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Paraná gritó a viva voz: "Ni Una Menos"

La concentración fue en plaza 1° de Mayo.
La concentración fue en plaza 1° de Mayo. Crédito: Violeta Meyer

11 años después del primer grito colectivo que sacudió a la Argentina: Ni Una Menos, las calles de Paraná se llenaron del mismo pedido. Cánticos, carteles y la lectura de un documento enfatizaron el hartazgo por las violencias machista que atraviesan a las mujeres, disidencias y niñeces y que tienen su punto más cruento en los femicidios, registró AIM.

“Volvemos a movilizarnos después de 11 años del primer Ni Una Menos, en donde expresamos de manera espontánea un hartazgo generalizado que teníamos las mujeres y las disidencias de la violencia machista y patriarcal, y particularmente de la expresión más brutal que tiene esta violencia que son los femicidios”, expresó Nadia Burgos, dirigente del Movimiento Socialista de los Trabajadores a esta Agencia.

“Hoy el documento, los cánticos, los carteles expresaron con contundencia que para nosotras la justicia real es que no exista el Ni Una Menos, una transformación social profunda, que permita que no se siga reproduciendo la violencia machista y patriarcal. Vivimos semanas de mucho dolor con los femicidios de Agostina, Dulce, Noelia, el travesticidio de Cecilia acá en la provincia, con la agresión colectiva que sufrió una joven de 19 años en Feliciano, que muestran que incluso gracias a las leyes que hemos conquistado no alcanzan para poder dar respuesta a esta problemática que es de una verdadera emergencia”.

Burgos puntualizó: “Las leyes que habíamos conquistado con esta lucha no se aplicaban al 100 por ciento, pero en estos dos años y medio de Milei hay un desmantelamiento de esas políticas pública que surge de un negacionismo de género que el Presidente tiene, y además de una actitud que reproduce el discurso de odio sobre las mujeres y las disidencias, que son la parte de arriba de la pirámide que después se manifiesta hacia la sociedad con una violencia tremenda hacia nosotras. Recortan la ESI, las políticas públicas, la Justicia demora muchísimo en tomar las denuncias y no actúan a tiempo”.

“Vamos a seguir organizándonos, luchando, exigiendo la emergencia en violencia de género, presupuesto real, políticas efectivas para erradicar, prevenir y sancionar la violencia de género, y que en términos sociales podamos avanzar en una discusión mucho más profunda porque el patriarcado en el sistema capitalista es un modo de relación que reproduce esa violencia y asimetría de poder que profundiza las desigualdades. Los Gobiernos provinciales, municipales también lo reflejan, el ejemplo más paradigmático es la reforma laboral de Frigerio, uno de los puntos es eliminar la diferencia en la edad de jubilación alegando que eso es igualdad. Las mujeres tenemos una doble carga laboral con las tareas domésticas y de cuidado, que no son reconocidas, remuneradas, socializadas”.

“11 años después de este grito colectivo que sacudió a la Argentina, el Ni Una Menos, dejó una marca indeleble en la cultura, en las instituciones y en las conversaciones cotidianas. Hoy sabemos nombrar violencias que ante permanecían ocultas; sin embargo, los femicidios continúan, las desigualdades persisten y las políticas de protección atraviesan momentos de incertidumbre”, expresó Lorena Díaz, terapeuta en sexualidad integral y vínculos, a esta Agencia.

“El balance muestra una sociedad más consciente, pero todavía lejos de garantizar que todas las mujeres puedan vivir libres de violencias, porque si algo nos enseñó el Ni Una Menos es que la transformación cultural es imprescindible, pero no alcanza sin justicia, sin recursos y sin decisión política”.

“El Ni Una Menos cambió para siempre la manera de nombrar la violencia, pero todavía no logró que deje de ocurrir. 11 años después, el grito sigue siendo necesario, porque hubo conquistas, pero también heridas que quedan abiertas”, señaló Díaz.

“La revolución más profunda fue cultural, aprendimos a ver lo que antes permanecía oculto. El desafío sigue siendo transformar esa consciencia en vidas protegidas. Ni Una Menos no fue un punto de llegada; fue una puerta para preguntarnos una y otra vez qué sociedad estamos construyendo”.

Tatiana Richardet, militante feminista y licenciada especialista en género, remarcó: “Se cumplen 11 años del primer grito colectivo. Es importante que podamos reconocer que hubo avances enormes, muy contundentes. El movimiento feminista logró que la violencia de género dejara de ser considerada un problema privado, particular, para convertirse en una discusión pública, política y social. Desde los movimientos feministas hemos logrado visibilizar desigualdad que durante décadas estuvieron naturalizadas, invisibilizadas; también pudimos construir muchísimas herramientas institucionales; logramos instalar debates incómodos y generamos muchas transformaciones culturales que hace 11 años parecían bastante imposibles”.

“También estamos atravesadas hoy por retrocesos muy preocupantes; no solamente en términos de desmantelamientos producto de políticas públicas o el vaciamiento de los programas específicos en términos de violencia por razones de género, sino que también estamos viviendo un momento de avance de discursos de odio, de antifeminismo de Estado y de negacionismo de las violencias de género y de las desigualdades estructurales de género”, agregó Richardet.

