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Salud y Bienestar
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Crisis climática y tóxica: Estrategias para minimizar el impacto sobre la salud 

Es sabido que el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (que aumentan las concentraciones de dióxido de carbono), el aumento de la temperatura y el derretimiento de los glaciares producen desastres naturales como sequías e inundaciones.. Por las médicas especialistas en Medicina General y Familiar Estefania Peltzer y Melina Ferri.


Esto impacta en el aspecto sanitario provocando muertes y enfermedades relacionadas con el calor, pérdidas y lesiones de personas por tormentas e inundaciones, incrementando la incidencia de enfermedades transmisibles por vectores y también por el agua, generando el empeoramiento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias por la contaminación del aire.

Todos estos efectos del cambio climático producen: aumento del número de muertes provocadas por olas de calor, inundaciones, incendios y sequias, modifican la distribución de algunos vectores de enfermedades infecciosas, y cambian la estacionalidad de algunos pólenes alergénicos.

Por ello, a salud en definitiva se ve afectada por los siguientes fenómenos:

· Directos: olas de calor más duraderas lo cual lleva a una mayor mortalidad. Agravamiento de enfermedades respiratorias y circulatorias, y muertes relacionadas a desastres naturales

· Indirectos: agravamiento del asma y enfermedades alérgicas. Mayor mortalidad cardiopulmonar por mayor toxicidad atmosférica, y enfermedades transmitidas por alimentos, agua y vectores.

Todos podemos contribuir a limitar el cambio climático, por ejemplo, eligiendo el desplazamiento, qué alimentos se ingieren y compra, y qué electricidad se utiliza.

Cabe recordar que la pérdida de la biodiversidad favorece la transmisión de patógenos que son los principales causantes de enfermedades como alergias, cólera, diarrea, desnutrición, asma y enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

De qué se trata la crisis climática y crisis toxica global
¿Es posible que estos dos fenómenos estén conectados? He aquí la respuesta a este interrogante: ambos se encuentran íntimamente relacionadas por la presencia de una sustancia globalmente difundida, el petróleo.

Cada año se liberan en la atmósfera millones de toneladas de CO2 como resultado de la producción de carbón, petróleo y gas. La actividad humana está produciendo emisiones de gases de efecto invernadero a niveles récord históricos, sin vistas de desaceleración.

Como consecuencia, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), se está al menos un grado centígrado por encima de los niveles preindustriales, lo que implica consecuencias muy graves para el planeta tierra. Los polos planetarios y glaciares se están derritiendo aceleradamente, lo que implica un aumento de los niveles del mar.

A su vez el calentamiento global pone en riesgo alimentario e hídrico al mundo entero, limitando la disponibilidad y calidad de alimentos y del agua.

Ningún continente está a salvo de las devastadoras consecuencias del cambio climático, olas de calor, sequias e inundaciones, peligrosas tormentas, tifones y huracanes, entre otros.

Se estima que, si no se reducen drásticamente las emisiones, en el año 2060 el aumento de la temperatura del planeta será de dos grados más.

Es imprescindible pensar en las futuras generaciones hijos, nietos, y el mundo que ha de quedar para ellos.

Se está a tiempo de revertir esta situación si se toman medidas gubernamentales e individuales que impliquen el uso de energías renovables, protección de ecosistemas y reducción de la huella de carbono.

Es crucial preguntarse si, desde este pequeño lugar en el mundo, se puede aportar algo para detener o cambiar esta situación. La respuesta es, sin dudas ¡sí!

Entre las simples acciones que se pueden realizar día a día se encuentran:

· Producir alimentos propios, reciclar y reutilizar, evitar el sobreconsumo de ropa y productos de electrónica.

· Evitar el uso de plásticos y preferir los envases reciclables, optar por medios de transporte sin combustible, reducir el consumo de carnes y aplicar el uso racional del agua, son algunas de las formas de aportar un granito de arena. Aunque parezca una gota en el mar, estas pequeñas acciones son de gran valor.

Desde ya hace tiempo, todas las personas a lo largo del mundo se ven afectadas por el fenómeno de exposición a tóxicos medioambientales. Los combustibles, sustancias contaminantes y plásticos son vertidos a ríos y mares, contaminando no solo el agua que se consume a diario, sino también los alimentos. A esto, se suma la utilización indiscriminada de agroquímicos y pesticidas que son ingeridos en las comidas, a veces sin tener registro de ello.

Existen dos tipos de intoxicación: puede ser aguda, responsable de cuadros graves, incluso mortales y con requerimiento de internación. O intoxicación crónica, que va produciendo daños graduales, casi imperceptibles, generalmente sin dar síntomas, pero responsables de consecuencias desbastadoras para los sistemas y la fisiología celular y responsables de graves enfermedades. Esta última es la forma más frecuente y peligrosa de exposición a la que se ve afectado el ser humano.

