El capítulo cuarto del libro de Chuang Tse, redactado hace más de dos milenios, "Fuera y sobre el mundo", contiene una historia ejemplar que ha sido repetida muchísimas veces: la de un árbol que por no tener ninguna utilidad creció mucho más que cualquier otro y fue venerado por multitudes. "La gente venía en masa a verlo y creaba en su derredor una atmósfera de fiesta".
Un carpintero pasó de viaje junto a él con su ayudante sin siquiera mirarlo. El joven observó esa conducta, que le pareció extraña. "Ese árbol no sirve para nada", le explicó el carpintero."Si haces un barco con su tronco, se hundirá; si haces un ataúd, se romperá al poco tiempo; si intentas fabricar un mueble, se hará añicos. Trata de construir una puerta y rezumará savia; intenta hacer un pilar y lo comerán las orugas. Esa madera no tiene utilidad ni sirve para nada, por eso ha durado tanto tiempo".
Cuando el maestro carpintero regresaba de su viaje, el árbol se le apareció en sueños: "¿Con qué quieres compararme? ¿Con árboles frutales? ¿Con árboles como el espino, como el peral, el naranjo o el limonero, con un calabacín o con cualquier otra clase de árbol frutal? Cuando sus frutos maduran sus ramas son golpeadas con varas y el árbol sufre. Las ramas más grandes quedan dañadas y las pequeñas, rotas. Debido a que son árboles útiles, sufren y no pueden vivir los años que el Cielo les ha concedido. Su propia utilidad causa la destrucción que les ocasiona la gente. Lo mismo sucede con todas las cosas. Me he pasado muchos años tratando de ser inútil, aunque en un par de ocasiones estuve a punto de ser destruido. No obstante, ahora he perfeccionado el arte de la inutilidad, que me resulta muy útil. Si fuera de utilidad, ¿hubiera podido crecer tanto? Tú y yo somos dos cosas ¿Cómo puede una cosa establecer esas afirmaciones sobre otra? ¿Cómo puedes tú, hombre inútil que está al borde de la muerte, saber algo de un árbol inútil?
El carpintero le contó el sueño a su aprendiz, que le preguntó porqué, si el árbol quiere ser inútil, se le utiliza como santuario.
El carpintero le respondió: "A este árbol, por estar aquí, se le convirtió en un altar. De ese modo se protege del daño que le pudieran causar los que no se dan cuenta de que es inútil, ya que si no fuera altar correría el riesgo de ser abatido"
(De paso, con sutil humor, el apólogo ilustra sobre el origen de los altares, sobre la finalidad de sus creadores y sobre la utilidad que rinden).
Más adelante, la misma historia narra el encuentro de Confucio con un loco que recorría los caminos, y de paso le reprochó al maestro su tendencia a enseñar a los hombres cómo deberían comportarse, "moral" diríamos hoy.
"¡Confucio! Deja ya de tratar de enseñarle virtud a la gente...En una época como esta, seremos felices si logramos escapar al castigo. La felicidad es tan ligera como una pluma, pero ¿quién es capaz de asirla?. La desgracia es más pesada que la misma tierra, pero ¿quién puede escapar de ella? Deja ya de querer enseñar la virtud a la gente.(...) Los árboles salvajes son causa de su propia destrucción. El gordo se arroja al fuego. El cinamomo es comestible y por eso es talado. El árbol de la resina resulta útil y por eso se corta. Todo el mundo conoce la utilidad de lo útil, pero nadie conoce la utilidad de lo inútil".
A la luz cordial de este relato sabio, que implica una lección tan evidente que casi no podemos percibir, consideremos la utilidad tal como circula entre nosotros hoy en día, convertida en teoría económica académica, en una época en que difícilmente podamos escapar al castigo, por reacción natural a nuestras acciones.