“Cuando el propio Javier Milei ejerce violencia simbólica de manera permanente, incitando a la violencia y él mismo ejerciendo discursos de odio cuando ataca mujeres, disidencias, personas con discapacidad, periodistas, no estamos frente a hechos aislados sino a discursos de odio emanados de las más altas esferas del poder que bajan a la sociedad, circulan, se reproducen y terminan habilitando más violencia. Esto es algo que las feministas venimos diciendo incluso desde antes del Ni Una Menos: a mayor violencia simbólica mayor violencia extrema y real”.

Richardet advirtió: “La violencia no empieza con un golpe, con la violencia física o el femicidio, sino que tiene un recorrido de discursos, humillaciones, desprecio, desigualdad, deshumanización que construyen las condiciones para que las violencias más extremas sucedan”.

“Uno de los principales retrocesos de este momento tiene que ver con la disputa de sentidos. Las leyes que logramos conquistar como derechos siguen existiendo, no lograron derogarlas, sin embargo, sí están instalando un sentido en torno a que dicen que la categoría femicidio no debería existir. No pudieron derogar nuestras leyes, pero sí hay una disputa permanente por vaciarlas de sentido y por quitarle legitimidad social para convencernos que las desigualdades ya no existen, que el feminismo no hace falta, que las mujeres exageran y que las infancias mienten cuando van a denunciar. Esta instalación sobre la víctima lo vemos con el proyecto de falsas denuncias”.

“No hay falsas denuncias; el problema es la falta de condiciones para denunciar. Lo vemos en Entre Ríos cuando desde la Asamblea Feminista nos comunicamos con el Superior Tribunal de Justicia y el propio Poder Judicial de la Provincia nos informa que no existen casos estadísticamente contundentes de falsas denuncias vinculadas a la violencia de género. Esos discursos siguen circulando si bien los datos son reales, no lograron derogar nuestras leyes convertidas en derechos sí instalaron el debate, la disputa de sentido y no buscan resolver un problema real, sino deslegitimar a las víctimas, debilitar las herramientas que construimos durante años de lucha colectiva”.

Richardet consideró: “A 11 años del primer Ni Una Menos la discusión sigue siendo profundamente actual, porque lamentablemente hasta la fecha hay más de 3 mil femicidios, lesbicidios, travesticidios, transfemicidios y violencias extremas: 3205 casos letales de violencias extremas, seguimos viendo cómo la violencia machista se cobra vidas, cómo se intenta negar, banalizar o ridiculizar las violencias”.

“Las feministas nos seguimos organizando, disputamos sentidos, defendemos derechos y recordamos que la falta de políticas públicas también mata, porque los femicidas son los responsables directos de las violencias; pero cuando el Estado desmantela políticas, recorta herramientas de prevención, o el mismo Estado es el que habilita y ejerce los discursos de odio desde los lugares de poder también genera condiciones para que las violencias se reproduzcan”.

“Tomamos las palabras de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo: ni un paso atrás, no pensamos retroceder en los derechos que hemos conquistado. Todavía estamos muy lejos de una sociedad donde las mujeres, las disidencias y las niñeces podamos vivir libres de violencia”, indicó Richardet.

Luciana Basso, licenciada en comunicación social y doctora en estudios de género afirmó: “Hay algunos avances conseguidos en términos de cierta instalación de la agenda, ahí es lícito pensar cómo el movimiento feminista logra colocar a la violencia de género en el debate público; también la aprobación de leyes fundamentales como la Ley Micaela de formación en perspectiva de género, obligatoria y permanente para todas las personas que se desempeñan en el Estado argentino es muy importante; también esa instalación de agenda promueve cierta presión en torno al Congreso, las movilizaciones de alguna manera le dicen a nuestros legisladores y legisladoras estamos atentas, en las calles y necesitamos que escuchen y atiendan estos reclamos”.

Además, “se ha avanzado en relación a la cantidad de marchas que se replican en todo el país”.

Basso analizó: “Nos falta muchísimo. La cantidad de femicidios en la Argentina sigue creciendo, tenemos uno cada 31 horas. No se ha aprobado la emergencia en violencia de género que se viene pidiendo desde el 2015. Tener emergencia en violencia de género tiene que ver con tener presupuesto para poder ocuparse de la problemática, tener funcionando programas de prevención y de atención en violencia”.

“Es muy grande el problema en relación a los recortes de las políticas públicas. Como participantes de las organizaciones sabemos que se han recortado programas que son centrales para prevenir como el Enia, el desguace de la línea 144, el desguace de los espacios de atención en violencia estatales. La Justicia también tiene cuestiones para mirar como Poder en la Argentina porque el atravesamiento de la perspectiva de género sigue siendo una deuda, lo vimos clarito en el caso de Agostina Vega cuando el fiscal Garzón de Córdoba habló en una conferencia de prensa. Sigue haciendo falta la perspectiva de género en la Justicia. También necesitamos avanzar en la protección estatal y poder visibilizar que no son solo mujeres las que mueren, hay que mirar la interseccionalidad que la violencia produce”.

“Son muchas las deudas que todavía nos quedan, se hace cada vez más difícil para las mujeres pobres y de barrios populares acceder a un piso mínimo de respeto por los derechos humanos. Por eso salimos a gritar otra vez Ni Una Menos en la Argentina”.

Fuente: De la Redacción de AIM
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