante años, en Paraná, tomar un colectivo era convivir con la incertidumbre: salir antes “por las dudas”, pensar un plan alternativo o avisar que uno podía llegar tarde. Nos habíamos acostumbrado tanto a que el sistema funcionara mal que terminamos creyendo que era normal. Pero no lo era. Por eso el dato más importante de estos meses no es únicamente que el transporte acumule 208 días consecutivos de servicio sin interrupciones, ni que el cumplimiento de los recorridos haya pasado del 78,59% al 99,01%. Lo verdaderamente relevante es que miles de vecinos volvieron a organizar su día con una certeza que parecía perdida: el colectivo va a pasar.

Y esto ocurrió en el momento menos sencillo: mientras el transporte del interior perdió el acompañamiento del Estado nacional y sostener el sistema se volvió más difícil, Paraná eligió no resignarse. Eligió hacerse cargo con una nueva licitación, más controles, tecnología de monitoreo y, sobre todo, con la decisión de escuchar a quienes usan el colectivo todos los días para rediseñar recorridos.

Porque el transporte nunca es solamente transporte. Es la posibilidad de llegar al trabajo, a la escuela, a la universidad, a un turno médico o de sostener la actividad de un comercio.

Cuando un colectivo cumple su recorrido, no sólo mejora un servicio: mejora la organización de nuestra vida cotidiana y fortalece la confianza en lo público.

Claro que todavía quedan cosas por hacer. Los vecinos hoy exigen más, y esa exigencia es el mejor motor para seguir mejorando. Ningún cambio profundo ocurre de un día para otro.

La diferencia entre convivir con un problema y empezar a resolverlo se construye todos los días, con planificación, seguimiento y decisión política.

Las ciudades no cambian únicamente cuando inauguran una gran obra. También cambian cuando recuperan la confianza en aquello que usan todos los días. Y quizás ese sea el cambio más importante que hoy empieza a recorrer las calles de Paraná: que lo extraordinario haya sido, simplemente, volver a hacer normal algo tan cotidiano como esperar el colectivo con la tranquilidad de saber que va a llegar.

Coilectivo paraná minni

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