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Agroindustria
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Biocombustibles de termitas

Comer madera no parece sabroso, aunque tampoco grillos ni cucarachas, alternativas que algunos científicos estudian en serio ante la perspectiva de que la alimentación prevaleciente por lo menos en algunos ámbitos: la tallarinada, el churrasco, la paella, terminen por ser cosa del pasado.

Ya lo va siendo el asado entre nosotros. De cómo algunas costumbres quedaron atrás nos avisa un dato de los tiempos de la revolución de Mayo. Los presos de entonces elevaron una queja a las autoridades porque solo comían carne, nada más que asado. ¡Qué tiempos aquellos! Es claro que la carne de entonces no tenía la calidad de la actual, pero por lo visto tampoco el precio, y nunca es cómodo estar preso; pero sirve para apreciar el cambio.

La celulosa es el sostén de las plantas; la sustancia de su base estructural; es el 50 por ciento de la madera. Está constituida por polisacáridos, es decir moléculas grandes formadas por composición de monosacáridos, los populares azúcares.

El almidón, que es la mitad del peso de las papas, está formado por cadenas de polisacáridos, que el aparato digestivo puede convertir en sus constituyentes básicos, glucosa; pero no puede hacer lo mismo con los polisacáridos más grandes de la celulosa, constituidos por hasta 2000 monosacáridos. Por eso la celulosa es indigerible.
Indigerible para nosotros y para casi todos los animales con una excepción: las termitas, superficialmente parecidas a las hormigas, pero bastante diferentes para los zoólogos.

La capacidad de las termitas para degradar la celulosa es un problema para las construcciones. Las viviendas hechas de madera son frescas, livianas, cálidas, de buen precio, pero las termitas son capaces de comerlas por dentro y dejarlas convertidas en una cáscara.

Sin embargo, esta capacidad única puede ser aprovechada para producir biocombustibles a partir de la madera, que si bien es una fuente de energía considerable, ya no sería útil solamente para las estufas a leña o las cocinas sino en la industria.

Mike Scharf, experto en fisiología molecular y entomología de la universidad de Purdue, Estados Unidos, descubrió con sus colegas un cóctel de enzimas en el intestino de las termitas que permiten al insecto digerir plantas leñosas.

Scharf admitió que durante mucho tiempo no se tomó en consideración al sistema digestivo de las terminas como fuente de enzimas para producir biocombustibles. Las enzimas son catalizadores que aceleran la reacción química de degradación de la celulosa hasta convertirla en sacáridos.

Las enzimas que producen las termitas pueden producir glucosa o pentosa; otras descomponen la lignina, que es el compuesto rígido que da firmeza a las paredes de las células vegetales.

La lignina ha dificultado convertir en azúcares las sustancias de las plantas leñosas, pero no es un secreto para las termitas desde tiempos inmemoriales. En Africa se han descubierto termiteros fósiles que datan de 30 millones de años; es decir, ya entonces y quizá mucho antes, las termitas se daban banquetes de madera sin saber nada de por las dificultades que los humanos tendrían algunos millones de años más tarde

Los azúcares que producen las termitas para alimentarse se pueden fermentar para producir alcohol, que tiene utilidad como combustible.

Las enzimas presentes en el tracto intestinal de las termitas son biorreactores en miniatura capaces de fragmentar los polímeros de la celulosa en azúcares que son el alimento de las termitas. Un poco tarde, hemos caído en la cuenta de que esta capacidad permitiría convertir los desechos de madera y otros residuos de la agricultura en biocombustibles.

Los estudios determinaron que existen al menos 80.000 genes de 250 especies de microorganismos distintos que viven en el intestino de las termitas y que pueden degradar la madera. Las enzimas que fabrican esos genes permiten que la celulosa se fragmente en trozos pequeños hasta llegar a las moléculas que sirven de alimento a las termitas.

Resta descubrir los mecanismos que usan esos organismos para romper los polímeros de la celulosa.

Hay dos especies de termitas en el NEA, la región del noreste argentino a la que pertenece Entre Ríos, pueden degradar celulosa para la generación de biocombustible.
La obtención de enzimas con capacidad de descomponer las moléculas de celulosa sería fundamental para obtener biocombustibles porque reemplazarían a las sustancias de mucho valor que se usan actualmente con ese fin por otras muchos más baratas

Como la energía fósil es limitada y muy objetada actualmente, los biocombustibles obtenidos de materias primas que no se usan como alimentos, tal el caso de la madera, daría una respuesta a la demanda energética.

La Argentina produce hoy biocombustibles de primera generación, a partir de aceites de soja, colza y otros, usados en la alimentación; pero es posible que en el futuro próximo se desarrollen los de segunda, a partir de desechos de madera.
De la Redacción de AIM.

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