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Política
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Malvinas sí, proceso no

Las fechas “24 de marzo” y “2 de abril” tienen una cercanía que no siempre es cabalmente dimensionada. La primera refiere a la de inicio de la infamia allá por 1976 cuando una junta militar tomó el poder en la República Argentina de manera planificadamente violenta, de facto. En tanto, la segunda fecha refiere a 1982 cuando se inicióel capítulo final de aquella dictadura cuyo ADN está compuesto por terrorismo de Estado, apropiación de niños, robo y sustitución de identidad, secuestro, tortura y desaparición forzada de personas y el plan de perpetuarse en el poder si la recuperación de las islas salía según sus planes, equivocados. Por Valentín Ibarra, para AIM.   

Foto: ilustración.
Foto: ilustración.

En el presente artículo buscaremos algunas claves sobre la gesta de Malvinas en el Informe Rattembach y sus durísimas conclusiones que ponen en evidencia que el conflicto bélico, fue el capítulo final de una maquinaria sangrienta, en este caso además dotado de la irresponsabilidad de los altos mandos militares e impericia para su fin específico.

¿Qué es el infirme Rattembach?

El Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur es conocido como Rattembach, cuyo análisis buscó establecer las responsabilidades políticas, militares y estratégicas de la Guerra de Malvinas, desclasificado en 2012 por Decreto de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ya que originalmente y hasta esa fecha el informe tuvo carácter de secreto militar.

El 2 de diciembre de 1982, apenas unos meses pasados desde la rendición argentina, el duro y voluminoso documento de diecisiete tomos desataca su necesidad y existencia por “la trascendencia del conflicto bélico vivido recientemente en el Atlántico Sur, como los elevados intereses de la nación comprometidos, imponen la necesidad de que sea analizada y evaluada la conducción política y estratégico militar del mismo”; en este sentido se creó una Comisión integrada por seis oficiales con el grado de General o equivalentes, dos por cada Fuerza Armada.

En su primera línea, el documento resalta el carácter sorpresivo con que la población argentina y el mundo se enteraron del desembarco de tropas en las islas Malvinas izando la bandera celeste y blanca por primera vez en más de ciento cincuenta años, como un claro gesto de reafirmación de los derechos soberanos y contra la usurpación de Gran Bretaña pero “para resultar victoriosos en una confrontación internacional, no solo vale tener derechos sino que también hace falta tener poder, buena conducción, organización y fuerzas bien adiestradas, equipadas y aprovisionadas. La fuerza empleada equivocada e inoportunamente, no es el medio idóneo para hacer valer los derechos frente al adversario y ante toda la comunidad internacional” apura en sus primeras páginas el informe de referencia. Si los altos mandos, continúa, no apreciaron correctamente las posibilidades ni previeron las consecuencias que de ello se desprende, de muy poco sirvió el entusiasmo nacional y el sacrificio de cientos de hombres y mujeres que yacen en las islas y en el fondo del mar; en consecuencia la Justicia deberá aplicarse con el rigor que corresponda por la negligencia o impericia tanto en lo político como en lo militar, y a partir de allí el análisis minucioso dejó en evidencia que la conducción militar fue torpe llevando a la muerte especialmente a los conscriptos de las clases ´62 y ´63.

 

Planificación y ejecución erróneas

El 25 de enero de 1982 se realizó una reunión de la Junta Militar de la que no existen actas, lo que le confiere un carácter ilegal más que secreto y en la que teniendo en cuenta el estado adverso de los reclamos internacionales más: la rigidez de Gran Bretaña, la creciente influencia del elemento kelper en las islas (sic) y la presión del parlamento británico para movilizar tropas a la región se resolvió emprender una acción diplomática agresiva y al mismo tiempo la creación de una hipótesis de guerra.

Se creó una comisión de trabajo que desarrollaría esta hipótesis para el corto plazo cuya orden fue mantener los preparativos en el máximo secreto, lo que para los analistasevidencia el primer error, ya que los oficiales a cargo no pudieron realizar las consultas necesarias a otros organismos de importancia como por ejemplo: el Servicio Meteorológico Nacional, el de Abastecimiento y Logística, los de Exploración y Reconocimiento, ni desarrollar un esquema ofensivo y defensivo coordinado entre las tres armas (Ejército, Fuerza Aérea y Marina).

El informe preliminar de la comisión de trabajo sugería un desembarco no anterior al 09 de julio pero finalmente el 26 de marzo se resolvió ejecutar la operación para el 01 de abril. Estos hechos, produjeron la superposición en la planificación de los distintos niveles (estratégico, operativo y táctico), además como señalamos antes, el criterio de mantener en estricto secreto y un adelantamiento de la operación de aproximadamente 45 días, afectaron su desarrollo en los siguientes aspectos: 1) no permitió a la mayor parte de los niveles de conducción tomar conocimiento oportuno lo que se tradujo en: fallas de coordinación entre los comandos, falta de preparación del personal y equipamiento, falta de información sobre el enemigo y de la estimación de sus capacidades. 2) falta de tiempo para adiestramiento específico y 3) deficiencias de orden logístico, técnico, de comunicaciones y de inteligencia.

Y aunque parezca mentira: con respecto a la defensa inicial de la zona recuperada no existió planificación alguna ya que no estaba contemplada una reacción bélica británica.

 

Nula Factibilidad

La estimación de las fuerzas británicas y su reacción ante la ocupación argentina estuvo subestimada y eso fue un punto crucial para el desenlace del conflicto. La misión en el corto, mediano y largo plazo sostenía que las FFAA conquistarían, consolidarían y asegurarían el objetivo imponiendo a Gran Bretaña una solución definitiva y otorgaría el pleno reconocimiento de soberanía en las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich            del Sur para nuestro país; es necesario recordar que en ese momento todavía estaba vigente una “hipótesis” de conflicto con Chile, abierto desde 1978 lo que desdoblaba las precarias fuerzas en dos frentes en paralelo.

Las características del Teatro de Operaciones (definición que en la jerga militar delimita los territorios y alcance del conflicto bélico) por otra parte, tampoco resultaban propicias para la fuerza aérea argentina, “habiéndose escogido el peor período del año” ya que las condiciones meteorológicas eran totalmente adversas y             la luz diurna se encontraban en su mínimo potencial. Estas condiciones climáticas y del terreno afectaron también a las fuerzas terrestres propias más que a las del enemigo que en todo momento estuvo mejor equipado y adiestrado.

Por otro parte, al conocerse que el enemigo enviaba el grueso de su flota y que era apoyado por Estados Unidos, la Otan y el Mercado Común Europeo debieron actualizarse las estimaciones iniciales (sobre la marcha misma de la operación), el informe Rattembach señaló categóricamente: “por lo expuesto, el análisis de factibilidad resulta no factible”.

Todas las dudas quedan planteadas, a todas las respuestas las sospechamos.

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