Entre las afecciones más comunes de salud que pueden relacionarse estas sustancias se encuentran:

· Disrupción endocrina
· Alteraciones del crecimiento y desarrollo
· Alergias respiratorias, en piel, digestivas (incluso celiaquía)
· Alteraciones reproductivas
· Cáncer
· Fibromialgia síndrome de fatiga crónica
· Enfermedades neurológicas y autoinmunes

Ahora bien, estas son algunas de las fuentes más importantes a las que el hombre se ve hoy en riesgo de contacto y toxicidad:

· Radiación y ondas electromagnéticas: esas son capaces de atravesar tejidos e inducir cambios a nivel celular, sus efectos son dosis dependiente. Las principales fuentes de estas ondas son los teléfonos celulares, PC, elementos electrónicos, Wifi, antenas y microondas. Se debe prestar especial atención en los niños, ya que son mas susceptibles a sufrir daños por estas. Aunque no existen estudios a largo plazo, se ha encontrado la asociación de estas a el aumento de predisposición a diferentes tipos de cáncer

· COPS (Contaminantes Persistentes en el Medio): corresponde a sustancias químicas lipofilicas, es decir, que poseen la capacidad de alojarse en las células grasas (adipocitos), adhiriéndose a las membranas lipídicas. Entre las más importantes se encuentran los químicos industriales (PVC y HCB, Dibezodioxnas, Dibenzofuranos), pesticidas (como el glifosato, Aldrin, Deldrina, Heptacloro, DDT, etc), PFOS u organoclorados (presentes en antihaderentes, ropa, etc), plásticos (como el BPA o bisfenol A, etc), estos últimos formando parte de botellas, biberones, juguetes, incubadoras, implementos de odontología, tickets de compra, entre miles de otros más.

La liberación de microplásticos se ve favorecida por la exposición al calor, por lo cual es de vital importancia evitar el uso de estos en contacto con sustancias calientes. Por otra parte, es posible encontrar plásticos en forma de Ftalato y Parabenos fundamentalmente en productos de higiene, cosmética y perfumes (shampoo, jabones, cremas, protectores solares, labiales maquillajes, etc). La industria textil es responsable de la presencia de miles de microplásticos siendo parte de todo tipo de prenda y calzado.

· Metales pesados: aluminio, plomo, mercurio, arsénico, entre otros. Pueden encontrarse presentes en piercing, tatuajes, dispositivos médicos, prótesis, amalgamas, cañerías. Y la exposición no se reduce solo el contacto con estos, si no que están presentes en la tierra y fundamentalmente en el agua de consumo. Los mares y ríos se ven repletos de microplásticos y metales pesados, que contaminan y destruyen la biodiversidad de especies y contaminando gravemente el agua.

Ahora que se cuenta con esta valiosa información es importante saber que existen maneras de minimizar los riesgos y exposición a dichas microondas y sustancias.

Las pequeñas acciones pueden marcar la diferencia.
A continuación, se detallan algunas pequeñas acciones que se pueden realizar para contribuir con el planeta y la salud:

· Utilizar menos energía reduciendo el uso de la calefacción y el aire acondicionado, cambiando los focos por bombillas LED.

· En vez de vehículos, utilizar bicicleta y así se podrá disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, además de estar contribuyendo a la salud al realizar actividad física.

· Comer más frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y semillas, porque la producción de alimentos de origen vegetal genera menor emisión de gases y requiere de menos energía.

· Tirar menos comida, porque al hacerlo se desperdician los recursos que se usaron para cultivarla, producirla envasarla y transportarla. Además, cuando se pudren producen gas metano que es un potente gas con efecto invernadero. Es mejor utilizar esos deshechos como abono.

· Reciclar.

· Llevar a cabo una alimentación sana y equilibrada que favorecerán las fases de detoxificacion hepática para liberarse de estos.

· Producir los propios alimentos o preferir los de origen agroecológico u orgánico.

· Utilizar cosmética y productos de limpieza de tipo natural, evitar al máximo el uso de elementos plásticos, envases (preferir los de vidrio).

· Minimizar el sobreconsumo de ropa, evitar el consumo de productos envasados.

· Evitar la exposición prolongada a ondas electromagnéticas (evitando el uso de microondas, alejando el celular de la superficie caporal y apagando ondas de wifi principalmente a la hora de dormir).
NdR: Artículo publicado en el Material Educativo de Icarus Centro de Salud & Longevidad correspondiente a marzo de 2023, y cedido para su publicación en AIM.

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